Cambiaste

2370 Words
-Cuando estaba en el suelo después de que me atravesará esa espada, por cierto, con un dolor imposible de describir... no estoy seguro cuanto tiempo pasó que estuve inconsciente, la vedad, no sé si me perdí de algo más... lo que sí recuerdo, fue escucharte gritar, -Sebastián se sintió apenado saber que su muerte le afectaría a Tiana, no pudo evitar mirar sus manos para no verla, quería evitar que sus ojos se cristalizaran- al abrir los ojos; y juraría incluso que hasta en ese instante volví a respirar, con dificultad, claro. De no haberlo hecho, diría que alguien más apareció en ese momento -miró a Tiana, ya no tenía el sentimiento de querer llorar- Tú... cambiaste. Literalmente cambiaste... tu cabello se tornó en color rojo, al igual que tus ojos. ¿Recuerdas el color que Nerón tuvo...? -Tiana asintió con la cabeza- también el de esa mujer... Rosa, sus ojos también tomaron un color antinatural. Pues esa clase de tono, aparecieron en tus ojos... y cabello. Tiana se quedó callada. Pensó que solo en esa cuestión a Sebastián le había afectado por todo lo que había pasado. Tiana no había sentido ningún cambio, así que los detalles que él daba no la convencían simplemente. -Tú cara lo dice todo, no estoy mintiendo -dijo y suspiró- así que debes creerme y no tomarme por idiota que fue afectado por todo lo que pase. Tiana sonrió por sus palabras. -Tú eres... Lilith, y esa luna es tuya... al parecer. Tiana siguió callada. -Nerón a esperado por tí todo este tiempo para ser liberado... él y otros que estén ahí. En ese mundo. Tiana estuvo a punto de decir algo, pero se arrepintió de inmediato. -Supongo que... te es difícil de creer. -Dijo Sebastián. Afirmó con la cabeza Tiana. -Yo tampoco lo creería de alguien que le han metido de todo a la sangre. -Se llevó su mano a la cabeza, sintió enredado su cabello. -Dejame adivinar, aunque no me creas, mis palabras están haciendo que en este momento sientes una pizca de empatía por Nerón, por el simple hecho de que... nos salvó la vida... aunque tú también me salvaste la vida cuando estuvimos en peligro ... y luego Jorge me salvó de nuevo usando tu sangre... y que al final también te salvó la vida, supongo. Que encrucijada, ¿no crees? Tiana solo suspiró, era lo que pasó. -Se que tienes muchas dudas sobre lo que dije, de tu cabello y ojos... otro punto es que en este momento -pasó sus manos sobre su costado- no me siento mal, es decir, me siento muy bien, sí es obvio que fue gracias a Jorge, los médicos y enfermeras... pero tú sangre debe haber hecho algún efecto que me hace recuperarme muy... muy rápido. Así que por eso no tengo la menor duda de lo que vi, Tiana. Tú eres Lilith. -Lo dijo con un tono de voz serio, fue como escuchar un narrador mencionando sorpresivamente quién era el asesino serial. Tiana cubrió sus labios con sus dedos, [de hecho comenzó a jugar con ellos toqueteandolos]. Sentía alivio saber que Sebastián se sintiera mejor, y que prácticamente ya estaba fuera de peligro. -Me pregunto... que sentirá la abuela si se entera que tú eres la heredera de nuestra tatatara abuela... no se cuántas trataras sean -dijo burlon-. Nerón dijo que la abuela estaba enamorada de él, así que te verá como una rival amorosa. Tiana expresó disgusto a la idea de que su abuela le quisiera dar pelea por un anciano que se veía joven. -¿En verdad... no sentiste nada cuando cambiaste de color de cabello? -Dijo curioso. -No. Nada. -Miró al techo como si tratara de buscar algo que le dijera lo contrario. -¿No viste rojo el lugar con tus ojos rojos? -Siendo así, tu también debiste tener ojos rojos, ¿olvidaste que tanto en el cuarto secreto, como en el exterior hubo luz roja? -Es verdad... -Dijo pensante. -Puede que incluso sintieras una habilidad nueva -Pues... acabe con una especie de animales sin dificultad. -¿Cuáles animales? -Cuando... te vi morir... a mi parecer, aparecieron unas bestias grandes, no recuerdo cuántas eran, pero más de tres sí estoy segura. Lo que hice fue sacar la espada que te tenía como brocheta... Sebastián se aguantó la carcajada. -Y con esa misma espada... los mate sin ninguna dificultad. Sebastián chasqueó los dedos -eso pasa entonces, no habrás sentido nada fuera de lo normal talvez por lo que sucedió, por lo que pasabas en ese momento, porque lo que acabas de decir que hiciste... no creo que pudieras acabar ni con un puerco en tus