Julio

4221 Words
Antes de abrir los ojos, Tiana sentía un dolor punzante en la nuca; sentía mucho sueño, pero ese dolor ya no la dejaría dormir, así que abrió sus ojos de mala gana, sintió un peculiar aroma a vainilla muy familiar, giró un poco su cuerpo y comenzó a sobar su nuca, cada vez que daba un parpadeo mantenía los ojos cerrados unos segundos. Un ruido llamó su atención en ese momento; no lo había escuchado por el masaje. «¿Un gus-gus» pensó: era la forma en que ella y Sebastián habían bautizado a todo ratón que se pudiesen meter a sus casas. Miró la lámpara con la vista algo borrosa, cuando su mirada ajusto a los detalles, observó que la lámpara estaba formado por un ángel que tenía extendido sus alas con una mano elevada que sería la parte que sostenía el foco, mientras que con el otro brazo sostenía a una mujer que estaba a medio desmayar; la pieza daba a entender que era una humana común, ambos desnudos; minuciosamente muy bien tallados. Una pieza sin duda escandalosa para cualquier persona no grata a esas esculturas. La mirada de aquel angel sobre la mujer era de pasión y preocupación, sólo de mirar la lámpara se podía sentir una historia inquietante. Tiana lo miró admirando cada detalle, y por unos segundos su mente divagó imaginando una escena de ambos. Cuándo intentó incorporarse, algo colgante en la esquina de la cama se movió, eran una esposas color n***o; pero su cerebro no captó al instante que eran y para que estaban ahí. Hasta que comprendió con un pequeño susto que no era su departamento. Giró con rapidez para ver todo el cuarto, pero eso hizo que sintiera un inmenso dolor por haber girado la cabeza así. Recordó todo de inmediato. -¿Sebastián? -Lo llamó angustiada al no verlo. -Estoy en la escalera, -dijo con mucha tranquilidad. Tiana se levantó sin dejar de sobarse la nuca. Se puso frente a la escalera, le costó levantar el cuello para verlo, Sebastián tenía algunas cosas en uno de los escalones, Tiana entendió que estaba intentando abrir la puerta. -¿Cómo te sientes? -Preguntó sin verla. -Siento punzante la nuca -dijo en tono de queja. Sebastián se giró para verla, lucia un poco fatal, supuso que debía ser también por haber dormido tanto. -Hay un botiquín de primeros auxilios, en el baño, lo deje encima del mueble por si lo necesitamos... más seguido. Hay pastillas para dolor de cabeza. Tiana no dijo más y fue a buscarlas. Regresó con un baso de agua y se sentó en el sofá, le fue agradable sentarse, tomó las pastillas y se recostó. Pasaron unos minutos y comenzó a sentirse mejor. -¿Sabés que hora es? -Preguntó mientras intentaba mover su cuello. -La última vez que vi la hora, eran las tres de la tarde. -Dijo mientras bajaba los escalones frustrado. -¿Son las tres? -La mirada de Tiana estaba confundida y a la vez preocupada. -No, dije que la última vez que vi la hora eran las tres. -Se sentó a su lado.- No tengo idea de qué hora sea. Tiana trató de buscar su celular un poco desorientada, quejándose un poco por el dolor de cuello y hombros. -Tú celular salió volando de tu bolso, su batería se acabó en el momento que revise la hora. Y mi celular... -lo tomó de la mesa y se lo mostró, la pantalla estaba hecha añicos- cuando caímos amortiguó mi caída. Me temo que a tí no te fue tan bien... aunque traté de protegerte. La mirada de Tiana estaba ida. -Gracias... pudo ser peor. -Me sorprendió... -Sebastián dejó caer su mano en el cuello de Tiana para darle un masaje mientras hablaba, ella se dejó al sentirse tan bien, ayudaba a qué el dolor que le quedaba disminuyera- que durmieras tanto, las primeras horas no había problema, pero después me preocupe de que estuvieras en coma, o algo así. Por eso te desperté. -No recuerdo que me despertarás -sus muecas por el masaje eran placenteras. Sebastián sabía dar masajes. -¿No te acuerdas...? -Sonrió- hasta me mandaste a la m****a, porque te desperté y no te dejaba dormir. -Eso explica el dolor en la nuca. -He intentado abrir la