Los presento

2218 Words
Cuatro años atrás. Había hecho un poco tiempo fuera del edificio para no entrar acalorado y que una gota de sudor revelara lo agitado y nervioso que estaba. Entre susurros se decía así mismo lo que debía pronunciar sí le llegasen a preguntar ciertas cosas. Miró su reloj y prosiguió entrar... Estaba un poco cohibido al mirar la belleza tanto de hombres como mujeres que salían y entraban en el edificio «parece que aquí crean ángeles» pensó. Seguía muy nervioso incluso para pedirle a la recepcionista a que piso debía dirigirse, no se sentía capaz de permanecer en ese lugar, incluso antes de preguntar ya estaba pensando en las otras opciones para las entrevistas de trabajo, esperó que la recepcionista terminara de darles indicaciones a una señoritas, su mirada no podía evitar mirar discretamente a quien subían y bajan del elevador. La risa de una joven que iba entrando al edificio llamó por completa su atención, no es que fuera grosero, pero no destacaba su belleza como los demás, llevaba pantalón de mezclilla, tenías y una sudadera negra, pero tenía algo que hasta ese momento para él, solo ella tenía; carisma, «tiene ángel» pensó. Caminó sin titubeos hasta llegar con la recepcionista e interrumpió la llamada que estaba realizando para preguntarle algo, ya había terminado de dar algunos informes. -Hola, buen día. ¿Disculpa, el señor Víctor Santos, está en el piso ocho? -Buen día, así es. -Dijo amable. -Gracias. Héctor había quedado hipnotizado por ella, era obvio que era su primera vez ahí, y aún así su encanto y seguridad no eran ningún impedimento para verse tan natural; en el fondo le envidió eso a aquella joven. «¿Hasta dónde podría llegar uno con semejante actitud?», miró como esperó el elevador junto a las personas que sí trabajaban en el edificio, antes de que marcará la planta baja el indicador del elevador, ya había terminado su llamada, cuando abrieron las puertas, entró mezclándose con toda la gente, como sí siempre hubiese pertenecido ahí. La recepcionista ya se había dado cuenta de la presencia de Héctor, pero se mantenía a unos metros de ella, lo miró perderse en los números que marcaba en que piso estaba el elevador, pensó que había visto una mujer a la cual se debió haber dicho que era el amor de su vida, «cayó uno más» pensó, pero estaba muy equivocada, fue algo más lo que lo había atraído. Sintió un poco de pena por él y tomó la iniciativa ya que no había gente esperando en el área. -Buen día, ¿necesita algo? -Buen día, -Hector estaba agradecido de que lo devolviera al presente- tengo... -dió unos pasos hacía ella- una cita a las nueve, pero me dijeron que debía avisar en recepción para que pudieran indicarme a qué piso ir. -Sí, entiendo. ¿Con quién tiene la cita? -Con el señor... Víctor Santos. -«¿Qué no preguntó ella también por él?» pensó y lo dudó. Revisó una pequeña libreta, y al asegurarse de su nombre le indicó el piso ocho. -Habrías subido junto con la chica de sudadera negra, también va con el señor Víctor, a él le da prioridades a quienes lleguen más que puntuales. Así que suerte. -Le sonrió y su atención la desvío a un par de ancianos que se habían acercado a ella. Héctor esperaba solo el elevador, intentando entender lo que había dicho, «¿al final resultó que llegué aún así tarde, a pesar de la hora?», se escuchó el timbre del ascensor que había llegado a la planta baja, «¿hasta dónde puede llegar alguien con esa actitud?» pensó de nuevo al sentir que esa joven seguramente le quitaría el puesto. Se sintió agradecido haber subido solo, y que nadie hubiese pedido el elevador; sentía que si quedaba encerrado con semejante bellezas que acababa de ver hace unos escasos minutos, seguramente comenzaría a sudar por los nervios. Sintió muy leve el movimiento cuando llegó al octavo piso, al abrirse las puertas no esperó que él área fuera tan amplía, al fondo había dos secciones a los extremos para tomar las fotografías a las modelos, a cada tantos metros había una cortina translúcida desde el techo hasta el suelo, sobrando tela de más en el piso. Le pareció adornos excéntricos, cada vez era obvio que no iba a permanecer ahí. Una