Había corrido ya unas cuadras cuando se percató del sudor que le comenzaba a escurrir por el cuello, intentó secarse con su mano hasta darse cuenta que había corrido sin rumbo alguno y se detuvo en una pequeña plaza; le parecía que había estado ahí hace años, así que muy perdida no estaba.
Se detuvo con la respiración agitada, aún seguía impactada por ver el semblante de Héctor, su rostro seguía en su mente, el gusto a la tragedia, el morbo incluso de retratar las desgracias; solo era cuestión de tiempo a que él mismo realizara esas atrocidades, pero a inocentes. De algo sí estaba muy segura, Héctor aún no hacía nada por su propia cuenta, sintió al mismo tiempo un escalofrío en la espalda. Juramos que no volveríamos a ese camino, y Héctor son de los tipos que no saldrán… de ese camino, pensó mientras inhalaba profundamente.
En ese momento no se sintió capaz de solucionar las cosas por su cuenta. Necesitaba ayuda para detener lo inevitable, y la única persona que podía hacerlo era Sebastián.
Se encaminó rumbo a la casa de él, esta vez tomaría el transporte. No tardó más de una hora en llegar. Dudó un momento si se encontraría en su departamento antes de tocar el timbre, no le importaría que él no estuviera, lo estaría esperando aun así. Pero para su suerte respondió por el intercomunicador.
-Diga.
-Sebastián… soy Tiana.
De inmediato el timbre de la puerta sonó dando señal de que se podía abrir. Esperó el elevador, no tenía ganas de subir un solo escalón. Cuando se abrieron las puerta se sintió aliviada que estuviera solo, sintió el aroma fresco del mismo y apretó el número 5. Tocó dos veces a la puerta.
-Estas muy acalorada. –Le cedió el paso, Sebastián estaba un poco angustiado, pero no se lo daría a entender a Tiana.
-Me lo imagino. No te molesto, ¿verdad? –Buscó rápidamente alguna prenda o accesorio de otra persona para saber que no debía tardar mucho.
-Claro que no. Pero, ¿por qué pienso que si no hubiera estado me hubieses estado esperando afuera?
-¿Afuera? –Dijo burlona- ¿ya se te olvidó que puedo entrar sin llave? –Se dejó caer en el sofá. El departamento de Sebastián constituía en tener una harmonía con el color blanco, con algunos toques negros y guindas, pero realzaba el blanco como el sofá en donde se había sentado Tiana.
Tomó asiento junto a ella, no era necesario que hablaran de frente, la conexión que existía en ellos no lo necesitaban. –Ya se te olvido tan rápido el juramento que hicimos… eso incluía abrir puertas.
-Por eso estoy aquí… me temo que debo romperla –dijo de golpe. Observó la tele y notó que los bordes estaban pintados en tonos morados. Era lo único que no encajaba en el departamento; no quería desviar el tema por algo así. Sebastián guardó silencio. –El tipo que te he contado últimamente… Esta mañana tenía pensado darle una sorpresa en la estación que él toma para ir al trabajo, -sintió mucha vergüenza- por suerte había un anuncio… que anunciaba vidrios, este era de doble vista, iras comprendiendo que estaba a un lado de este, del lado que puedes ver el otro lado… cuando llegó, pues, se quedó a un lado. En escasos segundos hubo un accidente en las vías, fue tan abrumador que se pudo ver la sangre…
-Este tipo, Héctor… comenzó a tomar fotos, ¿verdad?
Tiana quedó boca abierta.
Hace unas semanas te visité a tu casa, pero olvidé que trabajas a veces los fines de semana. Antes de retirarme vi un sobre muy peculiar bajo tu puerta, de hecho apenas era la esquina del sobre, un sobre n***o… ¿Desde cuándo has estado recibiendo ese tipo de contenido? Es obvio que no lo deje en tu casa.
-Ese… -dijo muy pensante- sería el tercero que hubiera recibido. Nada que no controlara en ese momento… pero.
-Perdón, Tiana –la interrumpió- intenté investigar por mi propia cuenta, pero la persona que te dejaba los sobre era más astuto que yo… y supongo que tú. Porque podría apostar que tampoco has podido llegar con el tipo. Pero tuvo su gran descuido. Y te entiendo, Héctor es un peligro, no solo para ti y quienes te rodeamos, sino para más personas.
Tiana lo miró de reojo, -Dijiste… ¿perdón?
Sebastián apretó sus labios.
-¿Le pediste a la abuela… ayuda? -Dijo anonadada.
-Nunca habría sospechado de ese Héctor, así que… no me arrepiento.