puerta... pero lo que me parece extraño, -pasó del cuello a los hombros con ambas manos, Tiana hacia muecas con el rostro escondido entre su cabello, no sabía que sentía dolor en es aparte- tanto el refrigerador y la alacena están llenos, cosas en el baño también los acaban de poner. Debieron llenarlos hace poco, la caducidad de la comida puede aguantar más de un mes; carnes, frutas y verduras. -¿Planeaban quedarse? -Fue casi un balbuceo. -¿Te refieres a la abuela... y Jorge? -Sebastián detuvo su masaje. -Iuww. Tiana se incorporó sintiéndose más relajada. Estiró sus brazos y cuello, «Bendito quién se case contigo» pensó. Cuando dejó que todos sus músculos se relajaran, se percató que no sentía preocupación alguna; no en ese momento. -Estamos atrapados. -Miró con incredulidad a Sebastián. -Y hasta que la abuela regrese en un mes, o hasta que terminen de realizarle sus estudios. Y hasta que se le ocurra entrar aquí. Sebastián pasó su mano sobre su cabeza para peinar su cabello y quedará hacia atrás, recargo sus brazos sobre el sofá; se había quitado su chaqueta dejando su camisa a medio abrochar. Tiana pensó que seguía pensando en un plan. -Verga... encerrados un mes. -Se talló el rostro con sus manos- ¡UN MES, PINCHE ABUELA! - Eso nos pasó por chismosos, -«¿Y si... aún estando aquí, no es seguro?» Cruzó por la mente de Tiana. -Pero mínimo en unos días, deberían darse cuenta que no aparecemos ni nos comunicamos. -Antes de llegar a la feria le mandé un mensaje a Jorge. -«Y eso que tiene que ver, aunque hubiera dicho que estaríamos una semana por aquí, unas semanas sería mucho si no sospecharan».- Tienes razón, tal vez no unos días, pero sí semanas.- «¿Qué hora será?»- Tengo hambre... -«Por algo debe estar este cuarto, tal vez sí en algún momento alguno de ellos no tenía tiempo se salir de la casa». -¿Quieres; carne blanca, carne roja, marisco? «¿Y... si la abuela siempre está aquí en junio?», -marisco,- «Pero, siempre hablamos al menos un día al mes, eso significaría que ella puede hablar por teléfono. ¿Será desde este cuarto, o saldrá en algún momento?» ~ Antes de preparar las cosas para cocinar, encendieron el televisor, gritaron de alegría saber que tenía conexión a cable. Sebastián había preparado pescado al horno. Ambos olvidaban por momentos en la trampa que ellos mismos se metieron. Habían encontrado vinos tintos y blancos. Quesos que solo veían en fiestas de gala, y eventos caros. Tiana había seguido una receta sencilla para hacer un pastel de chocolate. Ya no había prisa en ir a ningún lado, y no les importó cuanto les costaría lo que llegarán a consumir; en caso de que su abuela les cobrara. -Se ve pequeña la habitación, pero está muy bien surtida; cómo tiendita. -dijo Tiana. Se sentaron frente a la tele y tuvieron una cena como nunca habían tenido. Ambos terminaron con mal de puerco, y no evitaron poder quedarse dormidos. Tiana se despertó para ir al baño, cuando regresó tuvo curiosidad de encender su celular. «Este modelo siempre vuelve a encender unos segundos cuando se apaga por falta de pila». -Vamos a ver si enciendes. Aunque sea para ver la hora. -La pantalla encendió, el logotipo de la marca apareció y espero que en la pantalla aparecieran las funciones.- Marcaba las 11:50- «El día se fue lento, a pesar de despertar tan tarde. Y a la vez siento que fue fugaz el tiempo», su vista vió la señal de wifi. En un momento de adrenalina buscó en nombre de Jorge para mandarle un mensaje, sintió desespero y en ocaciones oprimía botones que no eran. «auxilio» pensó mandar primero, «estamos en la casa, en el cuarto secreto». La primera palabra que mandó fue para remarcar en la situación en la que estaban; el celular en cualquier momento se apagaría. El segundo mensaje no lo dividió en dos partes, pensó que alcanzaría escribir, pero el mensaje no puedo ser enviado. Tiana hizo un quejido cuando vió apagarse la pantalla. Sebastián despertó de un brinco. -¡¿Qué pasó?! -Dijo desorientado y asustado. -Pude