Alek mantiene el silencio entre nosotros sin problema, sus pensamientos abarcan todo el trayecto mientras que yo observo todo con una actitud pasiva. Estoy segura que los correos de esta mañana son los causantes del estado de tensión en el que se encuentra Alek pero dado que no quiero hablar de ello cierro la boca guardando mis comentarios sobre el tema.
El largo camino de arces me hace placentera la caminata, los colores de las hojas están cambiando lentamente a un tono rojizo muy hermoso a la vista. Hace parecer el lugar tranquilo, ameno y relajante en extremo.
Cuando mis piernas comienzan a reclamar descanso dispongo mi atención alrededor, una cafetería se cierne frente a la gran estatua que vi al llegar el día de ayer, me detengo mirándola fijo y Alek me entiende sin esfuerzo.
Cruzamos la calle dirigiéndonos a la entrada donde puedo ver a un grupo de jóvenes saliendo, un chico de cabello n***o sostiene la puerta. Sus perforaciones llaman mi atención pero alejo la mirada de él para ver a las chicas que salen entre carcajadas; la primera es bajita y de cabello n***o mientras que las siguientes dos son más altas, tan parecidas que es obvio que son hermanas. El cabello de ambas es rubio natural, una tiene tatuajes en el cuerpo mientras que la otra denota timidez, a leguas se ve quien es la introvertida.
Seguido las hermanas salen un par de chicos, un castaño y un rubio. Seguro que el rubio es gay dado su estilo y actitud, además coloca su brazo alrededor de la pelinegra como quien quién va a chismear.
Miro a los tres chicos, cada uno con diferente porte y actitud. Paso a su lado y entonces una mirada molesta me detiene, el chico que sujeta la puerta me observa caminar hacia dentro de la cafetería con claro enfado.
─Aún no he salido ─dice pasando por mi lado, empujando mi hombro en el proceso.
─Maleducado ─mascullo ignorando su actitud infame.
Alek pasa seguido de mí pero él, por su lado no ignora al joven sino que se detiene frente a él con una expresión atronadora.
─Aún no he entrado ─espeta sosteniendo la puerta antes de que el pelinegro la suelte.
Me acerco a Alek dispuesta a alejarlo de el chico pero el pelinegro sonríe de lado y pasa a su lado igual que conmigo, empujándolo.
─¿Buscas problemas? ─cuestiona Alek tomando su brazo con brusquedad.
─No pero al parecer tú sí.
─No quieres meterte conmigo.
En verdad no quería, Alek es conocido por su habilidad en la pelea cuerpo a cuerpo.
Nadie jamás ha ganado una pelea contra él y en cuanto a armas está entre los mejores diez francotiradores de mi padre.
─Alek, déjalo.
Tomo su brazo jalándolo hacia mí y aunque camina a pasos lentos me sigue, aún con la mirada peligrosamente puesta en el pelinegro.
─Nunca habías actuado así ─susurro sentándome en una mesa al lado de la ventana.
─Nunca habías sido empujada por un idiota.
─Aquí no me miran igual ─suelto disgustada, pese a que he estado poco tiempo he notado lo poco que influyo aquí.
─Pues claro, nadie sabe que eres hija del mafioso más importante de Rusia ─espeta mirando a la calle.
Giro la mirada en busca de alguien cerca, no quiero problemas por qué alguien escuche algo que no debe.
─No digas cosas así.
─Es la verdad.
─Lo sé pero...
─Katherine ─me corta girando su mirada hacia mí─, eres la hija del Boss, la hija del magnate más grande de Rusia. Eres una persona importante.
─Lo sé...
─Más vale que lo sepas, tu padre mataría a cualquiera que te tratara como ese chico.
Asiento sin saber que decir.
Es cierto, no soy ingenua, sé que mi padre es un hombre muy peligroso. Su reputación lo precede y cuando tuve edad me enteré de muchas cosas que en su momento me aterraron sin embargo ahora son algo común en El Régimen.
Mi primer tatuaje fue a los dieciocho años, el símbolo de que pertenecía a la organización central, al Régimen. Después de eso mi padre me mostró pocas cosas sobre el negocio, su responsabilidad es contratar a los mejores y ejecutarlos cuando hacen algo indebido o incorrecto. Inclusive llegué a ver cómo torturaba a uno de sus hombres por traicionarlo, aunque eso él no lo sabe.
Una chica llega a nosotros sacándome de mis pensamientos, su rostro se muestra amigable cuando se dirige a mí.
─Buenas tardes, ¿que les ofrezco el día de hoy? ─pregunta sacando una libreta y bolígrafo del delantal que trae puesto.
─Quiero una malteada de chocolate ─pido sin mirar la carta.
La chica ríe discreta y escribe mi pedido no obstante su expresión cambia a una más nerviosa cuando mira a mi guardia.
─Y, ¿usted? ─su voz tiembla y sonrío abiertamente a Alek.
─Un café n***o.
Mi guardia solo tensa la mandíbula e ignora la carta, igual que yo. No puedo evitar la carcajada que se dispara cuando la chica se aleja.
─¿De que te ríes?
─La chica está que tiembla por ti ─chillo en medio de otra carcajada.
Alek tuerce sus labios pero puedo ver cómo mira de reojo a la barra dónde la chica sirve nuestro pedido, sus ojos viajan a nosotros a cada nada.
─¿Porque la cara larga? ─tomo su mano poniéndome seria.
─Estoy inquieto.
─Todo el camino has estado inquieto, ahora estás enojado.
─Pues claro, el de la entrada te golpeó y no pude hacer nada por qué me alejaste.