sentidos. Sin ofender. Levantó su mano en señal de no haberse ofendido. Un puerco enorme, ¿verdad? -Exacto. -Sí yo soy... Lilith. -Levantó las cejas al sentirse extraña diciéndose así- ¿porqué Nerón no me dijo nada? Ni siquiera me detuvo. -Desde que te vi con cabello rojo, no supe más de mi. Puede que... sea mi culpa. Tal vez... prefirió ayudarte, ayudarnos para que después lo ayudarás a él. Yo lo hubiese hecho. Sí la única llave está en tu sangre, era mejor tenerte de mi lado. -Ni siquiera sabemos nada de ese lugar, ¿y ya hablamos de ayudar? -No se explicó porqué se sintió nerviosa. -Bueno, yo no he dicho que hay que liberar a Nerón y sus amigos. Tampoco sabemos nada. Pero lo que sí es un hecho, esque hay magia en ti. -Sonrió- y si bien me va... también me pasate un poco en mí, aunque sería ya mucha avaricia de mi parte. Ambos comenzaron a reír. Tiana miró la lámpara del techo y después extendió su mano [intentaba apagarlo]. No pasó nada. -No debe ser fácil. -Sebastián también lo intentó, ambos comenzaron a extender los brazos intentando apagar o mover cosas, nada sucedió- a lo mejor solo lo podrás hacer en la casa. -Se levantó para ir al baño, cuando estuvo de pie negó la ayuda de Tiana, tomó el tripie del suero y comenzó a caminar- te diré algo, el hecho de que me sienta bien, no significa que no me duela el cuerpo como si hubiese ido al gimnasio el día de ayer, y hoy me pasó la factura el dolor en las piernas. -Caminó quejándose Cuando cerró la puerta, Tiana se quedó pensante al hecho de que pudiera ser esa persona de cabello pelirrojo. Ya era algo increíble de creer que existiera un mundo donde hay una abertura que abarca todo el mes de julio. El ruido de la orina cayendo en el escusado hizo que buscara el control para encender la televisión, una vez que lo tomó del mueble a un lado de la cama, Sebastián dijo algo un poco sorprendido, fue más un pequeño susurró que no fue posible escucharlo. Bajó la palanca y después abrió el agua del lavabo. Cuando Sebastián salió su expresión era de impaciencia por decir algo. -¡Ya me acordé! Bueno, dos cosas... la primera no estoy seguro, pero la segunda sí. -Regresó a la cama, y una vez que se acomodó jadeó por el cansancio- primero que nada, si tú sangre me afectó... que pésima condición tienes -suspiró, Tiana solo sonrió- bueno, la primera es... cuando te vi con cabello y ojos rojos... la luna estaba iluminando el lugar, ¿cierto? -Me parece que sí. -Eso quiere decir que... solo cambias bajo la luna roja... eso explicaría porque no tuviste cambio alguno cuando salimos del estudio y nos escondimos bajo el árbol de jacaranda. -¿Qué no se supone que antes tenías mala memoria? -Entre lo sucedido y el chisme... Uno hace esfuerzos. Bueno, esa es mi teoría, puede que sí, y no. Tendríamos... es una suposición... tendríamos que volver y esperar que la luna salga para quitarnos la duda... ¡Y la segunda cosa! -Esta vez Sebastián había gritado, Tiana lo calló de inmediato. Se cubrió la boca al saber que había hecho mucho ruido. Guardaron silencio unos segundos, y no lo habían hecho en valde, no tardó en entrar la enfermera que había visto Sebastián cuando despertó. -¿Sucede algo, esta bien? -Lo miró en busca de una anomalía. -Estoy bien, lamento el mal entendido -dijo apenado. La expresión de la enfermera fue preocupante -¡señor Sebastián, -se sintió raro que le dijera señor- ¿porque se quitó los aparatos?! -Se acercó a él para volverle a colocar la máquina de signos vitales. -Es que tenía que ir al baño. -No tenía porque levantarse, mucho menos desconectarse de los aparatos, hubiera pedido un comodo, o pato. No se cómo lo conozcan ustedes. -No era necesario, ya me siento mejor... -se arrepintió de inmediato al decir eso. La enfermera lo miró con extrañeza, ¿cómo alguien que había llegado con esas heridas podía incorporarse, y mucho más increíble levantarse para ir al baño? -No cabe duda... que son familiares del señor Jorge y la señora Rosa. -Les sonrió a ambos, tenía un ángel para tratar a las personas, aún así volvió a colocarle para tener en el monitor sus signos vitales, y se retiró después de eso, no sin decir antes decirle que la llamaran sí requerían algo. -Eso fue raro -dijo Sebastián- este hospital no se asusta con estas cosas. -Te lo dije. Puede que sí se asusten y asombre... pero saben guardar secretos. ¿Quién sabe que tanto podrían contarnos sobre las cosas