prender el cel, -dejó caer sus brazos a los costados. Sebastián suspiró al ver que no era nada grabe- y solo envié un mensaje de auxilio a Jorge... ¡Y ni siquiera pude ver si se me marco la palomita de enviado! Y ya son casi las doce... casi julio. -Bueno, pasaremos todo julio aquí... pero... y sí ninguno regresa... Y si se muere la abuela... Y Jorge enseguida de ella por perderla... -Dijo divagando. Tiana pensó que era peor por lo que estaban pasando. -Sebastián... -Mande. -Alguna vez has sentido que en esta casa hay algo malo... no me refiero al cuarto de pasión de la abuela. -Mhhh, -la interrumpió e hizo una mueca- no lo repitas así, al menos hasta que salgamos. -¿Nunca viste nada... raro? -Pues, ver algo... jamás. Escuchar algo... siempre. No escuchar cosas, si no que algunas conversaciones de la abuela, algunas otras de mis padres. Pero... ¿apoco crees en lo que dicen? Sé que nos gustan las cosas de terror, pero... -Te dije que la abuela me mandó una carta, -Sebastián asintió- bueno, pues la escribió con sangre. Sebastián había escuchado desde niño el mito de que la familia escribía cartas con sangre cuando era de suma importancia, era un código que se tenía para saber que serían escuchados sin ser juzgados todos aquellos que la mandaran. Se decía que si no aceptaban ayudar, serían maldecidos por años. Hubo ocaciones dónde pedían incluso ayuda para enterrar c*******s, o incluso para terminar la vida de todo un pueblo. Eran historias muy macabras para Sebastián en ese entonces. Después se le hizo tan absurdo el mito. Hasta que un día recibió una, el día de su graduación de preparatoria, recibió una carta por alguien en traje. Pensó que alguna compañera le mandaba a declarar su amor; como muchas otras lo habían hecho, y para llamar su atención contrató a alguien, pues conocía a todos los padre de esa generación. La carta solo tenía su nombre, cuando la abrió se le hizo muy original que la tinta escurriera un poco; había visto últimamente que sus compañeras usaban bastantes colores para escribir, y aveces no les daba tiempo de secar y manchaban un poco la hoja. Para su sorpresa era un primo que casi no conocía, solo lo veía una vez en diciembre en casa de la abuela, aún así se expresaba como sí se conocieran de siempre. Con forme leía la carta el rostro de Sebastián expresaba repulsión. Al terminar de leerla, tenía la dirección dónde lo citaba a media noche. «Que m****a le pasa» fue su pensamiento mientras rompía la carta. Tiempo después supo que ese primo había muerto quemado a causa de una explosión que él causó, tenía intenciones de quemar viva a una mujer que lo rechazo; o al menos eso decía la carta. Unos días después tuvo algunos incidentes en su vida, uno de ellos fue ver casi morir a su madre cuando estuvo a punto de caer de un puente; ella había caminado sin darse cuenta de que Sebastián regresó por su cartera que se había caído. Él sintió impotencia ver lo que sucedía, el tiempo se le detenía cada vez más cuando corría para sostener a su madre que se sostenía con las manos en la orilla donde se había hecho un hueco. Sintió el mundo en ese momento hacerse borroso: alguien corrió en dirección a su madre para salvarla, cuando estuvo de pie a dos metros del agujero, pudo al fin distinguir a Jorge, se veía sorprendido por lo que había pasado. Jorge había ido a buscarlo cuando se enteró que su primo había muerto: éste le había confesado a Jorge que Sebastián sería quién le ayudará a su plan; no es que no hubiese imaginado que Sebastián no se prestaría a eso, pero hacía mucho tiempo que en esa familia no se usaba una carta de sangre. Jorge intentó advertirle sobre la maldición al no aceptar la petición de la carta. Intentó por días convencerlo de que era real, todo lo malo que le sucedía era debido a la maldición. Pasó un tiempo, y Sebastián estaba arto de las cosas malas que le sucedían, de la noche a la mañana le dijo a Jorge que creía en eso; creía en la maldición de la familia