Una corriente de aire hiso ondular el cabello de Jorge, desde la entrada del Hospital se podía observar a un hombre lamentarse; cualquiera hubiese pensado que había recibido una mala noticia de los doctores, o que apenas estaba por recibir la noticia. No dejaba de pasar su mano sobre su cabeza intentando mantener su cabello largo hacía atrás; los mechones no dejaban de caerle hasta los pómulos. Tenía los puños apretados cuando volvió la mirada a la entrada del Hospital, Sebastián lo observaba desde las puertas; estaba de pie y parecía un fantasma con su bata blanca ondulando por el viento, su mirada estaba inexpresiva, su postura indicaba que estaba impaciente de que Jorge volviera del estacionamiento. Jorge suspiró al verlo y no dejó de hacerlo por unos segundos, se quitó un mechón de la frente con un movimiento de la cabeza y fue directo a él.
Sebastián esperaba las malas noticias. Antes de que Jorge llegara a él, la recepcionista Margarita se le acerco algo angustiada y penosa; el protocolo debía ser el del siempre a nivel mundial; ningún paciente que no ha sido de alta debería estar fuera de las instalaciones. E independiente de esa lógica, Margarita sabía en qué estado había llegado Sebastián; aunque no recordaba su nombre, ella misma había visto la herida en su cuerpo cuando llegó junto con Tiana. El viento hacía que la bata se le moviera hasta poderle ver el t*****o al d*********o, de haberla visto, se habría dado cuenta de lo roja que estaba su cara cuando le habló.
-Disculpe… joven. Pero… no debería estar aquí… y mucho menos a estas horas. Y en su condición… -por ese único momento había olvidado su lamento por sus sobrinos. Sebastián giró la cabeza y la miró de reojo, era mucho más alto que ella, sus ojos verdes transmitían fuerza y de alguna forma una especie de pasión, Margarita empuñó sus manos y se los llevó al pecho, y sintió como ella misma se presionaba; tal vez un reflejo de querer detener su corazón por el latir abrupto que había tenido, un calor en todo su cuerpo la invadió.
Sebastián seguía de pie sin dejar de mirarla, su atención hacia Jorge no dejó que escuchara nada de lo que había dicho Margarita. Se percató que la joven se había quedado callada, algo le pasaba, cuando iba a preguntarle si le sucedía algo Jorge interrumpió la situación.
-Margarita, te agradezco, -le hizo un gesto de reverencia- pero yo atenderé al joven Sebastián -le sonrió.
suspiró cuando pensó en su nombre. Solo ahí recordó que él era especial para el señor Jorge. -Sí, claro. Con permiso -se giró no sin antes que se le escapara una sonrisita y cubriera sus mejillas con sus manos. Jorge se incomodó al ver lo sucedió, pero en el fondo le dio gracia como se apenó y al menos su noche no solo sería trágica. Sebastián ya ni siquiera la miraba.
-¿Sabes que pudo pasarle? -Dijo sin rodeos.
-Un s*******o -se lamentó.
-¿s*******o? -lanzó una risa burlona- la conoces, como podría ser posible eso.
-Quien la haya s*******o debía amenazarla con hacerle daño a toda la gente que está aquí -echó la cabeza hacia atrás y frotó su cuello- tal vez lo hizo para salvarte… de alguna forma. Seguramente quien se la llevó no sabía que tú estás aquí.
Sebastián apretó sus puños. Jorge estaba asombrado que él ya estuviera bien. Era sorprendente la sangre de Tiana, tal vez había algo más que una buena genética de sangre, así que sospechaba que algo más estaba detrás de eso, y pudiese que ellos lo supieran. Pero todavía no era apropiado llegar a preguntarles tal cosa. Aunque, su linaje de sangre era quien había maldecido ese lugar, Jorge desencajo un poco la mirada al pensar que tal vez al fin había aparecido la tal esperada luna de Lilith.
-¿Sabes quién fue? -comenzaba a verse furioso.
Jorge sacó unas llaves de su chamarra y se las entregó a Sebastián. -Debes tomar siempre el camino del lado derecho, no tardaras en llegar al pueblo, sé que lo reconocerás. Hay un cambio de ropa en la parte trasera del asiento. Jorge estaba seguro de que él podría ir solo y sin ayuda. -Yo… no puedo dejar sola por mucho tiempo a tu abuela, y tampoco quiero que pase peligro al ir por Tiana. -Lo miró a los ojos, le dio una mirada casi suplicante- …ambos deben regresar.
Sebastián quedo confuso.
-Héctor sobrevivió a la explosión. No tengo idea de cómo supo que estaba aquí Tiana.
La mirada de Sebastián fue confusa por un momento.
-Como ya te disté cuenta, las cámaras tienen una pequeña daga atravesada, fue tan perfecto que no se notan que estén destruidas.
Apretó la mandíbula y bajó la mirada por el gran error que habían cometido.
-Ese tal Héctor, pertenece a mi mundo… debió pasar tanto tiempo en este mundo que su aroma cambió, -apretó los puños por no haberse dado cuenta cuando entró a su departamento- pero las heridas debieron ser tan fuertes que ha tardado en recuperarse, por lo tanto, su aroma interno fue lo que reconocí en el estacionamiento. Debes ir a la casa. -Ordenó.
