No sólo tú

2990 Words
Héctor sentía su cara caliente debido al enojo; recibir esa llamada fue lo que nunca imaginó esperar para encontrarla, estaba seguro de que la encontraría caminando un día cualquiera, pero no siempre pudo tener algo como lo deseaba. Seguía manejando en la carretera cuando la neblina comenzaba a bajar desde la punta de las montañas; no tardó en estar envuelto por la misma, a pesar de no tener visible el camino, jamás bajo la velocidad; es como si supiera hacía donde debía dirigirse sin tener que ver el camino; no le importaba ni la neblina ni la noche. Bajó su ventana para refrescarse un poco, podía sentir pequeñas gotas chochar contra su rostro, fue lo único que por un momento lo tranquilizó; por un momento. En el fondo deseaba volverla a ver; solo una vez más, su existencia solo se aferraba en ese momento… para mirar sus ojos. La neblina comenzaba a desaparecer incluyendo las gotas en su rostro, miró su celular para saber cuánto le faltaba por llegar al Hospital; estaba a solo medio kilómetro esa mirada. En todo el caminó no encendió el estéreo, y evitó mirarse siquiera por el retrovisor. Cuando al fin llegó, se estacionó y no pudo evitar apretar el volante por la adrenalina que le comenzaba a surgir, observó todo el lugar y con ayuda del celular comenzó a estudiar el edificio; entradas externas a la principal, salidas, ventanas. Tenía puesta una sudadera color n***o cubriéndose con la capucha, saco de los bolsos los guantes que había guardado antes de comenzar a manejar, se colocó unos guantes de piel color n***o. Siguió esperando un par de minutos, cuando abrió la puerta ya decidió, escuchó las sirenas de dos ambulancias acercándose hacia el Hospital; volvió a acomodarse en el asiento y cerró la puerta con mucha fuerza, tuvo que esperar a que volviera estar solo por fuera el Hospital; golpeó el volante y dio un ligero grito. No estaba seguro si quiera que se fueran las ambulancias. * Tiana había bajado hasta la planta baja para comprar golosinas de una máquina expendedora; a espaldas de las enfermeras le daría a Sebastián las que quisiera comer. Una vez que se había ocultado las cosas en su chamarra se había dirigido hacía el elevador. Esperó a que llegara, pero escuchó bastante ruido en la entrada que no pudo evitar voltear a ver. Enfermeras y doctores se apresuraron para salir y regresar a lado de las camillas que iban entrando, en la primera camilla se encontraba un joven que posiblemente ya era mayor de edad, su rostro y hombro derecho estaban cubiertos de sangre, su rostro podría expresar más que dolor, pero le fue imposible a Tiana saber que más podría estar sufriendo. La segunda camilla que entró llevaba un niño, tal vez no mayor de diez años, su rostro expresaba desorientación, y aunque estuviera vestido de tonos claros no se le veía sangre por ningún lado, tierra o alguna otra suciedad, un enfermero sostenía su brazo izquierdo, la mano del niño estaba destrozada. Tiana sintió algo de pena por él, así que dirigió su mirada hacia el elevador, pero este estaba regresando hacía algún piso; no había escuchado cuando las puertas habían abierto y cerrado, así que volvió a apretar el botón y seguir esperando. Un aroma no muy peculiar llegó a ella cuando el personal había desparecido hacia la zona de urgencias, pensó, . No pudo evitar mirar de nuevo hacia la entrada, todo el lugar estaba solo y en completo silencio, ni siquiera se oía un murmullo a lo lejos, ni una sola persona había sentada, solo de lejos distinguió una pequeña alarma de las ambulancias; incluso ellas habían desaparecido, . Un pequeño objeto color gris llamó su atención en medio del suelo, estaba frente a las puertas del elevador y observó que este estaba en el último piso, así que se acercó para saber que era. Levantó una ceja ante su sorpresa, era un cuete llamado cañón, debía medir unos siete centímetros de largo y dos de grosor. volvió a pensar. Siguió mirando el cuete dudando que podría pasarle lo mismo que al niño si lo tomaba. Decidió al fin levantarlo, se veía en buen estado y aún tenía su mecha, ignoraba que hacer con él, así que decidió esperar en el vestíbulo hasta que la trabajadora regresara del caos que también