Perdiendo la cordura por sangre

3584 Words
Para sorpresa de Sebastián, el ruido de su estómago hambriento lo despertó. Le parecía que está vez sus ojos ya se acostumbraban a esa penumbra. Por un momento olvidó que fue lo que lo despertó, hasta oír de nuevo el rugir de sus tripas. No tenía ni la más mínima idea de que hora era. -Bueno, sí es hora de desayunar, ó comer... -dijo- apostaría eso sí, a que no es la hora de la cena. -Pensó que Tiana se despertaría por lo que dijo en voz alta, se le quedó mirando pero seguía durmiendo. Se levantó algo adolorido, al parecer los músculos de la espalda comenzaban apenas pasarle factura por la caída de la escalera. Subió los escalones para encender la luz, no sin antes mirar aquella pintura, la Luna se veía hermosa, y por solo un momento le pareció ver algo pasar frente a ella, Sebastián talló sus ojos, era imposible que fuera algo grande, porqué le pareció ver a una persona. Encendió la luz sin dejar rastro de aquella penumbra, sus ojos trataron de evitar la luz, así que tardo unos segundos en bajar las escaleras, no quería otra caída. Se recargó en la pequeña isla de la cocina pensando que hacer de comer. Abrió el refrigerador; vió huevos, leche, carne, verduras. Decidió preguntarle a Tiana que le gustaría, debía haber dormido bastante como él, así que no sé sintió mal ir a despertarla, al cerrar la puerta del refrigerador Tiana estaba detrás de éste sacándole un susto a Sebastián. -¡Maldita sea! -Se inclinó sintiendo el cuerpo flojo sin dejar de agarrar la puerta del refrigerador- ¡ahhh! -Perdón, -sonrió- olvide decir buenos días para que no te espantaras. -Bostezó al mismo tiempo que reía, esto hizo que comenzará a toser. -No es el habla, fue tu cara -dijo burlón, tocándose el pecho. -¿Pues, no dicen que nos parecemos? -Tomó asiento en la silla de la isla. -Pero a mi no se me hace el pelo de bruja, todo despeinado. Como si te revolcaras en la cama. -Y eso que solo dormí. -Sonrió para que Sebastián no pensara que la estaba fastidiando. -Te iba a despertar para preguntarte, ¿quieres comer algo como desayuno o comida de tarde. Me refiero a algo pesado. -Mhhh... tengo bastante hambre... de tarde. Yo are el de la cena. -Estiró sus brazos sobre la isla en señal de flojera. -De acuerdo, -Sebastián comenzó a abrir varios cajones, are pechugas empanizadas con papas fritas. -puso papas sobre la isla y miró a Tiana- no estás a dieta, ¿o sí? -¿Dieta?... No, y aunque lo estuviera, sería muy, muuuy difícil estando encerrados aquí un mes. Además, ni que fuera modelo. -Tiana levantó sus brazos y los estiró sobre su cabeza está vez, miró las papas, se levantó y las tomó para comenzar a lavarlas. -Entonces... ya no eres modelo. Bueno, suponía que no lo hacías como antes, si no algo pequeño. -No, ya no. Y he tenido una bonita relación con la comida, sí no fuera por el ejercicio entonces sí, tendría que estar a dieta. Especialmente porque no puedo darme el lujo de comprar ropa. Sebastián sonrió por anhelo, -me hiciste recordar todas las veces que me comía cosas grasosas frente a tus ensaladas cuando estabas en temporada de campaña. Tus ensaladas insípidas... pero hay algunas que sí se veían ricas. -Eso era sufrir. Todo porque no busque un nutriologo, sufrí en esa etapa. Más porqué tu no engordas con todo lo que te tragas. -No, no, no... te lo he dicho. El ejercicio que hago, mucho o poco, basta para poderte dar esos gustos. -Sí... pero para un metabolismo normal con esas características. Tú metabolismo no es natural. -Ambos callaron cuando escucharon leves golpes. Dejaron pasar unos segundos en silencio- Yo, sí soñé que la casa se había caído. -Yo soñé que íbamos a comer pizza con una hamburguesa y papas... -había dejado marinadas las pechugas, era momento de ponerla sobre el pan molido- eso explica porqué desperté con hambre. Terminaron por cocinar cuatro pechugas y un plato grande de papas fritas. Tomaron asiento en la respectiva y minúscula área del comedor. -¿Y porqué no nos sentamos en el sillón, si hay tele? -Preguntó Sebastián mientras comía una papa. -Por