ACERCAMIENTO

2443 Words
Cuando plantas un árbol con la esperanza de que crezca y te dé frutos, lo haces con suma devoción y compromiso. Así mismo, sucede con los sentimientos, debes cautivarlos con paciencia, pues por la imposición nada florecerá. El domingo en la mañana, y habiéndose trazado un plan de conquista. Daniel se arregló y salió en compañía de sus hombres, tenía varios lugares por visitar: su primera parada fue en Mastro's Steakhouse, donde hizo una reserva para las siete treinta, luego pasó por la boutique H&M, y compró para Anabell; un vestido pegado al cuerpo con tirantes espagueti, con escote corazón, color Burdeos, atemporal, acompañado por una Cartera de Yves Saint Laurent, de color oscuro, los zapatos elegidos fueron en tonalidad dorada y por último, Daniel eligió una sutil cadena decorada con toques de pequeños diamantes. Acto seguido Daniel visitó un centro ortopédico en el cual compró una silla de ruedas movible, la cual le permitiría a la señora Amelia mayor libertad, y dando por finalizadas sus compras, fue a una tienda de bebés donde le compro una cama cuna para el pequeño Liam, una infinidad de juguetes y ropa. —Bien muchachos, vayamos al Bronx. —¿Jefe, su padre nos dijo que…? —La opinión de mi madre no tiene validez en este momento. Además, no se preocupen, yo tengo todo bajo control. Así que arranca. Debido una conmoción en el tráfico, Daniel tardo una hora en llegar a su destino. —¡Buen día, joven! ¿No lo esperaba hoy? —aunque Daniel no le resultaba incómodo, Amelia se sorprendió un poco. —Buen día, madre, disculpe si soy inoportuno, no quiero causar molestias. —Para nada, solo supuse que no lo veríamos más por acá, mi hija me contó anoche que gracias a tu padre y tú, ella ya es libre, y quiero darte, mis más sinceros agradecimientos, si algo que necesite, hágamelo saber. —Solo le pido su apoyo, en mi plan. —¿Y cuál es? —cuestionó Amelia, con un tono de desconfianza. —Deseo convertir a su hija en mi esposa. —¡¿Qué?! —el corazón de Amelia se detuvo por un débil lapso, ¿acaso Daniel, estaba bromeando?—. Bajo ninguna circunstancia, mi hija, no será su títere. —Esa no es mi intención, téngalo por seguro. —Joven, no me mienta, conoce a mi hija de hace dos días, no me venga con el cuento trillado de que fue amor a primera vista. —Aunque le cueste creerme. Eso es lo que está sucediendo. —¡Ay muchacho! Eso no es amor, estás deslumbrado, y te comprendo, mi hija es demasiado bella. —Lo es, de eso no hay duda. Sin embargo, estoy convencido de que lo mío es genuino, y es que anoche mientras observaba a su hija amamantando a su pequeño, notar como él le sonreía, la felicidad en el rostro de Anabell era evidente, sentí una quietud en mi alma que nunca imagine experimentar. —Palabras muy bellas, pero al fin y al cabo son solo. —Vaya, es usted alguien difícil. Pero no me rendiré, ya lo verá. —Estás perdiendo tu tiempo, protegeré a mi hija, yo… —antes de que Amelia terminara su frase, ella fue detenida por su hija. —¿Qué sucede aquí?, ¿Por qué siento una gran tensión entre ustedes? —Anabell, aún lucía un poco somnolienta. —Son imaginaciones tuyas —dijo su madre tratando de cambiar el semblante. —¡Umm! —Anabell desconfió por unos segundos—, ¿sí es así, porque no has invitado a pasar a Daniel? —Confía en tu madre, no pasa nada. Además, estoy aquí por lo que acordamos. —¡Es muy temprano! —Como siempre, tienes razón. No obstante, no resistí y les traje varios regalos. Espero los disfruten —Daniel, le ordenó a sus hombres que bajaran la silla—, ¿qué tal doña Amelia, que le parece? —¿Dime, cuánto te costó esa silla? —Anabell se sintió un poco molesta, ella no estaba acostumbrada a que su familia recibiera algo sin intenciones ocultas. —No sé, qué te estás imaginando, pero quiero que te borres esa idea. Esto lo hago para mejorar la calidad de vida de tu madre. Anoche fui muy claro, quiero que te enamores de mí. —Daniel, perdóname, yo… —Despreocúpate, te entiendo, es la primera vez que recibes obsequios sin que te pidan nada cambio. Además, tu madre aún no me responde, ¿quiere probarla? —Por supuesto —al sentir lo acolchonado de su nuevo sillón, Amelia no pudo evitar que la comodidad la cobijara. —Esto es grandioso, siendo honesta, ya me estaba cansado de tanta rigidez. Y de una vez aclaro, mi niña, nunca