Tiana dió un brinco al despertar, se incorporó un poco y miró la habitación del hotel pensando por un momento que hacía ahí. Había una sola maleta que no era suya, se incorporó más y sintió el pequeño bolso n***o aún atravesado moverse de lado.
-Ah, cierto. El idiota de Sebastián.
Miró la hora, casi era media noche. Ya no se escuchaba la lluvia y decidió asomarse a la ventana, unas llamativas luces de colores llamaban toda la atención del lugar: era la feria a la que iba con sus papás de niña cuando venían a visitar a la abuela. La entrada del hotel daba dirección a la feria, había mucha gente ir y venir en la calle.
- Sí, que es mucha gente. «¿Hata que hora estarán?» pensó con curiosidad, ya que la vida y su horario para la feria era muy diferente a lo que ella conocía. Le habría gustado ir, pero preferiría descansar, así que cerró la cortina, al dar unos pasos, algo en su mente presentía que debía volver a abrir de nuevo la ventana. Recorrió las cortinas para ver otra vez las luces: algo comenzaba a tener sentido, así que se habló en voz alta.
-Un momento... la dirección de la casa está muy lejos -miró a unas niñas en la calle con pelucas rojas- ¿como es que llegué a la casa de la abuela cuando me perdí, sí se supone que solo se llega por carretera? ¿Qué tan largo es la feria? Al menos que la chica de los taxis mintiera.
Decidió ir a recepción para ser algunas preguntas, no sin antes revisar sí en la maleta había algún tipo de abrigo. Supuso que Jorge era quien había seleccionado las prendas «tiene estilo, y sabe dar estilo» pensó cuando vió la gabardina negra, se veía cómoda y caliente.
Salió de la habitación, y desde el pasillo hasta la recepción notó bastante movimiento.
-Buenas noches. -dijo al recepcionista.
-Sí, buenas noches. ¿En qué la puedo ayudar?
-¿Sabrá hasta qué hora está la feria? -dijo mientras intentaba no ver la cicatriz de su ceja, aunque le hacía ver bastante atractivo.
-¿La feria? -pensó unos segundos.- Tengo entendido, que estos últimos días estarán hasta las dos de la mañana. -En ese momento sonó la alerta de algún reloj que no supo dónde estaba, dando señal de ser media noche.- Si gusta ir, le aseguro que no tardará más de una hora en recorrer al menos la mitad de la feria, -miró la confusión de Tiana- la calle que da hacia la feria, es prácticamente la mitad de todo lo que abarca, si se da cuenta hay mucha gente, y también mucha seguridad.
Tiana estaba de acuerdo en eso, siempre le pareció muy seguro el pueblo, a excepción de ese día. Sacó su celular para mostrar la dirección de la carretera; esperaba una respuesta positiva.
-¿Sabrá si hay otra forma de llegar a esta dirección?
-Eh... a una calle terminando la feria, claro que sería del lado izquierdo. -Dijo con cierto tono de asombro.
Tiana no notó la actitud de sorpresa que él tomó. Pero estaba tan feliz, no esperaba ese golpe de suerte, y su reacción fue una sonrisa de respuesta que no esperaba dar. El recepcionista se sonrojó al verla sonreír.
-Casi nadie, -dijo nervioso- casi nadie sabe que la dirección que busca por la carretera, es el mismo terreno que da a una casa en este pueblo. Como verá, es un terreno de hectáreas. -Era obvio que Tiana no era de por ahí, no supo sí advertirle sobre las leyendas de ese lugar. Pero se llegó a sentir cada vez más nervioso al verla, que decidió no decirle nada, tal vez evitaría verse tonto contándole cosas de niños. Tocó su cicatriz sin darse cuenta, hasta que las risas de una pareja lo volvió en sí, bajando la mano con sigilo.
-Gracias, sí iré a la feria. Te lo agradezco.
El recepcionista comenzó a sentir calor, incluso cuando la vió pasando las puertas del hotel. Tiana rebosaba de felicidad, todo ese tiempo pensó que la casa estaba cerca de la carretera, todo tenía sentido, cuando llegaba con sus papás por medio de la carretera, siempre daban primero un recorrido a caballo. Todo ese tiempo pensó que era a petición de ella. Se dió cuenta el error que estaba por cometer en la mañana. Las llaves que le dio su abuela, eran exclusivamente solo de la casa.
-La abuela debió suponer que sabía exactamente dónde llegar. Pero las fachadas... de la carretera y de la casa son... nada que ver. Sí que estoy idiota al nunca notar ese detalle.