tarados. Por eso. Pasaron los platos y vasos a la mesita de la sala. -¿De terror, miedo, suspenso? -Preguntó Tiana. -Vas. -Dijo afirmando Sebastián. Tiana comenzó a ver las portadas y nombres de las películas, no le convencían del todo. Sebastián miró hacia la cocina, desde hace rato algo llamaba su atención pero no lograba saber que era; que le causaba mirar ahora que estaba en la sala. ~ Terminaron de comer y aunque habían quedado sus estómagos a reventar, Sebastián se levantó con pesadez para ir a la cocina y servir dos rebanadas de pastel de chocolate que había hecho Tiana un día antes. Miró por inercia la puerta de la escalera al pasar frente a ella. Abrió el refrigerador, sacó el pastel y lo partió. Cuando regresaba con los platos, volvió a mirar la puerta, después giró para ver la mesa del comedor. «Ah, eso era, quitó la silla que atoraba la puerta» pensó. Se dejó caer en el sillón, dejando intactas las rebanadas en sus platos. -Bueno, no se debe rechazar el postre. -dijo Tiana, sus ojos brillaban al ver la rebanada de pastel que sostenía aún Sebastián, golpeó su estómago con las yemas de sus dedos- y más sí tiene chocolate. Le entregó su porción a Tiana, ella lo tomó sin dejar de ver la cobertura y deleitando las capas del pan, «que bien me quedó». -¿Porqué quitaste la silla? -Dijo antes que se le olvidara el porqué su inquietud de antes. Tiana ignoró la pregunta cuando comió un delicioso pedazo. -Me quedó sabroso. Un manjar de Dioses. A Sebastián se le hacía agua a la boca verla y oírla comer; así que prefirió comer también. Cuando estaba a mitad de la rebanada, Tiana intuyó que Sebastián le había hecho una pregunta antes. -¿Me hablías... -se sacó la cuchara de la boca y tragó- me habías preguntado algo? Sebastián se perdió en la mirada de la actriz que en ese momento enfocó la cámara. Levantó su índice para que Tiana lo esperara a desconectarse. Pasando unos segundos regreso su mente. -Ehhh... Sí... -intentaba recordar que había sido, miró hacia la cocina, sabía que la pregunta había sido por mirar ahí-. ¡Ah! Ya me acordé, -ya no tendría que quebrarse la mente por recordar, como le era de costumbre- ¿qué porqué quitaste la silla? -¿Cuál silla? -La que pusiste para trabar la puerta. -Para eso era, para... trabarla. -Entonces porqué... ¿la quitaste? -Yo no la quité. ¿Tú la quitaste? -No, yo no la quité, por eso te pregunto. ¿Porqué quitaste la silla? -Yo no la quité. Haber Sebastián... -Alzó las manos, no antes de comer otro trozo de pastel- yo no quité la silla. Pero tú tampoco quitaste la silla... ¿Es lo que quieres decir, correcto? Él asintió con la cabeza, la mirada de ambos fue tensa. -¿Alguien, la quito? -Sintió un escalofrío Sebastián. -Déjate de bromas. ¿La quitaste? Sebastián miró hacia el hueco de la escalera, solo podía ver completo el último escalón. -No es posible que quitaran la silla. Miró de nuevo a Tiana, tenía esperanza que fuera una broma. Ambos sintieron miedo pensar que en cualquier momento alguien... o algo bajara por ahí. Se levantaron y con cautela posaron frente a la escalera. -Ya no sé qué es más peligroso, quedarnos o salir, -en ese momento alcanzaron a escuchar aullidos-, mejor quedarnos -dijeron al mismo tiempo. Está vez, pondrían las dos únicas sillas. Una vez que terminaron, echaron un vistazo de su trabajo desde el pie de la escalera. Quedaron satisfechos. En caso que alguno de los dos tuviera insomnio. Esa había sido otra teoría mientras colocaban las sillas. -¿Y ahora, como apagamos la luz? -preguntó mirando a Tiana. -Buena pregunta. ~ Sebastián tenía una pesadilla que despertó a Tiana con sus quejidos, ella lo movió con sutileza para evitar que se asustara, él solo abrió los ojos un momento y volvió a quedarse dormido. Esperó un par de minutos para verificar que no había regresado a la pesadilla, una vez que se convenció que estaba tranquilo se dispuso a dormir de nuevo girando a su lado derecho. Miró unos segundos la figura de la lámpara, no había duda que le gustaba demasiado, «se lo pediré a la abuela, no creo que se niegue» pensó. Bostezó