había ido. Tiana nunca vio a la persona que se acercó a la entrada y se había quedado quieta un momento; más bien, se quedó pasmado al verla. Ella se recargó en la mesa y dejó el cuete a un lado suyo, hacía girar la punta de su pie sin darse cuenta de él, . -También te diste cuenta… de que la recepcionista debía conocer a esos niños, ¿verdad? Tiana abrió tanto los ojos que incluso sintió un ardor cuando escuchó esa frase detrás de ella, sintió un frío recorrer todo su cuerpo, y de no haber estado recargada, seguramente se habría desvanecido al suelo; su palpitación se aceleró, sus manos incluso querían comenzar a entumirse. No era posible, pero así estaban siendo las cosas, Héctor seguía vivo, habían hecho un pésimo trabajo ella y Sebastián… y estaba por cobrársela. Debía ser tan obvio que Héctor sabía dónde estaba, pero para su suerte ella estaba ahí, en ese preciso momento donde no había nadie. pensó intentando buscar algo para defenderse, aunque imaginó que Héctor debía tener un arma apuntándole a la cabeza… sintió una profunda tristeza por cómo se iba a sentir Sebastián, y también incluso su abuela y Jorge. Y solo por un instante, tan fugaz que su mente recordó a Nerón; pero tan fugaz que ni ella misma se dio cuenta de lo que había pensado su mente. -¿Se puede saber qué haces aquí… Tiana? –Su voz por un momento sonó compasiva. Y eso lo captó ella. -Que te importa. -Se sintió bien saber que pudo manejar con naturalidad el tono de su voz. -Me refiero, aquí en la recepción. pensó. -Me dieron de alta… en la tarde, pero hasta ahora me dio la gana de bajar a firmar. –No estaba segura si sabía que Sebastián estaba todavía internado, sí hubiese ido hasta el piso de él, seguramente Jorge le hubiese detenido. Pero no le dijo a nadie que bajaría hasta la planta baja. Se sintió tranquila saber que estaría bien. -¿Crees que te dejen ir a esta hora? -dijo en tono burlón. Tiana esperaba que del error que habían cometido, al menos uno solo lo pagara. Y por un instante se preguntó cómo es que sobrevivió, así que, ya que estaba en desventaja, decidió hacerse de valor y voltear a verlo, sin dejar de despegar sus brazos de la mesa. Héctor vestía una talla más grande en la sudadera, la capucha estaba por debajo de la frente ocultando entre sombras su mirada, tenía pantalones azul oscuro y botas de montaña negras, pero sus guantes de piel sostenían una enorme daga; solo una daga mientras su otra mano la mantenía en un puño. Héctor esperó ver temor en la mirada de Tiana, pero fue todo lo contrario, se veía una gran fortaleza en ella, mientras que Héctor paso veladas soñando despierto con la mirada de ella que creyó por un momento que sus rodillas se iban a doblar, la fragilidad de sus rodillas hiso sentir su cuerpo temblar por nervios, incluso sus labios intentaban gritar suplicar perdón, pero mantuvo su orgullo intacto por los segundos que se habían visto. Volverla a ver no fue lo que había imaginado… en el fondo existía un amor, un amor el cual lucho muchas veces consigo mismo para protegerla. Pero siempre perdía esos pensamientos dentro de él. Ambos fingían firmeza. -Es obvio que el lugar es algo caro, dudo que requieran de verdad tu firma. Tu decide si quieres que más gente page tus errores. -Debía oírse amenazante. Tiana sabía que expresión tenía su rostro, aunque por dentro estaba asustada, inquieta e insegura. -¿Entonces… quieres que me valla contigo? –dijo en tono burlón, movió un poco su mano derecha y sintió el cuete, sin dudar lo tomó y ocultó debajo de su manga. >. -Por supuesto… Tiana abrió un momento los ojos, la tenían cargando y pudo observar aún las escaleras del hospital, abrió varias veces los ojos desde la entrada del Hospital hasta el asiento del carro, solo hasta ese momento sintió el dolor en la cabeza; pudo escuchar en todas las ocasiones que cobraba la conciencia el ruido que hacían las bolsas de papas y duces dentro de ella. Intentó incorporarse, pero su cuerpo no obedecía , sintió el cuerpo exageradamente débil. -Sabes… -susurró mientras Héctor entraba al carro con mucha tranquilidad- pudimos ser una bonita pareja… si no fuéramos unos maniáticos- comenzó a reír. -Lo sé, también lo he pensado. -Héctor bajó