mujer mayor miró a Héctor caminar sin rumbo hacia el fondo; no era su culpa no saber a dónde ir, pero solo había un fotógrafo al fondo con algunas modelos posando. -Hola, tienes cita con Víctor, ¿verdad? -Hola, sí. -«¿Tan obvio me vi?, bueno, al menos no tuve que preguntar? La mujer sacó una fotografía de su chaqueta y se la mostró a Héctor. Para su sorpresa, era él mismo con su cámara colgando de su cuello mientras tocaba una rosa, parecía dar la impresión que la estaba limpiando para después fotografiarla. -Segun Víctor, eres muy bueno. Tendrás que disculparlo, pero no le gusta hablar con la gente, es demasiado tímido, Imagino que solo te dió su tarjeta, y que te presentarás a una cita. -Sí, de hecho. -Descuida... -Se le quedó viendo directamente a los ojos- el trabajo es tuyo. La mirada y semblante de confusión de Héctor lo decía todo. -Es su costumbre de hacer las cosas... Víctor, cuando encuentra a alguien que le llame la atención, solo les da su tarjeta... pocas veces se presenta... y cuando llegan; una vez que me dió la fotografía de la persona, solo espera que lo vea a los ojos, y sí me parece buena persona... se queda. Así que, acompañame a la oficina, y te daré el contrato para que lo leas con calma. La oficina estaba del lado derecho del elevador, estaba rodeada de vidrio dejando entrar la luz de la venta. Era claro que lo habían hecho así para tener visibilidad por ambos lados. Después de firmar su contrato, Héctor fue puesto del lado derecho de las dos secciones que estaban, resultó que el lado izquierdo era para fotografiar a las mujeres, y del lado derecho a los hombres, respectivamente las puertas de los camerinos estaban a solo unos metros de cada sección, y la sección de enmedio que no estaba puesta por el momento era para todo tipo de ocaciones. Cuando había transcurrido las horas, Héctor estaba todavía sin creerse el hecho que ya tenía trabajo, había pasado meses intentando buscar algo de su oficio, y aunque estaba dispuesto a aceptar una mala paga aunque fuese al inició, no esperaba que no sólo lo contrataron de inmediato, sino que la paga era mucho más que en todos los trabajos que había tenido. Margarita, quién fue la que le dió el contrato lo mando en la última hora que quedaba a la sección de mujeres, cuando estaba esperando a la joven que iba a retratar, fue a la única que su expresión no pudo evitar ocultar. Sí, era la misma joven que había pensado que le quitaría el trabajo esa mañana, se sintió apenado y culpable por haberla juzgado así. Intentó mantener serenidad en su rostro mientras ella se acomodaba. Nunca esperó que ella fuera modelo, no hasta que la miró de frente con las luces sobre ella; le pareció incluso la más bella de todas las personas que había retratado ese día, incluso en toda su vida. -Bueno tarde, -dijo un señor detrás de Héctor, quién lo asustó un poco. -Bueno tarde, señor Víctor -dijeron ambos. -Antes que nada, agradezco que vinieran, y no, no quiero que agradezcan nada al respecto. Y como son los nuevos, se que aún no se presentan. Bueno, Héctor, te presento a la nueva modelo Tiana, Tiana te presento al nuevo fotógrafo. -Hola, se dijeron ambos. -Héctor, voy a pedirte que le enseñes, por favor a Tiana como debe posar. Es la primera vez que posa aldrede ante una cámara. -Claro. -Dijo contento al conocerlo. -Y Tiana... solo sonríe. Ella sonrió, y no porque se lo dijera. -Hagan lo que puedan en 15 minutos. Sólo quince, y se preparan para irse a su hora. Los dejaría irse antes, pero saben que deben checar con su tarjeta... y es todo un lío después con la nómina. Así que sólo quince. -Dicho esto se retiró. Agradeció a que Margarita les deja en claro que no le gusta hablar mucho, y él hecho de que ellos comprendieran también. Aunque esperaba una lluvia de preguntas por parte de Tiana. Al transcurrir los quince minutos, Héctor había hecho solo una fotografía de Tiana, era la primera vez que debía guiar a alguien. Aunque en el fondo lo agradeció, ya que aún no había tenido ese tipo de experiencia, y ella en ese aspecto le facilitaba las cosas sin sentirse presionado. Una vez que Tiana se retiró al camerino, Héctor hecho un