Me siento bruscamente, mirando a mi alrededor intentando comprender que ha sucedido. Agarro mi celular para ver la hora y es ahí que me doy cuenta que me quede dormida. Paso una mano por mi rostro, intentando eliminar toda la vergüenza que me carcome por dentro. No puedo creer que me haya quedado dormida después de tan solo dos orgasmos y, ¿qué hora era? No más de la una, de eso estoy segura. Soy una pésima profesora por no predicar con el ejemplo, sobretodo después de lo mucho que se esforzó y de ser tan bueno. Mi cabeza se ve invadida por lapsus de la noche anterior y en segundos mi centro está caliente y resbaladizo, deseando que Fabian estuviera aquí para aliviar el dolor. Me dejo caer en la cama soltando un sonido de frustración, lamentándome por lo que sucedió, lo que no pasó y