La feria se veía maravillosa, los juegos mecánicos, los puestos de comida, postres y juegos para ganar premios, todo lo quería ver; la rueda de la fortuna tenía un inmenso tamaño que era lo más atractivo hasta el momento. Tenia ganas de ver y disfrutar la feria, pero decidió caminar rápido para acabar todo esto.
Llegó al final de la feria, y las calles a lo lejos eran tranquilas. Todo se veía muy diferente ahora, no miraba peligro alguno. Miró hacia una familia que seguro iba de regreso a su hogar, y fue como si recordara ver a su abuela y a Jorge caminar cuando era niña. Sabía hacia donde ir, y después de caminar unos metros reconoció la esquina, en esa calle estaba la casa de la abuela. Cuando dio vuelta en la esquina, algo sí estaba segura en ese momento, la calle, esa misma calle, se veía tan tétrica como la recordaba. Caminó un poco despacio, había mucho silencio que sintió sus pisadas demasiado ruidosas, casi totos los hogares tenían ya sus luces apagadas, al acercarse a la casa de la abuela notó algunas luces encendidas, miró y sujetó la reja.
-Sí que estaba enana, -sonrió al notar la reja poco más alta que ella. Sacó las únicas tres llaves que le dieron, y una era peculiarmente bastante diferente y gruesa. Era lógico que esa llave abría la reja pero no fue necesario introducir la llave, la reja estaba abierta. Cómo odió el rechinido de las bisagras cuando la abrió, miró la casa, y dudó si lo mejor era cerrarla.
No dejaba de mirar las casas de enfrente y la calle; no se decidía.
-A estas alturas... -susurró y dejó la reja abierta- será más fácil escapar. Aunque ya es el último día de junio.
El patio se veía espectacular, estaba muy bien cuidado; y no solo el jardín, la casa era hermosa. «Que lástima, casas vemos, monstruos no sabemos» pensó, y sin darse cuenta, comenzó a caminar con las puntas de sus pies. Subió los escalones e intentó adivinar cuale de las dos llaves debía abrir la puerta de la casa, para su sorpresa, la puerta estaba solo emparejada.
«No, me chinguen» su pensamiento fue inevitable, sintió dolor en el estómago porqué se volviera a repetir su recuerdo.
«¡No, no, no. Ya quedamos con que es diferente ahora» abrió la puerta con sigilo, «al menos, que se metieran a robar», siguió de pie sujetando la puerta, intentaba escuchar a Sebastián en alguna parte de la casa. También miraba hacia el jardín y parte de la calle. En otras circunstancias el silencio le habría sido agradable.
Un lamento al fondo de la casa hizo que Tiana se pusiera a la defensiva. Cuando volvió a escucharlo no supo de que planta provenía, pero reconocía ese lamento tan miserable. Sebastián estaba en la casa. Entró con total confianza, los lamentos de Sebastián casi siempre eran porque había hecho una estupidez y en raros casos no tenían remedio. Sintió el pasillo más pequeño, al ver las escaleras ni siquiera la hicieron recordar aquella vez. Lo único nuevo que notó fue un espejo largo en la pared.
-¡¿Sebastián?! -dirigió la voz hacia el hueco de la escalera.
-¡¿Tiana?! -La voz prevenía de la parte de arriba. -¡Arriba! Bendito seas... -escuchó decir.
Subió las escaleras apreciando por primera vez el barandal de madera. Tenía detalles tan finos que cruzó por su cabeza el hecho de que esa casa podría ser suya. Sí acepta el acuerdo que pidió su abuela.
-¿Dónde estás? -La casa tenía 6 recamaras, sería irritante buscarlo por recámara. Tiana no recibió respuesta, solo escuchó un quejido de Sebastián. Reconoció de que recámara provenía. La puerta estaba abierta pero no lo vió, una luz proveniente cerca de la cama llamó la atención, Sebastián estaba en el baño. Cuándo Tiana entró y se asomó al baño quedó estupefacta, Sebastián tenía sangre en la mitad de la cara, cuello y gran parte de su camisa.
-¡¿Qué carajos te pasó?!
-Sebastián sostenía una aguja a la altura de su frente, se giró hacia Tiana y puso ojos suplicantes. -¿Me ayudas? -Tenía una profunda cortada que atravesaba su ceja izquierda.
Lo sentó en la tapa de la taza, el lavabo y parte del suelo estaba manchados de sangre, el botiquín estaba revuelto, y en el lavabo tenía cosas regadas, era obvio que había entrado en desesperación.