raras que ven aquí? -¿Qué te estaba diciendo? -Se rascó la cabeza Sebastián. -Dijiste una de las dos cosas... Sebastián estuvo a punto de volver a gritar [se mordió la lengua]. Cerró los ojos como si tratara de recordar algo -cuando salimos del estudio... cuando esa persona que cayó de arriba y entró a pelearse con Nerón y la mujer... no lo sé y tampoco preguntes porque lo hice... pero en ese momento gire la cabeza... y juro -levantó su mano- que muy lejos de ahí vi una inmensa... más bien diría que era un castillo. No un castillo cuadrado... no, no, no, ese tipo de castillo que tiene como muchas puntitas, era inmenso y precioso... que por cierto era un tono, valga la redundancia... rojo oscuro. -¿Un castillo? -Estaba sorprendida y entusiasmada. -Lo sé, es imposible dentro de lo que ya es posible para nosotros. Pero te juro que vi un castillo de dimensión impresionantes. Pueda que viva ahí Nerón. -Puede... -Divagó su mente en imaginarlo. -Si se supone que la casa entra en ese mundo cada julio, el resto de los meses está libre... no creo que Nerón viva y duerma en la pradera acostado en el pasto. -Para que tenga un castillo... ¿Qué tan grande es el terreno de la abuela? -Estoy seguro que no debe ser nada pequeño, si vi esas dimensiones. Ambos guardaron silencio un par de minutos. -¿No te da curiosidad... conocer ese mundo? -Dijo Sebastián. -Por supuesto que sí, aunque a estas alturas sabemos que no es seguro, sí dan ganas de conocer el lugar. -Que nos haga un tour Nerón ¿no crees? Le provocó risa a Sebastián. -No dudo que te dará un trato especial. Se avergonzó Tiana. -Temo que lo mejor será, conocer primero el mundo desde afuera, podríamos empezar y que nos platique Jorge, como es su mundo. -La abuela también tendrá que decirnos de una vez todo lo que sabe. -¿Quieres que le digamos...? -No. -Dijo Tiana. No sabemos si nos beneficie. Puede que incluso se guarde algunas cosas. -Aún no te la crees ¿verdad? Que puedas cambiar de color. -Es difícil imaginarme... y también es raro que alguien sin conocer me ha estado esperando por tanto tiempo. -Tiana comenzó a sentir su rostro calentarse, estaba a punto de que su cara se pusiera roja, así que intentó decir algo más- eh... se me acaba de ocurrir algo. -Levantó su cabello para refrescarse un poco- hace días vi que las enfermeras guardan pelucas para animar a veces a los niños que están graves. Podría pedir una peluca, roja por supuesto, y fingir enfrente de la abuela... puede que así sabremos que reacción tenga. -Me gusta la idea... sinceramente quiero ver su expresión. -Dijo con una sonrisa malvada-. Sabés, cuando desperté y pedí que te llamarán, de verdad yo esperaba verte con el cabello y ojos rojos. Te ves muy bien por cierto. -Le guiñó. Tiana no pudo evitar sonreír. Un piso arriba de ellos una conversación estaba a punto de cambiar la tranquilidad mental de alguien. Clara no había dormido bien en días, esa había sido la causa del porque se había equivocado no sólo de cuarto, si no también de piso donde se encontraba su hermana hospitalizada, no dejaba de pensar donde había visto a la mujer cuando abrió por error la habitación. Después de atender, y platicar con su hermana Leticia, salió una vez que ella se había quedado dormida para hacer unas llamadas; una vez que se comunicó con sus padres, su novio y una amiga, recordó que su jefe de alguna forma quería saber también el estado de su hermana. Una vez que busco el contacto de su jefe en el teléfono, se percató que debajo de él estaba el nombre de Héctor, un viejo amigo, tenía meses que no hablaba con él, fue en ese instante que recordó a la mujer que había visto en la habitación de abajo. Su rostro se desencajó, y su boca se fue formando una sonrisa psicópata. Le era difícil de creer que la encontrara en ese aspecto, y en ese lugar, que pequeño es el mundo; siguió diciéndose esa frase en un susurro hasta el punto de solo mover sus labios. Entró de nuevo al cuarto donde estaba su hermana, cuando la escucho dormir volvió a salir, buscó de nuevo el nombre en su teléfono y marcó; no importó la hora. Estaba segura que era ella, y no iba a perder un solo minuto. -Sí, bueno. -La voz se escuchó cansada -Hola Héctor. -Clara... ¿que quieres a esta hora? ¿Murió tu hermana? -Idiota... no. -¿Entonces que quieres? -¿A qué no adivinas, que te trajo el diablo?
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