─Solo ibas a desquitar con él un coraje que iba de lo que pasó.
─No es cierto...
Levanto la ceja sin creerle un poco.
─Bien, tengo muchas cosas en la cabeza.
─¿Que cosas?
─Los correos no dejan de dar vueltas en mi cabeza, hay un par de cosas que no encajan.
─Bien.
Aparto la mirada sin querer entrar en esos detalles pero él se da cuenta y no tarda en preguntar.
─¿Por qué no quieres hablar de ello?
─Porque no.
─Dímelo.
Tuerzo el gesto.
─Porque recordaré lo que pasó.
─¿Y..? ─sabe que no es todo.
─Y querré venganza.
─Yo quiero venganza ─declara sorprendiéndome.
─Pero pensé...
─Galia era... ─busca una palabra pero termina por decir: ─. Especial. No es justo lo que pasó y quiero venganza pero aún no tengo todos los hechos para poder ejercerla.
─¿Planeas vengar su muerte?
─Por supuesto.
Vaya, nunca hubiera pensado que Alek fuera este tipo de persona pero también supongo que debe serlo para poder trabajar con mi padre. La ira y el deseo de sangre mantienen a un hombre en su posición alerta, enfocado pero sobre todo, lo vuelve peligroso y bueno para lo que se debe hacer.
─Quiero saber más de esa noche.
─No quiero entrar en detalles...
─Quiero ayudarte.
─¿Cómo podrías?
Antes de que pueda responder la mesera llega con nuestras bebidas y una idea tonta se forma en mi cabeza.
─¿Cómo te llamas?
Juro que podría reír con las caras de estos dos, ambos están confundidos, Alek sabe que nunca le hablo a los empleados y la chica ni siquiera me conoce pero me responde amigable.
─Beca ─mira hacia la barra asegurándose de que nadie mira y entonces se acerca un poco más a mí─. Rebeca pero me puedes decir Beca.
─Mucho gusto, soy Katherine y él es mi escolta Alek ─señalo al hombre frente a mí y la chica sonríe nerviosa, de nuevo.
─Mucho gusto.
No mira demasiado a Alek, se dirige a mí pero vuelve la vista atrás y entonces se aleja sacando la libreta consigo.
─Bien, les pido una disculpa pero mi jefe me va a matar si me ve platicando con ustedes...
─¿Por qué?
Alek recarga sus brazos sobre la mesa dejando ver así todo su brazo izquierdo cubierto de tatuajes, la mayoría son de la mafia pero hay otros pocos que estoy segura de que son un gusto personal.
─Digamos que soy muy amigable ─rueda los ojos como si fuera una tontería.
─Eres amigable ─suelta mi guardia haciéndome sonreír.
─Sí, lo sé pero mi jefe cree que no puedo cotillear en las mesas por qué el trabajo no espera.
Pone los ojos en blanco al tiempo que un hombre se para detrás de ella, Alek y yo nos miramos pero mantenemos nuestras bocas cerradas esperando que algo suceda.
─Dice soy demasiado habladora, que a veces me tendría que callar y que debería trabajar más ─continúa diciendo con unos gestos muy graciosos que me hacen apretar los labios para no reír─. Llevo tres años aquí y creo que su corazón ha desaparecido junto con sus emociones, no hay día que me quite la mirada de encima para que trabaje...
─Estoy seguro de que hay un corazón latiendo en mi pecho, sobre el trabajo es completamente necesario vigilarte, Beca.
Su voz llega como un balde de agua fría para Beca que, retrocede con los ojos muy abiertos e incluso con el rostro pálido. Creo que le dará un ataque.
Se mueve a un lado con terror dejando ver al hombre detrás de ella, sus ojos oscuros la miran serios pero en Rusia hay muchas personas así, puedo ver la diversión en cada gesto de su parte aunque estoy segura de que disfruta el miedo infundido en la chica.
─Perdone...
─Ve a trabajar ─ordena simplemente.
Beca sale disparada hacia el mostrador y desaparece en una puerta apenas visible para nosotros. El hombre nos mira y entonces sonríe un poco.
─Buenas tardes, mi nombre es Simón y soy el dueño, espero que Beca no los haya molestado.
─Hola ─saludo amable, divertida más bien─, claro que no. Estábamos hablando de lo mucho que trabaja.
Alek ahoga una carcajada en su café pero el hombre no se contiene, ríe con diversión auténtica. Sus labios se curvan haciendo presente un hoyuelo que no esperaba que tuviera, su piel morena me causa curiosidad así que me permito observarlo por el tiempo que me dejan sus carcajadas.
─Beca es imposible, no puede dejar de platicar y empezar a trabajar.
─Supongo que sí trabaja si sigue aquí ─comenta Alek causando que Simón lo mire con los ojos entrecerrados.
─Si que lo hace, si me disculpan tengo que hacer una llamada.
Simón se retira con el celular en la mano pero cuando hay una distancia entre nosotros y él guarda el aparato dejando claro que solo se ha ido por Alek y su boca larga.
─Y se fue ─suelto un suspiro sin querer.
Mis mejillas se ponen rojas y las carcajadas de Alek no ayudan.
─No babees.
Golpeo su brazo aún sobre la mesa y entonces tomo mi malteada.
Por alguna razón mi mirada se dirige al lugar donde ha desaparecido el tal Simón, me causa mucha curiosidad. Pude ver lo ancha que era su espalda, lo musculoso que se veía. Sin duda se ejercita pero no entiendo, no parece el dueño de una cafetería sino un hombre de mi mundo.
¿Qué esconde Simón?