Desde hace años Tiana y Sebastián habían ido a cursos de enfermería, llegó a ser tan necesario que supieran curar cosas básicas como en ésta ocasión.
-Eres una bendición, Tiana -suspiró de alegría.
Se quejó un poco cuando tubo que revisar que tan profunda era la herida; ya había dejado de sangrar, Sebastián apenas se había dado un punto de sutura.
-Hice lo mejor que pude para limpiar y revisar la herida, pero suturar la herida fue... -alzó sus manos y las dejó en horizontal- mira, sigo temblando.
-¿Cómo te cortaste? ¿Te caíste?
-Estaba en el despacho de la abuela, organizando sus papeles, y pagos. Me tardé más de lo que pensaba en hacer todo eso, pero había pagos que la iban a meter en broncas con hacienda.
-Si que sigue ganando bien la abuela -dijo.
Sebastián afirmó con la cabeza- aunque dona bastante dinero a diferentes lugares... ¡¿Y tú qué haces aquí?! Qué no dijiste que jamás vendrías a la casa de la abuela.
-Las cosas... cambian. -Tiana miró las puntadas que llevaba; no lo hacía tan mal. Y más porque esa cicatriz sería muy notorio. Lo mejor que podía hacer, era cocerlo bien- ¿Y... te cortaste con...?
-EN SU DESPACHO, HAY UN CUARTO SECRETO. -extendió su sonrisa con cierta maldad.
Tiana detuvo la aguja, no recordaba algo así, aunque era el derecho de la abuela no decir nada.
-¡Pinche abuela! Ahorita que lo veas... -Sebastián intentaba de verdad no reírse para no moverse.
-¿Demasiado perturbador? -Dijo sonriendo ante la risa contagiosa de Sebastián.
-Se me quemaron los ojos saber que ella vive aquí... ¡Y CON JORGE! -Dio carcajadas- ¡auch!
-¡Deja de moverte animal!, -sonrió- o puedes tomarlo como karma por burlarte de la abuela.
-Bueno... -suspiró para tranquilizarse y dejar que Tiana terminara sin que lo volviera a picar por accidente.
-Hay un botón secreto; no sabría decirte con exactitud donde está, pero ahorita que lo vea sabré más o menos dónde es. Al abrirse la puerta... secretilla, hice lo que cualquier chismoso haría. Al inspeccionar vi unas ¡cosas!... qué mejor me salí, y por inercia cerré los ojos para olvidar... borrar... tú me entiendes. Pues me tropecé yo solito, fue más rápida la caída que abrir mis ojos. Sí sentí que golpee algo con la frente, y sentí algo caliente escurrir por la cara. Me vi en el espejo del pasillo y la sangre no dejaba de salir. Me salí hasta la calle para buscar un taxi he ir a un hospital. Olvidando que estaba en estos rumbos; por la feria no había taxis, el hospital esta muy lejos y ya era muy noche... Y los vecinos nunca han sido muy, amigables de esta calle... oye, espera ¿Qué hora es?
-Debe ser casi la una... o más bien pasado de la una.
-¿Y, porqué carajos viniste a esta hora y sola? Me hubieras llamado. ¿Todo bien, Tiana?
-Pues resulta, que la abuela me mandó una carta, pidiendo que le viera en el hospital. Dijo que tú estabas aquí, pero que no habías contestado el teléfono, como el clima era horrible me fui al hotel Cien Árboles, y resulta que yo no sabía que está casa conectaba con la entrada de la carretera. Y heme aquí.
-Hace un año también me enteré bien de como estaba la dirección. No creas que vengo seguido, paradón años para que viniera después de lo que me contaste.
-La... mirada de la abuela suplicaba que viniera por su nieto favorito; su campeón. No lo dijo así, pero sabemos que es verdad.
-Ah, que tú eres la consentida, ¿no?
-Me quiere heredar la casa.
-Piche abuela, y yo en chinga como su burro. -suspiró.- Me apartas una habitación para mi solito, como un departamento, pero chiquito.
-Le dije que no la quiero. -Cortó el hilo dando fin a la sutura.
¿Lo dijiste por educación, o por pendeja?
Tiana miró a Sebastián antes de tomar una gasa.
-Hay algo que debes saber de la casa.
-Descuida, ya lo vi y casi pierdo un ojo de lo perturbador... ¿Dejé la puerta y reja abierta?
-Sí.
Sebastián se levantó para mirarse en el espejo, Tiana tenía un don para suturar muy bien las heridas.
