Cuando las puertas del ascensor se abren mi corazón se encuentra acelerado, no sé por qué me ha venido la idea de lo que será vivir con mi guardia pero ahora que estamos aquí todo se vuelve algo sofocante.
Salgo lentamente con la mirada puesta en el pasillo, solo hay una enorme corredor y una puerta al centro de la gran pared gris. Una ventana al fondo y un espejo en el lado opuesto. Camino hasta la puerta y Alek es quién abre dejando ver una suite digna de película. El espacio de la entrada es pequeño pero hay dos puertas a cada lado, curiosa abro la primera notando un par de abrigos. Un guarda ropa. La segunda es diferente, tiene una chapa plateada, similar a la de la entrada.
Alek me mira y sonríe, alarga su mano metiendo la segunda llave en ella y ésta cede abriéndose a la recámara extra.
─Es grande ─dice desde la entrada.
Me muevo intentando ver dentro pero no me deja y ya que es mucho más alto que yo, me rindo esperando a que se mueva. Después de unos minutos cierra la puerta y ahogo un grito.
─No me dejaste verla ─acuso.
─Es mi habitación ─bufa divertido─, no necesitas verla si nunca entrarás.
─Es mi casa.
─Suite ─me corrige.
Ruedo los ojos.
Avanzo por el enorme lugar observando todo a mi paso, un par de fotografías cuelgan de las paredes del recibidor y pienso en cambiarlas pero no me quedo mucho en ello ya que la sala se cierne frente a mí, impactante.
Tres sofás están acomodados frente a una pantalla plana de unos dos metros de ancho, una alfombra en color rosa y una lámpara colgante muy sofisticada. Estoy segura de que mi padre ordenó que todo estuviera listo para mi llegada y la sola idea me hace sonreír aunque la tristeza opaca el sentimiento. A Galia le habría encantado el lugar.
A la derecha hay un comedor de mármol n***o y al fondo una pequeña cocina que me parece adecuada. Regreso a la sala y allí me dirijo al otro lado dónde yace un pequeño librero al lado de un escritorio y al fondo cuatro puertas. La primera es un baño, la segunda una habitación muy pequeña para mi gusto, la tercera es otra habitación más grande y pienso de inmediato en quedármela. Entro en ella dispuesta a ver todo lo que tiene, al igual que la sala es iluminada por una lámpara colgante. Un espejo con luces llama mi atención, es lindo. Al lado un tocador y al fondo un baño personal aunque cuenta con dos puertas conectando así el cuarto contiguo y este por medio de él. Salgo nuevamente a la habitación con paredes rosas y entonces voy a la ventana, la vista es placentera.
Una larga fila de arces decoran el parque frente al edificio dándole al espacio un aire pacífico.
Cierro las persianas y salgo al pasillo de nuevo.
La última puerta es un cuarto de lavado, nada especial. Regreso con Alek pero no lo veo así que camino por el lugar hasta encontrarlo sentado en la encimera con una taza de café en sus manos y otra a su lado.
─Bájate de ahí ─ordeno aterrada.
─Por dios Katherine, mira que lindo lugar ─dice ignorando mi orden.
─Bájate de ahí ─repito golpeando sus piernas.
─Ya voy.
Se baja risueño y alza las manos en señal de rendición.
─Es bonito aquí.
─Pues no está mal ─digo tomando mi café.
─¿No está mal? Es un lugar muy grande para ti sola.
─Lo sé.
─Debes estar encantada con la decoración ─señala la pintura en las paredes, todo es rosa.
─No me desagrada.
─Bien y, ¿que harás?
─No tengo idea, en Rusia iba a la escuela y salía con amigos pero aquí...
─Puedes ir a la escuela si lo deseas ─argumenta sentándose en el comedor.
─¡¿Quieres bajar de mis muebles?!
─¡Ya!
Carcajea y se sienta como una persona normal, en la silla.
─Entonces, ¿irás a la escuela?
─Me faltaba muy poco para terminar el colegio así que terminaré en línea y ya veré que hacer después.
─Puedes trabajar ─bromea.
─No digas esas cosas ─hago una mueca.
─¡Ey! No está mal trabajar ─chista arrugando el entrecejo.
