Daniel tomó de la mano a Anabell, y salió con ella de esa habitación, cuando salieron su padre aun los estaba esperando, pero tenía una gran sonrisa, algo en su interior le decía que su hijo había tenido una buena noche.
—Vaya, veo que la pasaron bien y dime, ¿es especial cierto?
—Sí que lo es, por eso de ahora en adelante solo será para mí
—¡Que, Daniel tú!… —exclamo Anabell, sorprendida por aquella decisión—, déjame decirte que no seré tu juguete
—No planeo eso, quiero que seas mi esposa
—¡Hijo! —Jackson, frunció su ceño—. Si bien era cierto que apreciaba a Anabell, él no permitiría que su hijo atara su vida a una mujer como ella—. Jackson haló a su hijo a punto donde nadie los pudiera interrumpir; ¿estas consiente de lo que pretendes?, preguntó este con un tono fuerte.
—Jamás había estado tan seguro de algo, como este preciso momento
—Pero hijo, ella es…
—Sé Lo que es, además fuiste tú el que me trajo hacia ella, ¿ahora la aborreces?
—No dudo que Anabell sea una gran mujer. Sin embargo, tú eres mi heredero, dices querer una vida distinta a mis negocios, lo acepto, y por ende, la mujer que escojas para tu vida, debe estar a tu altura.
—¡Qué hipócrita resultaste!
—No me malentiendas. La sombra del pasado de ella, los perseguirá, y vamos, tú no amas a la chica, es la primera vez que estás con ella.
—Solo un instante fue suficiente. Y la verdad, me importa muy poco tu opinión haré lo que me plazca.
—Está bien hijo, si eso es lo que quieres así será. Solo espero que no te arrepientas —Jackson, y su hijo, regresaron con Anabell—.
—¿De qué hablaron? —preguntó ella, mordiendo sus uñas para calmar su angustia.
—No debes preocuparte. Estoy esperando una respuesta.
—Por supuesto que no me casaré contigo, no estoy loca.
—¿Tan mal partido soy?
—Para empezar; no te conozco lo suficiente, segundo, hace un instante me trates como la peor de las bauseras, ¿por qué debería creer en tus buenas intenciones?
—Bien, ya entendí, por ahora no te haré mi esposa. Total tarde o temprano lo serás, por lo pronto comparé tu libertad.
—¿Qué te hace pensar, que aceptaré tus pretensiones?
—Soy terco —Daniel se le acercó a Anabell y le susurro: «no temas, si accedes a hacer mía, te elevaré al cielo, tu voz es muy sensual cuando grita mi nombre»
—¡Cállate! —por muy extraño que le hubiese parecido, Anabell sintió como su rostro se enrojeció—. No eres más, que un niñito rico del común.
—No es así, quiero que tu hijo y tú, tengan una vida diferente.
—Como digas —Anabell volteo su rostro, para ella esas palabras no eran más que promesas vacías.
—No voy a presionarte, me las arreglaré para conquistarte. Confía en mí.
—¡Ja! Los años que llevo en este negocio, me han instruido muy bien, no has sido el primero que me ilusionan, y luego después se van.
—No me compares con los demás bastardos, soy diferente y eso te lo puedo asegurar.
¿Sería posible un poco de felicidad?, ¿iniciar de nuevo, borrar aquella historia para reescribir nuevos capítulos? Fueron los cuestionamientos que molestaron a Anabell.
—Deja el discurso para después, debo volver a mi trabajo, ya he perdió tiempo valioso —Anabell quiso marcharse, sin embargo, fue detenida por segunda vez.
—Olvídate de eso —Daniel la sujetó bruscamente—. Ya te lo dije, hoy será tu última noche en este lugar, ¿dónde está tu jefe?
—¡Oye, eso duele!, y no sé dónde está mi jefe, en ocasiones sale y deja su hermano Dominic encargado de todo.
—Perdóname. Pero, no comprendo, porque quieres seguir en esta pocilga.
—Yo no deseo eso.
—Entonces, dame un voto de confianza, esperemos que ese bastardo aparezca, ¿te parece?
—Bien, solo no me defraudes.
Todos esperaron a Patrick, por unos treinta minutos, su presencia era de vital importancia; para replantear los términos del contrato de Anabell, quién lucia ansiosa, no sabía qué pasaría. Lo único que ella tenía clara, es que ante la más mínima luz de libertad, ella no la desperdiciaría.
—Bueno, ya estoy aquí, ¿cuál es la urgencia? —Patrick hizo su aparición, después de que su hermano le llamara en repetidas ocasiones.
—Quiero me digas cuanto me cobraras por tener a Anabell solo para mí y nadie más, no, más bien, ¿cuánto quieres, para dejarla ir? —Daniel se mostraba fuerte y determinado.
—A ver niñito, no te confundas, ella me pertenece, si la quieres tener perfecto, pero yo no puedo perder a mi estrella. Gracias a ella mi bar ha ganado popularidad.