-Gracias, Tiana. -No le interesaba que llegara a tener una cicatriz, se conformó con no haberse cocido él. Sebastián se agachó y puso sus ojos grises a la altura de los ojos marrón de Tiana para que le pusiera la gasa.
Sebastián tomó una toalla para mojarla y limpiar el resto de sangre que tenía en el cuerpo, Tiana trató de limpiar algo del desastre que había en el baño.
-Es mejor que te bañes. Pero hasta el hotel.
-Es broma, ¿no? -dijo mientras limpiaba su pecho.- Tengo flojera, estoy cansado y también tengo sueño...
-Hablo en serio, de camino al hotel te diré el porqué. Puede que alcancemos pocos puestos en la feria.
Sebastián sabía bien que no debió ser fácil ir a la casa, así que cumpliría con su petición.
-Ayer fui, está muy padre, -vostezó- en serio solo quiero dormir -la miró haciendo un último intento, su semblante lo decía todo, ella no se quedaría- está bien, pero aunque tengo sueño... no es tanto para enseñarte el cuarto. -Sebastián se veía animado, como un niño cuando quiere presumir un juguete nuevo- primero eso y después subo por mi maleta. Pero también tengo que limpiar bien la sangre, tal vez no te diste cuenta, pero dejaba gotas por todo el camina.
-No me fijé en eso. Déjalo así, que lo limpien en agosto.
-¿Agosto? ¿Pues que no limpian en Julio, o qué?
Tiana salió del baño y se percató de las gotas de sangre que mencionó, el pasillo y las escalera también tenían gotas, «cómo no me percate de eso» pensó al bajar primero las escaleras. Sebastián bajaba los escalones con pesar.
-Iré a cerrar la reja, -la brisa de la noche era fresca y aún olía a tierra húmeda, fue tan agradable que sintió ánimos de quedarse una noche más en el hotel para ir a la feria con Sebastián. Cerró la puerta de la casa, Sebastián estaba sentado en los primero escalones, su mirada era sombría, su aspecto era perfecto para formar parte de una historia de amor apasionado, siendo él, el chico apuesto y malo que al final haría arder el mundo si era necesario para estar con su amada. «O amado» pensó Tiana sin sonreír, para no tener que darle explicaciones de porque lo hacía.
-Tenías razón, dejaste un caminito de la entrada hasta el baño de arriba
-¿Por que cierras? Sí ya nos vamos.
-¿Inercia?
Sebastián se incorporó y entró al despacho, Tiana lo siguió, el lugar estaba tal cual lo recordaba, incluyendo el aroma a vainilla de las velas. Las gotas se detenían hasta el escritorio, y en la orilla sobresalía la punta de un abre cartas, se veía limpia, así que Tiana paso su índice sobre el filo, apenas tuvo una línea roja. Le mostró a Sebastián con que se había cortado, solo se limitó solo a abrir los ojos por lo que posiblemente hubiera pasado algo peor. Tiana puso el abre cartas en una caja con plumas y tijeras, supuso que ahí iba. Pasaron unos minutos; se había sentado en el sofá del despacho, mirando como Sebastián se quejaba a todo lo que tocaba en la pared detrás del escritorio, toda la pared tenía figuras de madera, e incrustaciones de piedras, ;la abuela era algo extravagante.
-¿Seguro que no es un palanca, y no un botón?
-Es un botón, -giró para ver a Tiana- porque sentí como se hundía -recargó su mano en la pared y accionó el mecanismo para abrir la puerta, era algo discreta, apenas tan ancha para que alguien delgado entrará sin problemas.- ¡Y así la abrí...! Sin saber cómo... otra vez.
Tiana se levantó, todo era muy misteriosos, Sebastián tuvo que agacharse un poco, tocó la pared para encontrar el apagador, las escaleras y la habitación abajo se encendieron.
-No dijiste que habían escaleras hacia abajo. -Dijo sorprendida.
-Detalles, detalles.
-Imaginé que sería solo un cuartito, ya que no cuadraba el espacio en la casa para un cuarto secreto grande.
Bajaron las escaleras, cuando llegaron al final a simple vista tenía todo lo necesario el cuarto, baño, cocina, cama, sofá, y todos los electrodomésticos. La pared de la cama era la única que estaba pintada de rojo carmín.