─No digo que esté mal pero no lo requiero.
─Pues en eso tienes razón, tu papá te da todo.
La forma en que dice la última parte me hace dar dos pasos atrás, soy una niña mimada a sus ojos.
─Bueno, puedes irte a dormir ─espeto alejándome.
─Quiero más café ─inquiere con la diversión amenazando su tono.
─Has lo que quieras, iré a dormir.
Cierro la puerta una vez que estoy a solas, no puedo creer que esté tan lejos de casa.
La única vez que imaginé una situación remotamente similar Galia estaba a mi lado, sonriendo como siempre. Tan animada que su risa sería contagiosa y sus abrazos serían confortables aunque siempre lo eran, la idea de que nunca volveré a sentir el calor de sus brazos y el cariño que irradiaba a mi alrededor me hace imposible mantenerme tranquila.
Alek es la única persona con la que podría hablar de esto pero es un empleado que solo hace su trabajo, cuidarme, así que es imposible que me sincere con él de la forma en que desearía.
Enciendo mi celular en un intento de alejarme de esto, no puedo hablar con mis amigos por ordenes de mi padre pero puedo ver mis r************* ¿no? Las publicaciones sobre el atentado al club son demasiadas, hubo al menos una docena de muertes, fue un milagro que saliera viva de ahí. Las noticias de mi desaparición me parecen algo exageradas, las teorías van desde mi muerte hasta algunas personas diciendo que hui, aunque eso es cierto en algún modo pero no fue mi elección.
El perfil de Galia está oficialmente eliminado.
¿Tan rápido olvidan a alguien tan especial?
Busco el nombre de Iván en el buscador y entonces una imagen me asombra, una historia que ha subido recientemente dónde se le ve de la mano con la hija del señor Abashin, uno de los hombres rivales de mi familia.
Hay tres familias influyentes en cada círculo, en la zona central somos los Volkov, los Novikov y los Belkin mientras que en el lado norte están los Zhukov, los Abashin y los Mazlov aunque éste último ha sufrido una pérdida enorme. Según los rumores Alexei Zhukov ordenó ejecutar al líder de la familia Mazlov y todo salió de control dejando a la familia con un solo integrante, Sergei Mazlov, un chico demasiado joven para asumir el rol de cabecilla. Todos suponen que Alexei no tardará mucho en hacerse de todo el lado norte y se sospecha que una vez tenga el control irá por mi padre.
Los Abashin cuentan con una numerosa familia, dos hijas y dos hijos; me sorprende que Iván vaya de la mano con la menor de las jóvenes, Evelina solo tiene unos quince años mientras que Agatha ya es mayor de edad, alrededor de los diecinueve.
Debo admitir que heredaron la belleza de su madre, su cabello rizado la hace auténtica y sus ojos color miel son exquisitos. A simple vista parecen una pareja espléndida pero aún no comprendo como es que mi padre está de acuerdo con esto. Las fotos siguen así que salgo del perfil yendo directa a la hija de los Pretrov, una amiga que Galia y yo compartíamos desde niñas. El cabello rubio de la chica me hace sonreír pero cuando leo los comentarios que ha puesto en línea siento las mejillas arder con rabia, un par de fotos con Galia sobresalen en su perfil y el apelativo MI ÚNICA AMIGA REAL sobresale en cada una de ellas.
Maldita.
"Pienso que mi padre tiene razón en decir que los Volkov no son tan intocables como nos hicieron pensar, la hija huye después de dejar a su amiga en medio de una zona de guerra ¿que amiga hace eso?"
─¡Perra! ─grito enfurecida.
Leo los comentarios esperando que alguien diga algo real pero solo me encuentro con que mis supuestos amigos están de su lado, todos diciendo que ella era más amiga de Galia que yo. Malditos hipócritas. Lanzo el celular hacia la pared y el sonido seco al caer me causa unas inmensas ganas de llorar, no sé como he soportado todo hasta ahora la verdad.
─¿Estás bien? ─preguntan desde la puerta.
No tengo ganas de hablar con nadie y menos con mi empleado.
─Sí.
No respondo más, me recuesto y pego mis rodillas a mi pecho sollozando por mi mejor amiga, por mi hermana, por mi otra mitad.