un poco el asiento de Tiana y le colocó el cinturón de seguridad. * Jorge tocó tres veces la puerta de la habitación de Sebastián, hasta que escuchó que cedía el paso. Quedó algo extrañado pensando que Tiana estaría con él, se la pasaban hablando por horas y Tiana había decidió dormir en su habitación. -Disculpe, pero la señora Rosa me manda a preguntarles si gustaban algo de comer; comida, botaba, chucherías… etc. Su salud está cada día… hora mejor, así que quería cumplirles algún antojo en especial, que no importaba que fuera –sonrió. -Gracias… pero Tiana bajó a las máquinas de la planta baja. Jorge presintió algo en sus palabras. Un poco de preocupación. –Pero… -Pero ya se tardó –algo sentía que estaba mal, pensó que tal vez Tiana retiró el vidrio de la máquina para tomar todo y la atraparon; lo que fuese que sucediera, pero algo lo dejaba inquieto- podrías quizás… -Claro, a pesar de tu mejoría… no querrás enfrentarte con una abuela protectora si te ve afuera de la cama –Jorge se retiró cerrando la puerta. Dejando a Sebastián algo confundido, pensó. Jorge bajó del elevador y se dirigió al área de las máquinas expendedoras. No vio a Tiana, pensó que debió subir sin que chocaran. Esperó de nuevo el elevador y sintió el mismo ambiente de siempre… algo perturbador. A veces lograba oír las memorias del ambiente; gritos, lamentos, sufrimiento. Inhaló y exhaló para tranquilizar esos escalofríos que lograban hacerle sentir esas memorias, el elevador tardó más de lo debido, distrajo su mirada observando la entrada, estaba tan solo el lugar que le extraño por un momento, pensó que alguien podría ser asaltado e incluso atacado si se encontraba solo. , escuchó unos lamentos acercarse, la recepcionista había regresado a su lugar de trabajo sollozando. -¿Estás bien, Margarita? -Señor Jorge, buenas noches. No sabía que estaba aquí. -Soy muy sigiloso, lo sabes –le sonrió. Margarita se sintió apenada a pesar de sus lágrimas. -¿Que te sucede, si se puede saber, claro? -Sí… es qué –respiró para tranquilizarse- hace unos minutos llegaron mis sobrinos a urgencias, dijeron que estaban en una fiesta por parte de su mamá, pero salieron a caminar y no saben cómo es que llegaron a otra calle, dicen que no recuerdan. Pero Carlos, el menor, miró a su hermano desmayarse, y que cuando se acercó a él, había una especie de cilindro juntó a su cuello. Reconoció que era un cuete, uno de los grandes y cuando lo tomó y quiso arrojar, fue… fue muy tarde –brotaron de nuevo sus lágrimas- el cuete explotó destrozándole su manita, y mis tíos… -Diles a tus tíos que no se les cobrará nada. Y que a pesar de ser una mala noticia para el menor… deben saber que le salvo la vida a su hermano. Margarita agradecía entrecortando sus palabras por el llanto. No dejaba de agradecerle incluso cuando Jorge le pidió que no perdiera el tiempo y les marcara a sus tíos. Iba a ser una noche muy pesada para todos ellos. Jorge le dio privacidad para que ella les diera la mala noticia, caminó de nuevo al elevador, pero algo hiso detener su caminata de golpe. Las cámaras de vigilancia tenían algo incrustado, era algo casi difícil de ver, de no ser por el vidrio del lente quebrado, hubiese pensado que así era el diseño de la cámara; unas pequeñas pero filosas dagas las habían atravesado. * En ocasiones Tiana no sabía donde estaba, hasta que giraba la cabeza y veía a Héctor con la gorra de la sudadera aun cubriéndole. El dolor en su cabeza era punzante, seguía pensando. Por más que intentaba incorporarse; no lo lograba. Aun estaba oscuro, pero en pocas ocasiones pudo notar que en algunas casas tenían encendida una luz de alguna habitación del primer piso. sonrío por su pensamiento fantasmal. -He decidido… Distrajo a Tiana de sus pensamientos. -Que te llevaré a mi hogar -dijo Héctor con un poco de incertidumbre. -¿Cómo… lograste sobrevivir? -dijo Tiana apenas en un balbuceo. -Supongo que, con mucha suerte. -Imposible -dijo muy segura- no fue solo suerte que hayas sobrevivido. -¿Eso piensas?, puede que tengas razón. -Sin soltar el volante con la mano derecha, llevó su mano izquierda para remangar el lado derecho, dejó ver desde su muñeca hasta el codo, precisamente de ese lado para