vistazo a todas las fotografías que había realizado. Pero no había duda, Tiana era de otro mundo con su belleza, o eso pensaba Héctor. Habían transcurrido seis mes desde que Héctor sentía estar en el mejor trabajo del mundo, porque incluso en el, estaba alguien con quien comenzaba a tener coqueteos que se dirigían a una relación. Tiana comenzaba a enamorarse de Héctor, pero sentía que debía esperar; no sabía que, pero trataba de esperar. Había ocaciones que no podía evitar sus sentimientos, así que los empezó a limitar con sonrisas que solo a él le dirigía. Al pasar dos meses decidieron ambos dar un paso a tener una salida de solo compañeros. Ambos sentían lo mismo por el otro, pero no se daban cuenta. Una vez Tiana quiso sorprender a Héctor en su cumpleaños llevándole un pequeño globo en forma de cámara con un panque de nuez, así que lo esperó en la estación que siempre tomaba a unas calles de su casa. Había un anunció dividiendo el pasillo, pero en está ocasión, el anuncia era de vidrios de doble vista, se le hizo muy curioso, así que decidió esperar del lado dónde podía ver, mientras que Héctor debía llegar del lado dónde se vería su propio reflejo. Se emocionó Tiana cuando lo vió de lejos, tanto que sentía que mantenía una sonrisa muy boba para ella, le agradó el hecho que incluso ese día llevaba unos zapatos nuevos color vino, jamás imaginaria que ella estuviera del otro lado del anuncio, «¿y sí tiene a otra?, pues que de una vez se sepa» pensó aún así con una sonrisa. Héctor se detuvo justo a lado del anuncio, Tiana iba a saltar para asustarlo, pero un grito en la vías fue lo que la asustó a ella. Héctor y Tiana miraron como el tren que llegaba había ahogado los gritos de la mujer dejando el piso y algunas personas bañadas de sangre. La escena fue tan fuerte que Tiana no quería hacer nada más que salir, sin saber que decirle realmente. Dió un pasó y miró a Héctor todavía a través del vidrio... Tenía su mano cubriendo su boca... más bien cubría una sonrisa. Tiana no entendió como podía tener esa expresión de excitación por lo que acababa de ocurrir, él Héctor gentil, educado y agradable; unas de las razones por el cual había experimentado sentimientos por él, se desvanecía junto a cada respiración agitada que tenía él. Tiana se quedó pasmada mirándolo del otro lado del vidrio, sus ojos todavía no podían creer lo que tenía frente a ella; Héctor sacó de su bolsillo una cámara digital pequeña, y sin que nadie se diera cuenta, tomó una foto. Su sonrisa seguía igual cuando miró la pequeña pantalla. Tiana se sentía horrorizada y asqueada, quería correr, pero sus zapatos hasta ese momento eran invisibles para él, si llegase a moverse sentía que él lo notaría y tal vez se asomaría para averiguar si lo habían visto tomar una foto; cual hubiese sido su sorpresa sí hubiera visto que todo ese tiempo, ella lo estaba viendo. Tiana no tenía ganas de hablar en ese momento con él, así que no se movió; pero él tampoco lo hacía. Héctor sacó su celular; pensó que también iba a tomar una foto, pero no fue así, miró que buscaba algo en la agenda, y vio su nombre. Le estaba escribiendo un mensaje, y antes que lo mandara, Tiana silencio su celular, el tono de sus mensajes no eran muy peculiar, así que sería tan obvió que llamaría su atención. No tardó mucho en escribirle. Tiana sintió la vibración del mensaje llegado, se arrepintió por leerlos casi siempre de inmediato, así que lo abriro: ...No se como sentirme, seguramente me siento tan mal, que no se cómo llevarlo, acabo de presenciar lo más horrible de mi vida, hubo un accidente en el metro. ¡Es tan triste! Parece que una mujer murió. Qué desgracia, estoy incluso llorando... ¿Crees que podamos tomar un café antes de entrar al trabajo? De verdad me siento triste y mal. Tiana lo volvió a mirar, su sonrisa no desaparecía de un rostro que desconocía. No esperó a que le respondiera, guardo su celular, y se encaminó hacia la m******d, no sin sacar de nuevo la cámara sin que se viera. Tiana salió corriendo hacia la salida dejando caer el globo y el panque en la basura cuando salió de ahí.
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