y hecho una última mirada al rostro de aquel ángel, pero algo había al pie de la figura en la parte trasera, antes de enfocar que era, algo en la mesa llamó su atención. Las dos sillas estaban en su lugar. El sueño se le fue de inmediato, se incorporó con miedo y miró todo el lugar, la penumbra roja le permitía mirar bien, solo estaba sin observar detrás de la isla de la cocina, el baño, y debajo de la cama. Casi sin aliento intentó despertar a Sebastián; el miedo la invadía cada vez más. Lo movió tanto que solo eso lo hizo despertar, su voz era inaudible. Sebastián sintió la mano de Tiana en su hombro, sintió el movimiento brusco y la miró, Tiana buscaba algo por todas partes, de inmediato se dió cuenta que algo andaba mal. Cuando se incorporó se acercó a Tiana, sabía que ella intentaría susurrar. -¡Las sillas! -A penas pudo oírla- ¡están de nuevo en su lugar! Sebastián de inmediato y con valentía se levantó, fue directo a la cocina por un cuchillo, Tiana sintió alivio que no hubiese algo detrás de la isla, pero ese alivió se desvaneció cuando él entró al baño, se sintió enojada por no poder levantarse y serle de ayuda en ese momento en caso de que hubiese alguien. Sebastián salió del baño, se veía tranquilo, pero estaba a la defensiva, sus músculos estaban tensos haciendo remarcar las venas de su cuello. Tiana al verlo tomó mucho valor, se levantó y se asomó debajo de la cama con un movimiento ágil. No había nada. Sebastián se paró frente a la escalera, subió con un semblante retador para encender la luz, no sin dejar de pensar que alguien pudiese abrir la puerta en ese momento, ambos sintieron un dolor en sus párpados cuando la luz cubrió todo, pero no cerraron los ojos por completo, no importaba que tan molesto fuera, no podían darse ese lujo. Sebastián miró las paredes y los escalones, no había rastro de haber sido maltratado el lugar, alguna mancha o algo peculiar. Estaban tensos, está vez no había duda, alguien quitó las sillas y a parte las puso en su lugar. No estaban seguros en ese lugar, eso era un hecho. Tiana no se había percatado que estaba controlando su respiración para tranquilizarse. Se sentó en la cama y observó lo que hace escasos minutos le había llamado la atención al pie de la lámpara. El miedo la volvió a invadir, una rosa de rojo intenso descansaba a lado de la lámpara. No dejaba de verla, en otras circunstancias, habría sido la rosa más hermosa que hubiera visto y seguramente la habría agarrado y olido. Sebastián se percató del ánimo de Tiana, se acercó a ella y siguió su mirada, él también fue invadido por un sentimiento que no era miedo; ésta vez era enojó lo que sintió. -Tiana, somos un blanco fácil. Si al menos tuviéramos la oportunidad de salir, preferiría pelear. Tiana suspiró y se abrazó, comenzaba a temblar, Sebastián se arrodilló y lo impidió abrazándola, no dijo nada, solo la abrazó hasta que se calmara. Pasó un minuto para que Tiana estuviera tranquila, se sintió con valentía en ese momento gracias a él. -Gracias. -Lo miró muy segura de sí misma, y con una sonrisa. Sebastián le sonrió al ver que ya estaba bien. No tenía caso tocar el tema de lo sucedido. Ambos se levantaron y observaron la rosa, trataban de pensar que harían, para esto Tiana se dirigió a la cocina y tomó un cuchillo, ambos tomaron asiento en la sala. Encendieron la tele y pusieron un programa al azar para matar el silencio que los estaba sepultando. -¿Porqué no nos han hecho algo? -Dijo Tiana. Se refería al hecho de que esa rosa indicaba que tan cerca estuvieron de ellos... o de ella. -Pienso que... tal vez saben, o sabe que la abuela nos conoce, y por eso no hicieron algo. No se porque me refiero como si fueran más de uno, -su mirada era sombría. -Eso quiere decir... qué a la abuela la visitan aquí. -Puede que también, lo que hallá quitado las sillas, viva aquí. Y nosotros somos los intrusos. -Maldita sea... -Tiana dejó escapar una sonrisa burlona.