Dos meses después Después del ataque infructuoso en el que por poco muere Jacob, sigo buscando sin descanso al hombre detrás de todo esto. Siento que cada vez estoy más cerca, que le piso los talones. ―No tienes la culpa de esto, Lud, abandono mis pensamientos y lo miro a los ojos. ¿Qué no sienta culpa? Me salvó la vida y, a cambio, quedó postrado en esa maldita silla. ―Gracias a ti estoy vivo. Comento con pesar. ―Era mi deber hacerlo. Bufo con incredulidad. ―¿Interponerte en la trayectoria de la bala? ―espeto, molesto―. ¿Convertirte en mi chaleco antibalas personalizado? ―me pongo de pie porque estoy volviendo a enfadarme―. ¿Quién te dio derecho a recibir esa bala por mí? Bufo, indigenado. Elevo las manos y me froto el rostro debido a la desesperación y a la impotencia que sient