Cuando Tiana se acerco a la cama, miró esposas en cada esquina, un pequeño mueble a lado de la cama colgaban diferentes látigos que solo encontraba en tiendas de s*x shops, sintió escalofrío saber que la abuela tenía esos gustos, había un sofá que solo veía en anuncios de hoteles para amantes, había al menos tres cuadros por pared no muy grandes, eran pinturas al estilo victoriano, solo que cada una tenía muy explicito la anatomía del hombre y mujer interactuando muy erótico. A Tiana le gustaron. El baño tenía un pequeño acceso a un armario independiente, la ropa era muy variada, pero todo era exclusivamente para seducir.
-¡Suficiente! Por salud mental aquí lo dejamos.
-Jaja, tampoco quieres revisar los cajones, ¿verdad? Sebastián no se había movido de la escalera.
-No, suficiente con el panorama.
-Mira esto, -Sebastián giró un botón de colores y las luces comenzaron a cambiar de color; rojo, azul, rosa, lila...
-Ya deja eso. Qué el gato se murió por saber -Tiana se rió por el cuarto escondido de pasiones de la abuela.
-Que diferente lo toma uno, cuando sabe a quién pertenece. No me molestaría una cama así, pero dormir... en esa misma -hizo temblar todo su cuerpo y riendo al mismo tiempo.
-Tú que crees que nos haga si se entera que entramos.
-¡JA!...¿Traernos aquí? -dijo burlón.
Tiana hizo una mueca de desagrado. -Que asco tu chiste. Al que a de traer de castigo abajo, debe ser a Jorge -soltó una carcajada.
-Tines razón, por salud mental lo dejamos aquí -Sebastián comenzó a subir las escaleras- por cierto, des-cu-brí -se giró para ver a Tiana dejando el pie derecho en el aire- que Jorge... -bajó la voz como si alguien más, o el mismo Jorge escuchara- era un mercenario.
La expresión de sorpresa de Tiana hizo que valiera la pena contarle.
-Chisme de última fuente, -se señaló a él mismo.
-Sí que sabes investigar, ¿entonces la abuela le paga? No como mayordomo, supongo.
-Pues, verás -se giró para seguir subiendo la escalera, pero su pie se atoró con su mismo pie izquierdo haciéndolo tropezar con torpeza he intentando sostenerse de la puerta, pero solo estaba sujetado con sus dedos, así que su mismo peso lo hizo empujar su brazo con brusquedad cerrando la puerta.
Fue tan rápido lo que había pasado, Sebastián había quedado tirado en los escalones en una posición rara, Tiana vio su torpeza en primera fila, y la puerta cerrada. Tenía pintada una bella Luna roja.
-Sebastián... -quiso tranquilizar su voz.-Di... dime qué se abre por dentro.
Sé levantó un poco apurado, para llegar a la puerta y abrirla: no había picaporte. No dijo nada.
-¿Sebastián?
-Tiana... -la miró con seriedad- ¡QUE PUTA MALA SUERTE!
-¡No, jodas! -quitó a Sebastián, era imposible estar los dos en el mismo escalón. Él logró sostenerse de las paredes al casi caer por la escalera.
-¡No, no, no, no...! -Tiana intentó tocar toda la puerta, escalón y paredes. No se veía nada que pudiera abrir su libertad.
El rostro de ella comenzaba a transformarse en preocupación. Sebastián supuso que podría estar sintiendo claustrofobia. Subió un escalón para estar debajo de Tiana.
Antes de hablar bostezó. -Tranquila, es obvio que ya no fuimos al hotel. Mañana intentaremos como salir de...
Tiana lo tomó de la camisa, su rostro se transformó en furia. -¡No tienes idea... del problema en el que estamos!
-Tranquila, Tiana. No es el fin del mundo.
-¡Idiota... podríamos morir! -Tiana se recargó tanto en Sebastián, que él no se dió cuenta que su peso estaba inclinado hacia las escaleras, intentó sujetarse de las paredes pero eran tan lisas que no lo logró, rodeó a Tiana en sus brazos sujetó al saber en ese instante que la caída sería dolorosa.
Ambos habían quedado inconscientes por la caída.
Sebastián abrió los ojos sintiendo dolorido su cuerpo, miró a Tiana a su lado inconsciente, sintió coraje que no pudo protegerla como quería. «Puedo ser peor» pensó. Comenzaba a cerrar los ojos de cansancio, respiró profundo para levantarse, miró la gasa de la frente; no había sangre «que bueno» pensó, tomó a Tiana y la cargó hasta la cama «espero estén limpias las sabanas», se arrastró por la orilla para acostarse del otro lado; no tardó ni cinco segundos en quedarse dormido.