- El lugar era demasiado bueno... para ser cierto. -¿Qué vamos hacer, Tiana? -Suspiró- apenas llevamos pocas horas aquí, y ya estamos en conflicto. Qué fastidio. En ese momento la luz se apagó. Ambos sintieron un escalofrío en sus espaldas, alguien había apagado la luz. Sebastián tomó a Tiana y la puso en el suelo detrás suyo a pesar de no ver nada, ambos sintieron por un momento su derrota, el fin de sus vidas: la casa de la abuela sí era de temer. Pero sí era el final, darían todo para defenderse. Sebastián esperaba oír las pisadas bajar por las escaleras en aquella oscuridad. Tiana esperaba oír las pisadas bajando con rapidez como cuando era niña, pero al menos ya no la invadía aquel terror. Estaba asustada, pero no aterrada. Pasó el tiempo suficiente para que sus ojos se acostumbraran de nuevo a la penumbra roja. Tiana ya estaba a lado de Sebastián, ambos seguían sosteniendo los cuchillos en alto. Sebastián comenzó a dar unos pasos para asomarse en la escalera, era precavido así qué avanzaba con lentitud. Ambos no supieron como reaccionar al escuchar unas pisadas bajando la escalera, eran lentas, pero estas se detuvieron a la mitad. «¡PUTA MADRE, ¿QUÉ ES ESTE SITIO ABUELA?! pensó Sebastián al mismo tiempo que rogaba por lo que estaba bajando fuera de su tamaño. Algo que pudiera ganarle. -Veo que están despiertos, -una voz masculina resonó en el lugar. Era un hombre que había parado a mitad de la escalera, sabía que ambos estaban despiertos. Y ninguno de los dos reconocía la voz. Sebastián de alguna forma sintió alivio saber que solo era un hombre, en el fondo rogó porque solo fuera él. Tomó valor para enfrentarlo. -¿Quién eres? -Dijo Sebastián engrosando la voz. -¿Qué...? -Se escuchó al hombre misterioso confundido. Bajó las escaleras con tranquilidad, la sombra de un hombre llegó al final de la escalera, giró para verlos pensando que estarían en la cama, vio las siluetas de Sebastián y Tiana, un pequeño resplandor reflejaron los cuchillos que tenían apuntando en su dirección. No se lograba ver bien el rostro de aquel hombre, pero su camisa hacia resaltar sus músculos. Sebastián pensó que sería reñida la pelea, en caso que hubiera. -¿Quienes son ustedes? -Los miró con una gran curiosidad, a pesar de la penumbra. -Pregunté primero. -Dijo Sebastián incorporándose. -Me temo... qué no estás en posición de preguntar. -Se escuchó amenazante. Tiana puso una mano en la espalda de Sebastián, a pesar de no decirle nada en palabras, su gesto lo decía todo. Ese no era cualquier hombre, ambos sabían que esa casa ocultaba cosas inexplicables, y el hecho de que que escucharán ruidos, golpes y aullidos, solo indicaba que ese hombre pudiese ser quien causaba todo eso. Sebastián entendió qué intentaba decirle Tiana, y con amargura se dió cuenta de inmediato que no tendría oportunidad alguna si peleaba con él. En caso que fuera como ambos lo pensaban. -Somos... los nietos de la señora Rosa. Ella nos mandó aquí, a esta casa. -No quiso decir más, no quería dar detalle que se habían quedado atrapados. Sebastián no podía ver bien el rostro del hombre, pero Tiana le había parecido ver qué había quedado impresionado, pero solo fue por segundos. -Sus... -les pareció ver qué sus ojos habían tenido un brillo rojizo- ¿nietos? -Tiana sintió la mirada de ese hombre posando en ella. Parecían reflejar alguna especie de esperanza, anhelo. En realidad no sabía que expresaba esa mirada. Aquel hombre los miró unos segundos más, comenzó a subir de nuevo las escaleras y fueron cegados por la luz. Ambos estaban impacientes de lo que estaba por suceder. Las pisadas volvieron a bajar hasta llegar al piso, no giró, solo se quedó de frente con la cabeza agachada, sus cabellos negros cubrían hasta sus ojos, tenía marcada la curva de su mandíbula, su brazo derecho estaba relajada, hasta que la elevó para peinar su cabello hacia atrás, se enderezó y suspiró, ese movimiento hizo que se viera más alto y fuerte, parecía un simple hombre, pero ambos sabían que no era normal. Les pareció por un instante a ambos que actuaba con nerviosismo, algunos mechones posaron en su frente, era de piel blanca, su musculatura y altura era casi igual que el de Sebastián. Se giró y