Humo en el aire.

1512 Words
La mañana me recibe fría pero la temperatura no se compara ni de cerca con Rusia así que salgo de la cama en pijama y voy directa a la cocina, necesito un café. Alek está sentado en la mesa con el cejo fruncido, levanta la mirada pero no me da ningún indicio de que me quiera contar. Continúa leyendo algo y poco después escribe en su laptop con rápides. Sus dedos suenan con cada tecla presionada pero intento ignorarlo preparándome un café no obstante cuando he terminado voy hacia él y me siento en el comedor, justo enfrente. ─¿Qué pasa? ─pregunto soplando a mi café, me pasé de caliente. ─Nada que debas saber ─espeta sin mirarme. ─Vamos Alek, cuéntamelo. ─No puedo... ─Alek, soy yo. ─Tengo noticias de Rusia ─explica y siento la tensión cubriendo todo mi cuerpo─, ¿ves? Por eso no quería decirte. ─Habla. ─No son de tu padre. ─¿Entonces? ─Tengo un contacto, mucho en realidad pero hay uno que descubrió algo turbio. ─¿Turbio? ─El atentado en la discoteca esa ─su gesto se endurece, esta molesto─. No fue al azar, iban por ti. ─¿Cómo lo sabes? ─Tengo mis fuentes ─señala la laptop así que dejo mi café y voy a su lado. PARA: ALEK KOMAROV. DE: POLL II Todo lo que pude encontrar fueron unos mensajes de texto cifrados en el celular de uno de los tiradores, alguien de las familias influyentes tuvo que ordenar esto dado la calidad de la encriptación. Te dejo los mensajes anclados. > PARA: ALEK KOMAROV. DE: POLL IV Los Zhukov se mueven, las reuniones con los Abashin son más constantes y los Belkin podrían estar metidos en algo serio, se dice en las calles del norte que Mavik tiene intenciones de casar a su hija. Alexei Zhukov está perdido del radar, apenas se deja ver con Mavik pero debido a esto pienso que planea algo grande, sin detalles hasta nuevo aviso. Pd. Abashin ha perdido una docena de guardianes esta semana, es cuestión de tiempo para que vayan a rogar a los pies de Zhukov o sus hijos. > Hay más correos así pero decido alejarme luego de ver los documentos, textos y pruebas de la mafia. No debería saber nada de esto hasta dentro de unos años, es obvio que sé a que se dedica mi padre y lo que tendré que hacer cuando me case pero ahora no debería ver esto. Pienso en todo lo que muestran los correos y siento los engranajes de mi cabeza trabajar a todo motor, puede ser que los Belkin nos traicionaran y así supieran dónde estábamos Galia y yo esa noche. Quizás fueron los Abashin quiénes mataron a mi amiga. ─¿Qué piensas de esto? ─pregunto dejándome caer en la silla de nuevo. ─No lo sé, es mucho que digerir. ─Si eso es cierto tenemos más de un soplón, es una familia. ─Lo sé pero el señor Mikhail no me responde, no sé que hacer. Ahora yo frunzo el ceño. ─¿No te contesta mi padre? Niega. Voy corriendo a mi habitación y tomo el celular del suelo dónde lo dejé anoche, la pantalla está estrellada pero gracias a dios aún prende, busco el contacto y marco rápidamente. ─¿Por qué está roto? ─pregunta Alek sin poder contenerse. ─Olvídalo, no importa. La llamada suena pero al cabo de un rato manda al buzón, quizás es por la hora. ─Debemos llamar más tarde. ─Eso mismo pensé, allá debe ser tarde y anoche me respondió así que no creo que haya de qué preocuparse. ─¿Qué te dijo anoche? ─Que te cuidara y que no te metieras a discotecas nunca más ─tuerce la boca con disgusto. ─Me parece justo. Me levanto dejando a solas a mi guardia y me dirijo a mi habitación. ─¡Puedes salir si quieres, estaré en casa! ─grito cerrando mi puerta. No me responde pero tampoco lo espero, abro mi maleta y saco mi laptop. Conecto la red y abro la página web de la escuela, sigo estando inscrita pero antes de poder tocar algo más la pantalla se pone negra y siento un calor sobre mis piernas. Levanto la laptop confusa pero pronto la suelto con un jadeo. ─¡Mierda! El aparato cae al suelo estrellándose con fuerza pero lo que me aterra es el humo que sale la parte superior. La puerta se abre en segundos, Alek está aquí y, por su expresión, está asustado o al menos preocupado. Mira la laptop destrozada en el suelo y luego me mira a mí, escudriña mis manos y rostro como si estuviera intentando