por rechazar la carta. Sin esperar la pregunta correcta por parte de él, Jorge le dijo que la única forma posible de terminar la maldición, era escribir una carta con su propia sangre explicando porqué lo rechazó; Sebastián quedó mareado, asqueado y cansado cuando le pidió ayuda a Jorge para que le sacara un poco de sangre y usarla de tinta. Una vez que había terminado de escribir, tendría que enterrarla donde fue enterrado su primo. Al pasar dos días después de enterrar la carta en la tumba, su vida se normalizó, y cuando fue a visitar la tumba semanas después por agradecimiento, encontró una rosa roja en el lugar donde había puesto la carta. Se prometió que no volvería a jugar tan rápido con cualquier cosa que tuviera que ver con la familia Calaveras. -Supongo que tus pensamientos saben que significa... ¿cierto? Cerró los ojos en afirmación, no tenía idea que Tiana también supiera de esa maldición. -La última vez que estuve aquí... algo pasó en esta misma casa. -Sebastián la miró sin interrumpirla- Habíamos llegado unos días antes, como siempre. Sabés que me perdí y terminé en casa de la abuela. siempre supuse que había soñado. Cuando salí de la feria, vi a la abuela y a Jorge caminar, los seguí y no supe a dónde se fueron, pero aparecí en la calle de la casa. Al entrar, la puerta estaba abierta, casi al llegar al despacho la luz se fue. Y alguien estaba por bajar la escalera, por intuición sabia que no era ninguno de los dos. Me escondí debajo del comedor; encima de las sillas. Primero bajó muy despacio, y a mitad de escalera bajó demasiado rápido. No se cuanto tiempo se quedó de pie frente a la escalera, pero oía su respiración. Cuando volvió a caminar... no era humano. Antes de cruzar el pasillo, vi una niña del otro lado del comedor. Cuando esa cosa se fue, la niña no estaba. No me moví para nada por el miedo; desperté porque me llamaban. El rostro de mi abuela era... el de mis padres era preocupación, claro... pero el de la abuela... no sé cómo expresarte el semblante que tenía. Por eso, jamás volví aquí. -Suspiró- hasta hoy. Sebastián la miró, y le creyó. -Cuando fui al hospital, la abuela confesó que sí hay algo aquí. Pero que no tiene idea de que fue lo que vi. Y por cierto, dio una advertencia en toda esta historia, dijo: Nunca pongas un pie en está casa en el mes de julio. Nunca. Y el día que vi esa cosa, dijo que era casi media noche del último día de julio de aquella vez. Sebastián inhaló tan profundo mientras tapaba su boca con el puño. Entendió la gravedad de todo. Era tan claro como si lo hubiese entendido desde que era pequeño. Su mirada expresó preocupación, estaban encerrados en una casa donde aparecían cosas que no eran humanas. Y estaba a punto de ser media noche, dando inicio al mes de julio. -¡m****a! -dijo sin despegar el puño de su boca.- Mierda... -Se levantó con intenciones de caminar, pero solo dio un paso y se quedó solo de pie- Tiana... ¿qué vamos hacer? -Bueno, no es que podamos hacer algo. -Miró a Sebastián, se le hizo muy alto estando sentada- el hecho de que estemos atrapados... puede que no nos pase nada. No fue fácil encontrar como bajar, tenemos comida, y todas las cosas básicas. Esperamos que no pase... nada malo. -Lo lamento. -Dijo de la nada, la miró aún sentada- lo lamento tanto -Tiana creyó escuchar su voz quebrandose- estás aquí por mi culpa -su mirada se llenó de culpa,- no solo porque te mando la abuela por mi, si no porque te dije de este cuarto, y encima te lo mostré a pesar de que... -Yo quise ver -lo interrumpió- simplemente fue un accidente el quedar atrapados. Aunque no fue tan grave, por el simple hecho de que está bien equipado en todo. En otras circunstancias... no estaríamos tan relajados. -Tiana intentó que Sebastián no se sintiera más mal. El echo de sentir que le creyó fue suficiente para ella. -No lo vuelvas a mencionar, no intentes culparte, ¿quieres? -Pero sí... -Por favor, Sebastián. No te culpes. Afirmó con la cabeza. -Gracias, Tiana. -volvió