acertó sobre la mirada de Tiana, ella notó por un instante que aquel tipo de anhelo en su mirada se desvaneció para convertirse en una triste decepción. Suspiró y cerró los ojos un momento. Sebastián y Tiana se miraron, no tenían la más mínima idea de lo que pudiese pasar. -Nietos... de Rosa. -Miró la rosa roja a lado de la cama. Ya no había ninguna duda que había sido él, solo se preguntaban cómo había quitado las sillas-. Supongo que... o quedaron atrapados aquí, o a los dos los odia demasiado para que vinieran. -Su sonrisa fue burlona. -Quedamos... atrapados. -Dijo Tiana, no tenía caso mentir. Tal vez pudiera ayudarles, eso sintió cuando su mirada posó en ella. -Y supongo también que saben dónde fueron a quedar atrapados. -Miró los cuchillos que aún tenían sosteniendo-. No los culpo, eso era lo mejor que podían hacer. Sólo... eso. -Sonrió. -¿Conoce a nuestra, abuela? -Sebastián relajó su brazo que sostenía el cuchillo. -Sí, desde hace mucho. De hecho, conozco a su abuela cuando aún estaba dentro del vientre de su bisabuela. -Se dirigió hacia la lámpara donde estaba la rosa. Sebastián y Tiana se miraron, no pudieron evitar la sorpresa en sus ojos y su gran preocupación, él parecía tener casi la misma de edad de ambos. Tomó la rosa, y la olió. Volvió con ellos para estar de nuevo de frente.- Así cómo lo escucharon, y conoci a su bisabuela dentro del vientre de su tatarabuela, y así hasta... no recuerdo cuántas generaciones. Ambos se sentían ridículamente inferiores. «¿Quién es este tipo?» pensaron los mismo. -Esta rosa era para ella, -miró a Tiana- pensé que eras ella, cuando te vi dormir. Normalmente siempre la acompaña este tipo... ¿cómo se llama? -Jorge. -respondió Sebastián. -Él, Jorge. Nunca le caí bien. -Estiró su brazo con la rosa hacia Tiana- podrías entregársela por mi. Dudó en tomarla. -Lo lamento, entiendo que desconfíen. -¿Puedes, sacarnos de aquí? -Preguntó ella. -Sí. Claro, pero no es el momento adecuado... ahora entiendo porque todos perdieron la cordura cuando olieron la sangre. Sebastián inconscientemente sintió la herida sin necesidad de tocarla. «¡¿Todos!?» pensó Tiana. -Puedo sacarlos, pero necesito revisar todo el lugar hasta la salida, no debe verlos nadie por el momento. Tiana estiró su brazo para que el hombre le diera la rosa, -te lo... agradeceríamos. Él se la entregó, se dió media vuelta y caminó hacia las escaleras, pero llamó a ambos antes de irse. Sebastián y Tiana se asomaron por la escalera con mucha precaución. -Para alguna futura referencia, esta es la manera de salir. -Giró su rostro hacia el dibujo de la Luna y sopló muy suave sobre ella, la puerta desapareció dejando ver el escritorio y el techo del despacho. Ambos quedaron asombrados por la facilidad que era. El hombre hecho un vistazo afuera, se aseguró de que no estuviera alguien, giró para verlos-. No se les ocurra salir, no tardaré. Aunque tenemos un año para que puedan salir. Abanicó el aire para que apareciera la puerta de nuevo. -¿Cómo que... un año? -No solo quedó confundida Tiana, Sebastián estaba igual. ~ Habían transcurrido unos minutos, ninguno de los dos se había movido, miraban la Luna esperando que desapareciera, o se abriera la puerta. No habían sentido hostilidad por parte de aquel hombre. Tenían la esperanza de salir de ahí. Seguían esperando alguna señal, en silencio hasta que lo interrumpió Sebastián. -¿Crees, que debamos confiar? -No pudo evitar susurrar. -Por como hablo de ha abuela... y nuestra descendencia, estima él árbol genealógico. -Esa cosa... esa persona, -rectificó la forma en que se había dirigido a él- es, ¿inmortal? -Al parecer... sí. Y hace un momento dijo, «todos». -Tiana miró la rosa, sus pétalos eran grandes y abundantes, parecía aún tener rocío de agua en ella, no pudo evitar olerla. -Si, ha vivido tanto, y rectificó que hay otros, eso quiere decir que es alguien fuerte... o respetable. Además, sí el pudo entrar, cualquiera puede hacerlo. Ambos hablaron y dijeron al mismo tiempo, -él es un boleto de salida.
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