saber si yo misma soy culpable de lo que acaba de pasar así que lanzo una almohada directo a su cara engreída. ─¡No fui yo! ─chillo cuando el se quita del camino esquivando mi golpe. ─No dije nada ─suelta divertido. ─Vi tu cara. ─Vale, ¿qué pasó? ─Estaba revisando mi página web de la universidad y ¡pum! ─hago un gesto con las manos como si explotara algo en ellas, Alek suelta una carcajada─. ¡No te rías! ─¿Cómo pasó? ─pregunta con una nueva oleada de carcajadas siguiéndolo─. ¡¿PUM?! ─¡Alek! ─Dale, calma. Seguro se estropeó en el viaje, relájate. Niego viendo la laptop. ─Bien, vámonos. ─¡Dijiste que no ibas a salir! Apenas había notado su ropa, no trae su habitual vestimenta negra. Una playera gris se ciñe a sus musculo, las mangas cortas hacen visibles sus tatuajes y la tela de algodón deja poco de su físico a la imaginación. Sus pantalones son de mezclilla clara, se ve más joven de lo que pensé. ─¿Cuántos años tienes, Alek? ─Veintinueve ─responde confundido a más no poder. ─Ah ─avergonzada por haberlo analizado tan a fondo me doy la vuelta─, me visto y salimos. ─Bien... El tono en su voz me causa gracia pero mantengo mi seriedad hasta que escucho la puerta cerrarse, entonces una risa tonta se me sale. Me visto con unos jeans negros y una sudadera corta del mismo color, nada llamativo, y salgo al encuentro de mi guardia pero a diferencia de lo que pensé, no se cambió. Dudo si decirle algo pero ya que no se ve en absoluto mal descarto la idea caminando hacia la salida. Jalo mi bolso que aún cuelga del perchero en la entrada y pido las llaves a Alek. ─No te las daré. ─¿Entonces? ─Sacaremos copias ahora mismo. Asiento sin ganas. Bajamos en silencio así que miro mi celular, la pantalla rota me causa conflicto pero ya que fui yo misma quién la rompió me aguanto abriendo mi buzón de entrada. Un par de mensajes del señor Novikov me llaman la atención, los ha borrado pero sin duda era él. Considero el decirle a Alek sobre ello pero nuevamente declino, ahora solo quiero ir a comer a un lugar muy costoso y comprar un vestido que mejore mi animo. Las puertas del elevador nos dejan en el vestíbulo que, ahora mismo, está abarrotado con personas demasiado formales. Me acerco a la salido sin perder de vista los atuendos magníficos que llevan las personas aquí, seguro hay un evento en algún salón detrás por que todos se dirigen allí. Al cruzar la puerta principal el mismo hombre mayor de antes nos abre con la misma sonrisa amable, su cabello encanecido por la edad y sus ojos cafés lo hacen adorable. ─Disculpe si soy indiscreta ─me acerco a él silenciosa─, ¿hay algún evento? ─Oh, claro ─sonríe agachando la cabeza, con los ojos muy abiertos como quién cuenta un chisme─. Ha llegado una persona muy influyente aquí y ha decidido hospedarse aquí. ─¿Él organizó el evento? ─que soso. ─No, nada de eso. Fueron personas más importantes, los dueños de los hoteles Paradice. ─¿Y ellos son? ─¡Señorita, usted no conoce a nadie! ─suelta demasiado alto, divertido. ─¿Que pasa aquí? ─interviene Alek. No queriendo que me descubra husmeando sonrío falsa. ─Le estaba preguntando dónde podía comprar cigarrillos cerca. Alek entrecierra los ojos con clara sospecha. ─Yo tengo. Saca de sus jeans un paquete y entonces lo tomo queriendo secundar mis palabras. ─Gracias señor... ─Angus ─se presenta sonriendo, sin delatarme─. Angus Stell. ─Mucho gusto, soy Katherine. Mi guardaespaldas tiene cigarrillos pero gracias por su ayuda. ─A todos nos pasa ─dice siguiéndome la mentira. Alek se da la vuelta sin creerlo, sonrío triunfante y giro a mostrarle mis pulgares al señor quién me responde con un guiño. Que agradable señor. Justo cuando me coloco al lado de Alek tiende para mí un encendedor, mierda. Lo miro con molestia pero saco un cigarrillo y lo prendo con el fuego que mi guardia enciende. Trago el humo sintiéndome un poco mejor al instante, quizás no fue tan mala idea. Alek prende otro y así caminamos por el parque observando la nueva ciudad, una ciudad que no conocíamos ninguno de los dos y que ahora mismo es agradable, al menos para mí. Tal vez no esté tan mal.
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