desconoceré todo tu esfuerzo. —Madre, yo no estoy molesta al contario, me hace muy feliz ver que te sientes bien. —Bueno, ya me gané un punto. Ahora, tenemos que ir a tu habitación, y mostrarte lo demás. —¿Y qué más trajiste? —Ya lo verás, claro, si me permites entrar. —Adelante, mamá quédate con Liam. —No, el príncipe también es el protagonista. —¡Dios! ¿Qué haré contigo?, está bien, veamos cuáles son tus demás cartas. —No te arrepentirás, de tenerme a tu lado —teniendo el permiso de Anabell, Daniel le ordenó a sus hombres que entraran la cama cuna—, ¡taran!, está hecha de la mejor manera, y su colchón es el más suave. —Lo siento, pero no puedo aceptarla. —¡¿Po qué no!?. Además, no es para ti, es para él. —Sea como sea. —Esto no está en discusión, la traje para mi angelito, y para él será, y como ya tengo tu permiso, le diré a mis hombres que la ubiquen, mientras yo voy tus obsequios — los hombres de Daniel acomodaron la cama a un lado de la de Anabell, luego esto se marcharon—. Bien, ábrelos. —Daniel, esto no era necesario, ¿para qué le compraste tanta ropa y tantos juguetes? —Fácil, muy pronto me convertiré en su nuevo padre. —Eso… —Anabell, llámame iluso si lo deseas, pero anoche cuando sostuve a tu nene en mis brazos, él me miro y me sonrió en ese instante sus gestos me transmitieron sus deseos. —¿Y según tú, cuáles son? —Felicidad, y ríete todo lo que quieras, pero estoy seguro de Liam, anoche me aceptó. — ¿Por qué te empecinas tanto en que yo sea tu pareja? —Eres la indiciada y punto. —Eso dices ahora. Sin embargo, en un futuro te aburrirás, mi pasado te pesará, al igual que los murmullos. —Si no le hice caso a mi padre, imagínate lo que me importa el concepto de terceros. —Por favor, sea realista. No siempre el amor lo puede todo. —¡Caray, qué terca me resultaste! Pero de una vez te advierto, si lo haces para alejarme, estás perdiendo tu tiempo. —Siendo así, ambos estamos empatados, insiste todo lo que quieras, yo seguiré rechazándote. —Todos tenemos un punto de quiebre. —Yo no —dijo Anabell, segura de sí misma, pero, por más que ella quisiera mostrarse fría, como un témpano de hielo, su contendor era alguien sagaz y tenaz. —Para mí, no hay nada inalcanzable, pronto me abrirás las puertas de tu corazón. Es más, no tengo que gustarte de inmediato, solo acerquémonos, conozcamos y siempre mantente abierta hacia mí; y así como tú, ya tienes mi llave maestra, yo obtendré la tuya. —Mira tú, hasta romántico me resultaste. Creo que eres una cajita de sorpresas. —Bueno, estar conmigo es casi como ganarse la lotería. —Presumido —Anabell frunció su ceño. —Es broma. Ahora dame a Liam, ya es tu turno para que abras tus obsequios. —Veamos, mínimo compraste lo más excéntrico y costoso. —Velo por ti misma, estoy seguro de que te encantaran. —Entonces empecemos —en cuanto Anabell fue abriendo las cajas, su corazón saltaba de felicidad, era la primera vez que recibía detalles de tal talla. —¿Y bien? —los nervios consumían a Daniel—, ¿qué tienes por decirme? —Yo… —Anabell no soportó más, y soltó un llanto ahogador—. Llévate todo esto, yo no soy digna para tales bellezas. —Mi cielo —Daniel abrazo a Anabell, limpio sus lágrimas y besó su frente—. Tú eres como un diamante bruto, dentro de ti hay un brillo inimaginable, ¿por qué te avergüenzas tanto? —No es obvio, soy alguien sucio, mi vida ha sido absorbida por el fango, en cambio, tú, has nacido en cuna de oro, no tienes mancha alguna. —No soy un santo y tampoco pretendo serlo, y sí, mi camino hasta donde estoy ha sido sin obstáculo alguno, pero eso de nada me ha servido, el sufrimiento y la desgracia también me han arropado. —Discúlpame, a veces solo me encierro en mi dolor. —No te preocupes. Ya llegará el momento en que te cuente de mis tristezas. —¿Daniel, por qué te gusto tanto? Si apenas nos conocimos hace tres días —cuestiono Anabell tratando de adivinar que hallaba Daniel en sí, que ella no pudiese ver. —Sabes Anabell, tus eres como un poema: «¡Oh flor!, no importa que tus pétalos lleguen a marchitarse, si eres fuerte como los vientos del norte, sobrevivirás a la más, grandes penumbras; en las noches tu aroma impregna los senderos de aquel jardín que agonizaba. En el día ríes porque los rayos del sol llegan a ti, te mantienes en pie haciendo que mis días grises se conviertan