a tomar asiento- ¿crees que... crees que sean más de una cosa, lo que salga en el mes? -Siempre he creído que sí. Aveces pienso que seran fantasmas, algún espectro. -Me da curiosidad saber porque julio. Tiana río por debajo -esa curiosidad nos trajo aquí. Deberíamos tatuarnos la frase de: La curiosidad mató al gato. Sebastián la miró y sonrió, -quedaría mejor en nuestras lápidas; comenzaron a reír, y su risa fue desapareciendo con amargura cuando guardaron silencio. Ambos habían escuchado algo proveniente de arriba. Pasaron los minutos, intentando percibir algún otro ruido. No pasaba nada. -¿Crees... -susurró Sebastián- que nuestras voces podrán escucharse afuera? -Imposible... -por inercia Tiana también susurró- entre las paredes, y la distancia deberían ser suficiente para no oírnos, puede que vibraciones por golpes, y sólo gritos... fuertes, pero una conversación en tono normal, no debería ser problema. Ambos estaban un poco tensos: era inevitable. La piel, y la respiración de ambos tuvieron efecto al mismo tiempo cuando escucharon el aullido de un animal, apenas era audible, pero lo escuchaban con claridad. Ya era el inicio del mes de julio. Y lo que temía Tiana tantos años, lo volvía a vivir. Sólo que está vez, no estaba sola. Sebastián la miró, no quiso hablar, ni siquiera articular unas palabras, su mirada lo decía todo. Estaba aterrado. -¿A... apagamos la luz? -Susurró Sebastián, el tono de su voz había cambiado. -Hay que apagar la luz y mirar toda la orilla de la puerta, -ambos subieron los escalones muy despacio y en silencio, Tiana iría primero, pero antes de subir le susurró a Sebastián que apagaría la luz, pero no la prendería de inmediato, debían asemejar la oscuridad en caso de que hubiese la más mínima penumbra salir del estudio. Sebastián tomó la mano de Tiana, era la única forma de poderse comunicar una vez que estuvieran a oscuras, estaban demasiado cerca para que alguien los escuchará si estaba sentado en el escritorio, Tiana apretó su mano y miró a Sebastián cuando su mano posó en el apagador, él le apretó la mano en señal de que la apagara. Todo el cuarto quedó en completa oscuridad, en ese momento ambos podrían darse cuenta del ánimo del otro, así que trataron de no ponerse nerviosos para no afectar al otro. Un minuto. Dos minutos. Tres minutos. Pasaron cinco minutos, y seguían envueltos por la oscuridad. Su mirada intentaba atinar donde deberían estar las orillas de la puerta, pero estaba tan bien sellada que no hubo ni el más mínimo rastro de alguna luz. Pero ninguno daba señal de que se prendiera la luz, solo bastaba apretar dos veces la mano del otro para saber que ya la podía prender. Un minuto más, fue cuando Sebastián apretó su mano dos veces, Tiana respondió apretando su mano una vez y encendió la luz; ambos cerraron los ojos por el destello. -Es... viste, bueno... -Sebastián susurró muy por debajo, no podía explicar lo que quería decir. -Creo que los dos lo notamos, -Tiana igual susurró muy por debajo. Sin poder explicarse ambos, sabían que algo pasó antes de encender la luz. Y sin dudarlo, se miraron para volver a quedar a oscuras. Un minuto. Tres minutos. Siete minutos. Trece minutos pasaron cuando lo que ambos querían explicar comenzó a surgir. En esa oscuridad comenzaba a surgir penumbra, poco a poco una luz roja se hacía presente. En un punto lograron ver sus siluetas, la luz surgía cada vez más, hasta que Sebastián se percató de donde surgía, apretó la mano de Tiana y le indicó la puerta. Aquella luna roja pintada detrás de la puerta comenzaba a desprender ese color, ambos quedaron fascinados por el brillo de la pintura. Cinco minutos estuvieron en la penumbra de la luna roja cuando decidieron que era momento de encender la luz. Cerraron los ojos con cierto dolor, a pesar de que ya no estaban en total oscuridad, la luz los había cegado. Bajaron los escalones muy despacio y en silencio, está vez se sentaron en la orilla de la cama sin dejar de tallar sus ojos. -Es bueno saber que no estaremos a oscuras -dijo Sebastián, el tono de su voz fue normal. -¿Qué onda con la pintura? ¿La luz fluorescente puede ser roja? -No tengo idea. Pero esta genial. Quiero una así en mi cuarto... -bostezó.