-Parte de lo que somos… he hicimos, es por ella.
-Difiero de eso… NOSOTROS, decidimos serlo. Ya debemos madurar sobre eso, ¿no crees? -Suspiró como si una verdad que no querían oír por fin saliera a la luz- pero el hecho de que la abuela no se comportó todo este tiempo como una dulce abuelita, no significa que teníamos que ser como ella… en lo personal, ayudó a que sigamos vivos.
-¿Quién diablos eres?
-Hicimos un juramento… pero date cuenta que, no podemos cumplirlo. No si queremos vivir. Y en este momento necesitamos sobrevivir. Porque sabes perfectamente que la primera víctima de Héctor serás tú.
Tiana sentía que le hervía la garganta, no sabía cuál era el sentimiento responsable por eso. Aceptar que ellos decidieron ese camino. Le parecía algo aberrante. –¿Desde cuándo has tomado terapia? –Dijo en tono burlón.
-Desde que vi el sobre.
-¿Es por eso que tienes esas ojeras?
-Sí. Pensé que un poco de maquillaje ayudaría.
-Bastante, de hecho. Pero olvidas que estoy rodeada de maquillaje, por todos lados.
-Cuando solucionemos esto, ¿regresarás al modelaje?
-No. El contenido de esos sobres… fue aterrador de hecho. Y después de esto, estoy segura que se me quitaran las ganas de… -Fue interrumpida por el timbre. Sebastián se levantó para saber quién era. Ambos reconocieron la voz masculina del intercomunicador.
No esperaban ser interrumpidos: de hecho siempre los interrumpían de esa manera y a la hora que fuera, pero no en ese momento. Sebastián apretó el botón para que la puerta de la entrada se abriera y subiera hasta el departamento.
-Estas seguro… ¿que no tienen cámaras aquí, en tu departamento?
-Muy seguro. Aunque la casualidad es muy sospechosa.
Esperaron pacientes hasta que tocaran la puerta. Tres toques muy suaves sonaron en la puerta. pensaron ambos. Tiana tenía tiempo de no ver a ambos, pero Sebastián había pedido ayuda, por ella, y no debió haber sido fácil para él hacer esa llamada.
Cuando la puerta se abrió, la abuela y Jorge les sonrieron a ambos… era una sonrisa con un toque de compasión. Los ojos de la abuela brillaron en el momento que miró a sus nietos. Era notorio que los extrañaba. Sebastián les cedió el paso, y como si nunca hubiese algún roce entre ellos la abuela los besó y abrazo, Jorge saludo con demasiada cortesía, como siempre.
-¿Gustan algo de beber? –dijo Sebastián, incluyendo a Tiana.
-No, gracias cielo. No hay tiempo que perder. –Le sonrió y luego miró a Jorge una vez que se sentó a lado de Tiana, quien se incomodó un poco- Jorge les dará todos los detalles.
Le hizo una diminuta reverencia con la cabeza a Rosa. –Supongo que la señorita Tiana está al tanto que usted llamó a la señora Rosa para pedir ayuda con respecto al sobre que llegaba a su departamento –dijo mirando a Tiana. Ella asintió- y usted… debió poner al tanto al joven Sebastián sobre lo sucedido esta mañana en el metro –esta vez miró a Sebastián, quien quedó algo sorprendido: pensaron ambos. –En este caso ya no es ningún problema deducir que el sujeto llamado Héctor es autor de esas notas… y que aparte tienes otros problemas. Fue un poco complicado entrar a su casa, tiene cámaras inalámbricas que se activan con movimiento…
pensó Sebastián.
-Una vez que entre a la casa… lo primero que se notó… -Jorge estuvo a punto de decir que el aroma a un futuro asesino comenzaba a nacer, incluso Rosa sintió casi la metida de pata que estaba por cometer. Aun no era tiempo de decir esas cosas- fueron algunos sobres en color n***o…
pensó Tiana y esbozó una gran sonrisa para sus adentros.
-Hay un cajón guardado en su closet. Las fotos eran demasiado explicitas ante desmembramientos de cuerpos, de solo mujeres. Al reverso de cada fotografía hay breves citas… todo respecto al amor, como si cada una hubiese sido una amante que murió trágicamente acabando con su amor de igual manera. Entre las fotos… esta la señorita Tiana tomando una bebida fría.
Tiana pudo escuchar como la respiración de su abuela había cambiado. Estaba furiosa.
-No solo tiene fotos suyas, señorita –la miró, y de inmediato la hizo sentirse protegida, pensó que así debía sentirse la abuela a lado de Jorge. Ahora comprendía porque siempre estaba a su lado- tiene fotos también de Sebastián. –La respiración de la abuela volvió a cambiar. Estaba más furiosa, aunque su semblante estaba calmado- y casi todas sus compañeras del trabajo.