—Miserable, hijo de… —Daniel encuello a Patrick—. No juegues, te puedes quemar, ¿ves a mi padre, me imagino que conoces su reputación?, si yo lo deseo, en estos momentos, te puedo convertir en picadillo.
—Daniel sé prudente, no conviene un altercado, por ahora, escuchemos la oferta del caballero, aquí presente, ya después miramos —Jackson intervino, lo menos que quería, era un enfrentamiento innecesario.
—No me calmaré, ¿acaso no ves cómo se ríe?, hice una promesa y la cumpliré. Soy tu hijo, ¿tanto te pesa reafirmar tu autoridad?
—No es eso —Jackson añoraba recuperar a su hijo, así que sin importarle las consecuencias, él cumpliría sus caprichos—. A ver, Patrick, tienes un rostro muy bonito, ¿sería una lástima, si mañana en la mañana tu cabeza resulta por ahí? Estamos siendo benevolentes contigo, no suelo dar segundas oportunidades.
—¡¿Esto es inaudito, tan escándalo, por un simple puta como ella?!
—¡Infeliz de mierda! —dominado por la ira, Daniel le propino dos puñetazos al bastardo que le incomodaba—. Mide tus palabras, porque mi paciencia tiene un límite. Habla ya, y fija un precio, y nada me cuesta clavarte una bala, directo en tu frente.
—Entiendo, no quiero morir por una zorra, que no es más, que una vil esclava.
—Te lo advertí —Daniel, lo volvió a golpear, partiéndole un labio—. ¿Qué no aprendes? Esto es poco, comprado con lo que mis hombres te harán de no acceder. Sí vuelves a hablar así de ella, te haré conocer el infierno que luego suplicaras que te premie con la muerte.
—Bien, denme dos millones dólares y podrán llevársela.
—Danos unos minutos —Daniel y su padre, hicieron las llamadas correspondientes, y en cuarenta minutos la llave de la libertad, llego—, toma aquí está lo que pediste. Espero que con esto, no te vuelvas a cruzar en nuestro camino, Anabell vámonos, este es el final.
Todos salieron de bar, Anabell no podía asimilar que al final sus noches de pesadillas ya no existirían.
—Gracias, de verdad muchas gracias a ambos —Anabell se lanzó sobre Daniel y lo abrazo con tal fuerza, que él pudo impregnarse por su calidez—, estaré en deuda contigo, no te imaginas cuantas veces he llorado al recordar los hombres sucios que me han tocado.
—De ahora en adelante, nadie te tocará más, solo lo haré yo, siempre que tú me lo permitas, no te forzaré a hacer algo que no quieras.
—Parece que te tienes mucha confianza, para suponer que me llevarás contigo por segunda vez.
—Así es, créeme, soy demasiado obstinado.
—Tus encantos no servirán.
—Eso lo veremos. Anabell, te lo suplico, no me partes de ti, el Daniel que fui al principio de la noche, no es mi verdadero yo, de ser sincero, sentí celos.
—¿Celos?
Sí, ni yo mismo comprendo, que me está sucediendo en este instante, pero no te quiero lejos de mí.
—Debes estar loco, una mujer como yo…
—¡Shu! Eres magnífica, de eso no tengo la menor duda, has salido victoriosa de todo tropezó, que se te ha presentado.
—No digas esas palabras, o supondré que tengo derecho a una vida buena.
—Pues lo tienes, y yo me encargaré de dártela.
—Bueno, chicos, veo que salgo sobrando, me iré a la mansión. Supongo que aún deben conversar, espero que las decisiones que tome cada uno, sean lo que consideren correcto.
Jackson se retiró y dejo que su hijo llevara a Anabell a su casa, eso sí, la vigilancia no podía desaparecer bajo ninguna circunstancia.
—De nuevo muchas gracias por todo. Espero que tu padre y tú, no tengan problemas a causa mia.
—Tranquilízate. De ahora en adelante, lo único por lo que te tienes que preocupar, es por tu hijo y ser la mejor arquitecta.
—Lo seré, ya lo verás. Montaré mi propia empresa.
—Eso se oye estupendo, y por supuesto yo te estaré alentando. Bueno, aunque no quisiera irme, por hoy ya has tenido suficiente, así que…
En el momento que Daniel quiso irse, fue detenido por el llanto desesperado del pequeño Liam.
—Ya mi niño, mamá está aquí —al oír el llamado de su pequeño, Anabell no dudo en ir junto a él, y Daniel la acompaño—, ¿mamá, que le pasa? —La desesperada madre, tomo a su pequeño en sus brazos, para brindarle su calor.
—Te extraña mi niña, sabes que a esta hora él desea junto a ti, y además es hora de su comida.
—¿Así que todo lo que deseas, es tu postre preferido?, bien —Anabell se sentó en una mecedora, y se colocó en posición para amamantar—.¿Así, que esta es tu parte favorita?, come todo lo que deseas.