- Deberíamos dormir. -Tú, deberías dormir. Has estado despierto mucho tiempo. -Talló sus ojos. Sebastián la miró; Tiana se veía cansada. -Ambos deberíamos dormir. -Ambos se quitaron los zapatos, y buscaron en el baño alguna ropa cómoda. Para su suerte encontraron sudaderas y pans; agradecieron que a la abuela le gustara sentirse cómoda a veces. Quitaron las almohadas para poder destender las colchas y meterse. -Deberiamos... -Dudó unos segundos Sebastián en hablar.- Deberíamos empotrar la puerta. Tiana se levantó, Sebastián ya ha Ia hecho mucho, tomó una silla, y subio muy despacio hasta la puerta, inclinó la silla y la empujó hasta que se quedara atorada, a Sebastián le bastó ver que con eso podía quedar sin abrirse la puerta. -¿Crees llegar a la cama a oscuras? -Susurró Tiana. Estaba por apagar la luz. -Sí, ya me voy familiarizando con las cosas. Tiana apagó la luz, se sujeto de las paredes para bajar con mucho cuidado, escuchó a Sebastián subir al a cama; él tenía razón conforme a familiarizarse. No le costó trabajo a Tiana llegar a la cama. Se acomodaron y se quedaron en silencio. El silencio era absoluto en ese momento. Sebastián bostezó que no pudo oír algún vidrio romperse. Tiana prefirió no decirle, pero en las circunstancias que estaban la hizo sentirse culpable; sentía que deberían decirse lo que fuera: como era de costumbre. -Se que no escuchaste, -susurró- pero algo de vidrio se rompió. No sabría distinguir los ruidos, puede ser en el estudio; puede ser en una recámara. Aunque si fuera en la recámara, eso querría decir que podrín escucharnos en un silencio como este. Sebastián se sintió tenso. -Carajo. Tiana despertó con un pequeño susto, una penumbra roja salía del cuadro de las escaleras, fue cuando recordó que era por la luna pintada. Sebastián roncaba, disfrutaba del sueño. Giró hacia su lado derecho, sus ojos volvían a cerrarse, mientras parpadeaba observó la lámpara con las figuras del ángel y la mujer, pero sintió que algo raro había, en la figura de la mujer, parecía resaltar su cabello rojo, como si hubiese recibido la forma de cabello real. Tiana volvió a quedarse dormida. Pasaron unas horas cuando una explosión los levantó. Está vez no importó donde creían que había sucedido, pues fue tan fuerte que seguro se hubiera escuchado a varias cuadras de distancia. -¿Qué putas fue eso? - El corazón de ambos palpitaba muy fuerte. -Esa explosión en definitivo no debería ser ignorado... -dijo Tiana- pero, sí las autoridades vienen a investigar... entrarían a la casa. -Comenzó a preocuparse por terceros.- Sí entran, y se topa con esa cosa, llamara demasiado la atención del lugar. -Bueno... si sale en las noticias, la abuela tendrá que venir, y supondrá que estamos aquí. -Puede... y qué tal sí... la explosión tiró la casa, -Tiana miró a Sebastián en la penumbra roja, le hacía resaltar su atractivo. Lo envidió. -Que... está sería nuestra tumba, en caso que la abuela ya haya estirado la pata. -Ojala y no. Tengo la esperanza de que Jorge sea quién venga a rescatarnos. -Esperemos que sí. -Recordó lo que Jorge había hecho por su madre. Después de la explosión no hubo otro ruido, no se habían movido de la cama. -No se tú, pero no veo mucho que poder hacer. -Sebastián volvió a acostarse, y se acomodó debajo de la colcha como si fuera un niño sin ningún pendiente en la vida. Tiana lo miró con envidia, también volvió a acostarse y se estiró debajo de la colcha sintiendo un rico alivio en las extremidades. Y en ese momento, Tiana sintió lo que vió en Sebastián; estar sin ningún pendiente en la vida. No le importó nada. «Al carajo con todo. tengo sueño, además, seguro que así será todo el tiempo».
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