-¡Puto enfermo! –dijo Tiana con enojo.
Sebastián le extendió la mano a Jorge, estrechó su mano con fuerza.
-Gracias. –Dijo Sebastián, de alguna forma sentía alivio saber a qué se enfrentaban. Se sentía agradecido de haberle llamado a su abuela, y después pedirle ayuda a Jorge por teléfono.
-Jorge y yo no encargaremos…
-No. –La interrumpió Tiana, tenía su cabeza agachada-. Les agradezco mucho lo que han hecho, debo de admitir que sin su ayuda habría cometido algún error. Pero no debió pasar esto, debí darme cuenta de que clase de persona era. –Miró a su abuela que estaba a su lado- por años nos inculcaste a ver más allá de la amabilidad y gentileza de la gente… y… lo lamento… pensé que tus modos llegaban más allá de lo exagerado. –Miró después a Sebastián- nosotros elegimos qué camino tomar. Este camino lo voy a tomar sola. –Terminó por mirar a Jorge- gracias por solucionar mis molestias.
-¿Tú… sola? –dijo Rosa con preocupación. Casi con una sonrisa sarcástica.
-Señorita, Tiana… no dude en llamarnos si no salen las cosas bien. No importa dónde ni la hora, llame.
Rosa quedó con la boca abierta, Tiana y Sebastián casi tuvieron la misma reacción. Esta era la primera vez que escuchaban a Jorge dar la última palabra. Como si la abuela no estuviera presente y él debiera tomar una decisión muy difícil en solo un instante.
-Debemos retirarnos mi señora, tiene pendientes lejos de aquí. –Rosa abrió tanto los ojos que resaltaban su color miel- ellos estarán bien. –Se acercó a Rosa y le extendió su mano para que pudiera tomarla y ayudarla a levantarse, por cortesía más que nada. Se había quedado callada, Jorge la conocía muy bien, si pretendía seguir con ayudarla jamás estarían de acuerdo ninguna de las dos. Estaba seguro que estarían bien como se lo acababa de decir, si se quedaba podría rasgar de nueva la relación que por tanto tiempo había intentado reparar, y esta situación había ayudado mucho. Rosa no tenía otra opción, quería de nuevo una relación con ambos, y Jorge le dio entender eso con solo mirarlo fijamente. Relajó su semblante y tomó su mano para levantarse, no sin apretarle la mano a Jorge lo más fuerte que pudiera.
-Me parece… que tienes razón –lo miró aun sosteniendo su mano- esta vez estarán solo… como otras veces. Lo sé… porque llevan mi sangre –dijo con orgullo, su semblante reflejaba intensidad- estarán bien –miró a ambos sonriendo- así que nos veremos después-. No dijo más y ambos salieron del departamento. Una vez que Sebastián cerró la puerta detrás de ellos, Rosa exhaló dejando escapar toda preocupación. Jorge no esperó un codazo en sus costillas.
-Estarán bien. –Se rio- no olvide de donde viene su sangre –dijo con sarcasmo.
-Los vas a vigilar, ¿verdad? –Dijo suplicante, mientras tocaba el botón del elevador.
-Por supuesto. Pero no tenían que saber eso –Jorge le sonrió con un guiño cuando se abrieron las puertas-. Hemos visto muchas cosas peores. No será muy difícil para ambos.
-También piensas que Sebastián la ayudara a pesar de tu terquedad, ¿verdad? –Ambos entraron al elevador.
-Jamás se abandonarían esos dos. Por eso ni siquiera esperé la rabieta que le dará por decir que lo hará sola-. Rosa quedó más tranquila, ni siquiera querría saber los detalles de lo que harán. Una sonrisa surgió en su rostro, Jorge también expresó la misma sonrisa cuando el elevador cerró sus puertas.
-No, no me vas a ayudar. –Dijo Tiana sin siquiera haberle hecho una propuesta o pregunta Sebastián.
Soltó una risita juguetona. –Claro, lo que digas –se sentó a su lado- este… ¿a qué hora quieres que iniciemos esto?
Tiana puso sus ojos en blanco; después frotó su rostro por frustración, era innegable que no se apuntara en esta travesía. Ella también lo haría por él.
-No estás tan… enamorada de él, ¿verdad? –No pudo evitar una mueca por incomodidad.
-No, como para no hacerlo –entre cerró los ojos- evitaremos la muerte de inocentes… en un futuro.