Ante el dulce gesto que presenciaba Daniel se sintió conmovido.
—¿Y tú, porque tienes esa expresión? —preguntó Anabell, con una pequeña sonrisa en su rostro—. ¿Acaso es la primera vez que presencias esto?
—La verdad sí, la mayoría de las madres suelen taparse.
—Yo no tengo por qué hacerlo, son poco los momentos que he podido disfrutar con mi ángel. Así que porque tener vergüenza, cuando es un acto muy natural.
—Que quede claro, que no te estoy juzgando.
—En ningún momento he pensado eso, solo que tu rostro, era muy gracioso.
—Bueno, por lo menos ya te divierto.
Daniel esperó que el pequeño Liam se durmiera, de cierta forma él también deseaba darle las buenas noches.
—¿Quieres cargarlo?
—Nunca he hecho algo así.
—Yo te enseño, cruza tus brazos, y relaje no pasará nada —con gran delicadeza Anabell puso su pequeño en los brazos de Daniel—, ves, todo está bien
—Vaya que es hermoso, tiene tus pestañas y cejas.
—No tienes por qué disimular, estoy acostumbrada a ver como murmuran por su aspecto
—Déjame decirte, que aquellos que lo hacen son unos reverendos tontos. Basta con admirarlo para entender que es un guerrero, al igual que tú.
—Parce ser que mi mamá, fue un poco imprudente, ¿no es así? —Anabell volteo a ver a su madre con una mirada algo inquietante.
—Lo siento hija, hace días el joven vino aquí de vista, él comenzó a interrogarme, no me quedó más opción.
—No te enojes con tu madre, mi deseo era saber más de ti.
—Debiste hablar conmigo de forma directa.
—Listo, anotado para el futuro, ahora hay que dejar que el pequeño descanse, ¿lo llevamos a tu habitación?
—Si por favor.
Daniel llevó al pequeño en sus brazos y aunque solo tuvo que dar un paso, en ese momento su corazón experimento un revoloteo casi igual al de las mariposas en primavera.
—Vamos, acuéstalo.
—¿Y si lo despierto?
—Solo ve despacio.
—Está bien, lo intentaré —en el momento que Daniel quiso colocar al pequeño en su cuna, este se despertó—, ¿qué hago está llorando?
—Mécelo, así se clamará.
—¿Segura?
—Hazme caso, paséalo en la habitación por unos segundos.
—Si no funciona, te lo devuelvo —Daniel siguió las indicaciones dada por Anabell, y vaya que funcionaron, pues el pequeño Liam dibujo una tierna sonrisa en su rostro y volvió a dormirse.
—Te lo dije, es un poco mañoso, pero así lo adoro. Dejémoslo por un rato, ¿te gustaría comer algo?
—¿A esta hora?
—Tengo hambre, alimentar a un bebé, gasta energía —ambos bajaron a la cocina, Anabell preparó sándwiches acompañados por jugo de tomate.
—¿Esto es suficiente?, si gusta puedo pedirle a uno de mis hombres que vaya por algo.
—Así estoy bien. Tampoco es prudente llenarme de chucherías.
Mientras comían, Anabell se percató como Daniel no dejaba de mirarla.
—Deja de mirarme así, que me pondrás más incómoda de lo que ya estoy.
—Te parezco gracioso, y te intimido, bien no puedo quejarme. Son puntos extras para mí.
—No te equivoques, yo…
—¿A ver, comprobemos algo? —Daniel se acercó a Anabell, y beso su cuello.
—¡Ey!, ni un paso más.
—No haré nada, solo quería verificar mi teoría.
—Ya basta de juegos.
—Voy muy en serio —sin permiso alguno, Daniel besó a Anabell, y por más que ella quiso resistirse le fue en vano, fue atrapada—, ¿qué tal sí…?
—¡Tú…! —por un instante la fuerza de Anabell desapareció—. Lo vuelves a hacer, y serás golpeado.
—Es broma, de ti mi palabra, si algo vuelve a suceder nuevamente, es porque tendré tu autorización, ¿aunque no puedes negarlo? Ese beso fue arrollador
—¿Qué haré contigo?
—Solo tenerme paciencia.
—Ya que, no me queda de otra.
—¡¿Caray, tan mala ha sido mi compañía?!
—¡Ujum! Lo reconozco hace un rato, me conmoviste, y me sorprendiste, mi niño no ha tenido más contacto, que el de mi madre, Emily y mío.
—Esa es una señal, por cierto, que harás mañana.
—Bueno, ya soy una mujer libre. Así que, por fin, tendremos el paseo que tanto se ha anhelado.
—Por favor, permite que los acompañe.
—No es necesario.
—Quiero hacerlo, no me niegues esa dicha.
—Bien, pero tendrás que compararte.
—Así lo haré.
El destino estaba moviendo sus hilos, aquellas dos vidas, pronto comenzarían, una unión mortífera.
Continuará