Jetzabé Es innegable que este juego le excita demasiado, sus ojos brillan de una manera espeluznante y la sádica sonrisa que adorna su rostro es imborrable. Presa del pánico me levanto del piso con prisa, ignoro completamente el dolor que está acción provoca y me echo a correr a duras penas. Me duele cada centímetro de mi anatomía, siento que en cualquier momento las fuerzas me abandonaran y me desplomaré en el suelo. El sol se ocultó completamente y la oscuridad no es de ayuda en lo absoluto. Dejo de correr comenzando a caminar, por más que fuerzo mis ojos no logro distinguir nada. Sin hacer ruido me escondo tras un árbol, con suerte y si me mantengo en silencio logre pasar desapercibida para él. Me tenso en mi sitio y cubro mi boca con ambas manos al sentir crujir algunas ramas secas, e