Sebastián sintió algo de tristeza en sus palabras. –Podríamos...
-No. Debemos matarlo.
~
Transcurrió el día, Héctor logró ocultar en su semblante una cierta molestia que tenía por no haber podido contactar a Tiana por ningún lado, pero su molestia se expresó por todo su rostro cundo llegó a su casa; estaba más que disgustado por no haberla visto; se sintió frustrado por no poderle ver su cuello d*********o e imaginar sus manos alrededor de ella; debía apresurar las salidas de noche, tal vez un poco cada vez más tarde: ese día tenía que haberla acercado mucha más a él en la confianza. Sentía que solo así tomaría lo que por muchas semanas había fantaseado, Tiana sería su primera vez para ver su alma desvanecerse de sus ojos, ella sería la primera de muchas; un pensamiento que giraba en su cabeza últimamente.
Comenzó a devorar la orden de costillas que había comprado, pero al masticar la tercer pieza… algo no le sabía bien; y no era por el sabor, iba más allá del sazón; solo un momento, solo necesitaba un momento a solas con Tiana, mirarla un poco aunque sea. Se levantó con un poco de brusquedad para ir a su recamara, y fue a su buró a un costado de la cama para sacar una fotografía de ella que estaba debajo de libros sobre fotografías. Al jalar el cajón por un instante sabía que algo estaba mal, no era el peso de siempre, estaba más que algo ligero: todas las fotografías que tenía escondidas estaban ahí, sueltas y boca abajo enseñando la parte blanca con sus notas; de ese mismo color quedó su cara cuando las vio, no hacía falta adivinar si eran sus fotografías secretas, alguien había interrumpido en su casa y sabía lo que hacía.
Por inercia miró por toda la habitación, recorrió todo su departamento en busca de cámaras, micrófonos, o alguien escondido. Todo el tiempo que estuvo buscando alguna señal tenía el aliento entrecortado. Cuando estuvo seguro de que solo estaban sus cámaras de movimientos y de sentirse estar solo y que nadie más lo miraba volvió a su recamara, observó las fotografías aun en el cajón volteadas. Ni siquiera se percató de cuánto tiempo estuvo mirándolas.
Cuando por fin las tomó, esperó que quien haya sido quería mostrarle que sabía sus sucios secretos; nunca imaginó que todas las fotografías estarían rayadas y pintadas; lo que alguna vez había quedado pasmado, algo que solo existía en ese pedazo de papel, se había extinguido para siempre, toda las fotografías que agarraba estaban del mismo estado; hasta llegar a las ultimas: quedó impactado. Eran fotografías de él; de ese mismo día. Sin duda alguna era una amenaza, eso lo hizo sentirse excitado y desafiante de alguna forma.
Había arrojado todas las fotografías en la recamara; las tomaba y arrojaba, hasta llegar a un sobre n***o, abrió sus ojos con asombro cuando miró que era uno de los sobres que él usaba para dejarselos a Tiana, tomó el sobre y lo abrió con impaciencia, había una sola fotografía. Sebastián y Tiana estaban acostados en una cama mirando hacía la cámara con una enorme sonrisa y mostrando señas obscenas con su mano, a la altura de sus pies tenían botes y una especie de cartuchos lo que le parecía a Héctor. Observó con más detenimiento los botes; las etiquetas decían PELIGRO INFLAMABLE, y los cartuchos tenían una cuerda, pensó. La cabecera y las sabanas le fueron muy familiares, se heló cuando vio su cama pensó sonriendo.
Una fuerte explosión hizo vibrar todo el edificio; después un incendio que duró horas.
Tiana y Sebastián se habían encargado de haber desalojado a todas las personas, de los pisos superiores e inferiores, ellos mismos se asombraron de haber podido hacerlo; cada departamento se le tuvo que invitar o inventar una historia, para que las personas estuvieran fuera a esa hora.
Ambos miraron desde la azotea de uno de los edificios de esa misma calle todo el panorama.
Las personas que tuvieron daños colaterales recibieron días después un sobre con bastante dinero y un recado que era muy claro ante las disculpas y que no llamaran a la policía por el sobre; jamás nadie se quejó o denunció después de eso.
Tiana y Sebastián lograron desaparecer del mapa; pensando que habían solucionado el problema.
...TIEMPO ACTUAL...
Héctor no dejaba de apretar el volante durante la carretera, sus ojos no dejaban de estar llenos de excitación, enojo, desesperación, de frustración de por fin haber sabido de ella. La carretera le hacía sentir viajar en un infinito.
-Volveremos a empezar… Tiana. Tus ojos son los primeros que veré… como ya lo tenía pensado.