en los mejores atardeceres. Por eso flor, hoy te pido, que jamás desaparezcas de mi vida» —¿De dónde sacaste ese escrito? —Es mío, lo hice esta madrugada. Debo confesarte que al llegar no podía dormir, mi mente me gritaba algo, y eran esas palabras. —Es la primera vez, que me dicen unas palabras tan reconfortantes —ante tales palabras, la piel de ella, se erizó de punta a punta. —Así como una flor de loto, es capaz de resistir, los más bruscos cambios de clima. Tú también puedes, los tiempos amargos ya pasaron, disfruta todo esto; pues es la recompensa por haber permanecido cubierta por las tinieblas. —Estoy temerosa, que tal en ahora que intente iniciar de nuevo no pueda y tenga que regresar a… —Ni lo menciones. ¡Escúchame, bien! Tendré que morir, para permitir que regreses a ese putrefacto mundo. Te propongo algo, mañana hablaré con papá, él tiene un amigo con un bufete muy famoso, quizás pueda contrate como secretaria. —Fuera de ser un juguete de desahogo, no tengo más conocimientos. La verdad es que aún no sé, cómo obtuve la beca, mi madre me ha enseñado lo poco que sé, y mis primeros estudios los termine por internet, también con su ayuda. —Por favor no te atormentes. Hoy es un día solo para disfrutar, así que vamos hagamos todos los preparativos para un picnic. Iremos a Central Park. —En realidad había pensado sacar a Liam a un parque infantil que hay dos cuadras, mi presupuesto es algo limitado, debo mantener mis ahorros por los próximos meses. —¿Y quién estaba hablando de dinero?, todo correrás por cuenta mía. Movámonos tenemos mucho por hacer. —¿Qué fue lo que tramaste? —Es una sorpresa, y como tal, no puedes enterarte. Por ahora debes de saber que a las siete, usted y yo, iremos a nuestra primera cita. —¿Quién dice que iré? —sonrió Anabell. —No me queda más que respetar tu decisión. —Hubieras visto tu cara era… —Anabell no paraba de reírse a cargadas. —Muy chistosita, te salvas porque tengo al niño cargado. —¡¿Ah sí?!, ven mi niño —retando a Daniel Anabell, tomó a su pequeño, quién lucia contento—. Ya estás libre, ¿qué harás? Daniel caminó hacia Anabell beso su cuello, y luego le dio un pequeño mordisco a su hombre derecho. —¡Ouch!, eres un… —contrario a experimentar incomodidad, Anabell sintió un pequeño cosquillo. —¿Por qué no terminas la frase?, estás tambaleando. —Pareces un niñito, te castigaré —Anabell, le dio un pequeño coscorrón a Daniel en forma de juego. —Eso para mí fue como una suave brisa. —No tienes remedio. Ya deja de perder el tiempo, y apurémonos, antes de que me eche para atrás. —Como ordene mi capitana. Usted es la que tiene el mando. Los dos jóvenes se pusieron en marcha, lo primero que hicieron fue darle un refrescante baño al pequeño Liam, y mientras Daniel con su inexperiencia se encargaba de vestirlo con sus nuevos trajes; Anabell ayudaba a su madre. —¡Ya!, pregunta lo que tienes atragantado —Anabell notaba como su madre la observaba de forma fija y de cierta forma la intimidaba—. ¿Seguirás viéndome así, o dirás algo? —¿Te gusta? —¡Mamá!, eso es imposible. —No cariño, no lo es. Por si no lo sabes, hay personas que se enamoran en cuestión de segundos, una sola fracción de contacto y la magia surge. —Eso solo ocurre en las películas románticas. —Vieras que no. Yo sé por qué te lo digo, existen almas que están destinadas, y así pasen mil vidas seguirán reencontrándose de formas distintas. —No insistas. —Ese joven, no dará un paso al costado como tú lo piensas. Él se mantendrá en pie, sin importar cuanto lo rechaces, y créeme, un hombre así, tarde o temprano termina conquistándote. —Termínate de arreglar, hoy estás insoportable —Anabell dejo a su madre sola, y se mostraba molesta, debido a que no entendía esa fascinación, a que ella se abriera a Daniel—. «¿Qué demonios le sucede? ¿Desde cuándo le interesa que yo tenga a alguien? No cabe duda, de que se dejó deslumbrar». Suspiro ella, y regreso con su hijo. Al entrar Anabel se vio sorprendida por un Daniel batallando para vestir a su pequeño que no paraba de jugar, —¿Y esto qué significa? —No he podido, he intentado todo. —¡Novato! Ve por mamá, y espérenme en la sala, en veinte minutos estaremos listos. ¿Qué tenía deparado el destino para ese día?, ¿saldrían a la perfección? Continuará
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