Sebastián se quedó con la boca abierta, intentando hacer preguntas… pero era mejor irse. Bajó los escalones para ir a la camioneta de Jorge, resaltaba el color guinda a mitad del estacionamiento.
-Sebastián…
Él se detuvo para escucharlo, pero sin mirarlo. Jorge tampoco se giró para verlo.
-Hoy es treinta de julio, mañana es el último día… o quedaran atrapados.
Sus ojos se abrieron ante la sorpresa, el mes había transcurrido tan, pero tan rápido que no podía creer la fecha; le era ilógico.
Un estruendo se escuchó en alguno de los últimos pisos, cayendo vidrio cerca de Sebastián quien con mucha habilidad esquivó; Jorge se había impresionado en cómo se movió, ambos se asomaron por fuera del edificio, miraron una especie de animal que estaba por entrar en una ventana.
-¡Ya vete, yo cuidare de Rosa! -Jorge comenzó a escalar las paredes con gran agilidad.
Sebastián se encaminó muy sorprendido.
Margarita llegó a la puerta al haber escuchado vidrio caer en la entrada. Su mirada buscaba ese par de ojos verdes hipnotizantes y al señor Jorge. Su rostro se desencajó cuando vio a Sebastián subir a la camioneta solo. Buscó al señor Jorge por todo el lugar, pero nunca lo vio. Su respiración se detuvo cuando vio la camioneta salir a gran velocidad rechinando las llantas; en el fondo le hubiera encantado haber escuchado su voz.
-m*****o Jorge... -Dejó escapar una sonrisa-. En que estarás metida abuela.
*
Héctor le quitó el cinturón de seguridad a Tiana, la sacó con cuidado y la cargó entre sus brazos.
-Me gustaría que vieras esto -le dijo- te sorprenderá -su expresión parecía animado, pero su mirada se veía apagada; triste de alguna forma.
Tiana suponía qué intentaba decir; el alba ya se estaba asomando por lo tanto seguía oscuro. Héctor caminó y con una mano comenzó a desbaratar el candado que Jorge le había puesto hace unos días. No era un candado común. Abrió la reja lo suficiente para que ambos entraran.
-Observa, Tiana. Nuestro nuevo hogar. -Cuando atravesó la puerta la oscuridad había desaparecido para aparecer el cielo nublado con el sol detrás de él. Tiana sonrió al saber que no estaba equivocada cuando ese cielo paso a la lluvia en sus recuerdos. Quiso llorar al recordar a Sebastián atravesado por la espada, y el tener que arrastrarlo fuera de la puerta. Después recordó cómo los ayudo Nerón, su mirada vagó por la entrada esperando que estuviera ahí mismo, para volverla a salvar. Héctor había recorrido la casa del otro extremo donde no se encontraba el cuarto de estudio. Las probabilidades de verlo disminuían.
pensó Tiana. Comenzaba a tener movimiento en la punta de sus dedos.
-Mira Tiana, ese será donde estaremos juntos.
Tiana enfocó su mirada donde miraba Héctor. Sus ojos se agrandaron al ver semejante monstruosidad de castillo. Recordó que Sebastián había mencionado algo enorme cuando se ocultaron bajo el árbol de jacaranda. Y que además… ella se convirtió en algo cuando salió la luna roja. Esperaba que el cielo se abriera para dejar salir la luna y de una vez saber de qué trataba todo eso. Pero en ningún momento paso. Se veía lejos el lugar, así que sería una larga caminata. Parecía como si solo ellos estuvieran solos en el lugar. Una punzada hiso imaginar que algo le hubiese pasado a Nerón. Se sonrojó al percatarse que ya estaba pensando demasiado en él. Pero era el único que podría salvarla. Sebastián, Jorge y su abuela pudiese que jamás se le ocurriría que estaría ahí; en cuanto se dieran cuenta que había desparecido.
-Héctor… -dijo Tiana con voz suabe.
Él sintió escalofríos cuando dijo su nombre. -Dime -sin darse cuenta su caminata se alentó.
-¿Cómo fue que me golpeaste la cabeza? Te tenía de frente. -Antes que entraran a ese castillo, quería saber el, >.
-Yo… -decidió decirle la verdad- recibí una llamada. Alguien te vio, y me llamó… en cuanto me dijo, no deje ni siquiera que me diera detalles, solo mencionó el Hospital… y, vine de inmediato por ti.
Tiana recordó la mujer que abrió la puerta por error en el cuarto donde estaba Sebastián, su mirada sabía que era extraña cuando la vio.
pensó un poco aliviada.
-Y…
-¿Quién es ella? -sonrió al adivinar su pregunta- ella y yo salimos de este lugar… hace mucho tiempo. Somos del mismo clan. Este lugar… esta m*****o, al igual que todos los que están aquí. Se considera otro mundo… verás, puede que no me creas, pero hay un mes en el año donde cualquiera puede entrar aquí… pero nadie de aquí puede salir. Y si te soy sincero, no recuerdo cómo es que salimos. -Dejó oírsele una risa- no lo recuerdo, y ella tampoco. -La miró con demasiada curiosidad, así que detuvo su caminata y sin dejar de mirar a Tiana. Su semblante era frío. Ella en ningún momento se dejó intimidar por su mirada.
-Tú… ya has estado aquí, ¿verdad? -dijo con seriedad.
Tiana no pudo evitar tener una ligera expresión en su mirada; le estaba afirmando la pregunta.