Su respuesta me deja estática por varios segundos, dandole la posibilidad de retomar el control, pero luego vuelvo a mis cinco sentidos. Arrastro mis manos desde sus hombros hacia abajo, luego subo y en la altura de sus pectorales, lo empujo hacia atrás con suavidad. Fabian me deja ir, observando con atención, esperando mi siguiente movimiento. Me acerco, giro sobre mis talones, quedando de espaldas de nuevo y luego meneo el trasero contra su semi-erección, disfrutando de la manera en que gruñe por lo bajo y me agarra de las caderas. Saboreando su tacto firme, casi doloroso. Aun así no le permito ni una onza de control, soy yo quien marca el ritmo, quien elige la posición, quién decide cuando parar y cuando volver a la pista, y al final soy yo quien le pide que nos vayamos. Porque todos e