que Tiana pudiera verlo. Aunque por escasos momentos perdía la noción, su vista estaba bien; tan bien que sus ojos quedaron en blanco al verlo, su antebrazo debía tener la mitad de carne dejando expuesto los huesos, no se veía cicatrizado, más bien estaba al rojo vivo. -Me juré… que jamás volvería aquí, -Héctor estacionó el carro, reposó ambos brazos en el volante y suspiró- que raro, siento como si fuera a tener el primer día de clases, no solo tú haces revolotear mi estómago. Tiana hasta ese momento sintió terror, fuera lo que estuviese planeando Héctor iba a comenzar, miró el brazo de él, no se veía que le doliera, Héctor abrió la puerta y mientras salía del carro y volvía a cerrarla, Tiana giró la cabeza para ir conociendo lo que sería su descanso eterno. Por un instante iba a reír; pero mordió sus labios para evitarlo, no se quería dar falsas esperanzas. Cerró los ojos y esperó que Héctor abriera la puerta de su lado; él estaba mirando por todos lados. Cuando se sintió seguro de no ser observado, incorporó un poco a Tiana. Ella comenzó a reír por debajo del susurro. -Descuida, te trataré bien; al inicio. Así como tú me trataste. Después buscare a Sebastián; porque sé que no fuiste tu sola. Tuviste tu secreto de hacer explotar a alguien con dinamita. Yo también tengo mi secreto. -Eso explica el brazo, -Tiana no se había percatado de la mitad del rostro del Héctor; se podía ver el hueso del pómulo y su ojo parecía estar cubierto por neblina. Su mirada posó detrás de ella y solo comenzó a reír -Héctor pensó que tal vez no estaba en sus cabales. -Es curioso, ¿sabes? Es que, no me vas a creer ni entender, pero, en este momento puedo decirte que deveras despedirte de este mundo… dos veces. Tiana había reconocido las rejas de la entrada a la casa de su abuela. Un mundo donde solo tenían acceso a ella en el mes de julio, un sitio completamente misterioso y poderoso, donde las criaturas que ella pensaba desde niña eran terroríficas, no resultaron como tal. No al menos una persona, Nerón. Pensar en él hizo que se sintiera acalorada; sus ideas aun estaban un poco revueltas. Héctor cubrió las manos de Tiana con las suyas -Vamos a estar, mucho tiempo juntos -le dedicó una sonrisa psicópata. -Ya lo veremos -le sonrió de la misma forma. * Jorge tenía ocupada su mente con dos pensamientos al mismo tiempo; su primer pensamiento estaba ocupado en que sabía lo que les había ocurrido a esos dos niños. Debieron haber pasado por la calle que entre voces le decían la calle de los lamentos, porque al final si pasaban cosas lamentables, aunque por años la gente procuraba no pasar por esa calle, a veces era inevitable o simplemente olvidaban susodicha leyenda. Y precisamente este mes era donde ocurrían las cosas, lo que esta detrás de esa casa, llegaba a afectar el exterior, aunque fuera una calle. Jorge recordaba que solo sucedía si te acercabas lo suficiente a la reja hace años, pero parece que se va extendiendo conforme pasaba el tiempo. A veces imaginaba que extensión tendrá en unos años; su segundo pensamiento estaba ocupado en intuir que algo le había sucedido a Tiana, había sentido el aroma a pólvora cuando estuvo en la mesa de recepción, siguió ese aroma cuando vio las cámaras destruidas, cuando bajó las escaleras de la entrada vio una envoltura en el piso; el duce seguía cerrado. Lo levantó y se percató que era uno de los preferidos de Sebastián y Tania, nunca olvidaría que desde niños apreciaban esa barra de cacahuate con chocolate. El aroma de pólvora lo continúo hasta un área del estacionamiento un poco retirado de la entrada, era lógico que debió haber un carro ahí no hace mucho, hasta ese momento se esfumó el aroma a pólvora. Pero fue cuando pudo sentir el aroma de Tiana, y no solo el de ella, otro aroma familiar estaba en ese lugar. Intentó recordar de quien era, incluso se dio pequeños golpes en la cabeza y daba dos pasos de un lado a otro. Sus ojos se abrieron al saber de quien era. No solo era el aroma de Héctor, había algo más que familiar. Como si tuviera heridas en el cuerpo, heridas tan graves, que no lo hacía morir. Tiana estaba a punto de morir si seguía con él.
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