VIII. Ladyfingers

1037 Words
Tras tocar la última canción, Aidan bajó del escenario y un montón de fanáticas se colocaron alrededor suyo y del resto de la banda, pidiéndole autógrafos, besos o tirándose en sus cuellos para abrazarlos. Había sido una presentación eufórica y quería que Raen le dijera algo al respecto. Cuando por fin se despejó un poco el camino, miró hacia todos lados, pero no encontró al príncipe. El alma se le cayó a los pies... ¿y si lo habían reconocido? Caminó por todo el lugar, revisó en el baño y nada, hasta que Ekaterina fue a su encuentro. -¿Has visto a Ra...? -Aidan casi mete la pata, pero logró evitar terminar de decir el nombre del príncipe. -Está afuera -respondió ella simplemente. -¿Por qué? -Ve a preguntarle. -Ah, claro. Gracias. El pelirrojo se abrió paso entre la gente y subió la escalera. Al salir por la puerta vio a Raen con los brazos cruzados junto a ella y el alma le volvió al cuerpo. -¿Qué hacer aquí? Hace frío, entremos. Raen se sobresaltó al escucharlo, no había notado su presencia. Pero negó con la cabeza y hundió más su rostro en el abrigo. -Prefiero devolverme -respondió el pelinegro. -Oh, está bien. El príncipe lo miró unos segundos, esperando que dijera algo más, pero Aidan simplemente hizo un movimiento de cabeza como despedida y volvió a entrar al recinto. Raen se quedó quieto unos segundos. Esperó un rato a ver si el chico volvía, pero nada. Así que se regresó solo, caminando rápidamente. El nudo en la garganta y el estómago se le hacían casi insoportables, pero no quería llorar en la calle. Siguió y siguió caminando hasta llegar al espacio entre los arbustos que le permitieron entrar al Palacio. Entonces, se dio cuenta de que no tenía la llave y se le cayó el alma a los pies. ¿Qué iba a hacer ahora? Buscó alguna entrada que estuviera abierta, una ventana, algo. Pero no, todo estaba herméticamente cerrado. Así que volvió a la puerta trasera de la cocina y se sentó en los escalones. Apoyó los brazos sobre las rodillas y se tapó la cara con las manos. Esta era la gota que colmó el vaso y dejó que las lágrimas corrieran por sus mejillas. Estaba frustrado, triste, angustiado. Y solo. Pensó que si su hermano aún estuviera vivo, podría haber tirado piedras a su ventana para despertarlo y que le pudiera abrir a escondidas, como él lo había hecho alguna que otra vez que Kiran se escapaba sin permiso y llegaba en la madrugada. Eso lo hizo sentir aún más miserable y continuó llorando en silencio. Entonces, sintió una mano sobre su hombro y del sobresalto casi se cae de espaldas. Pero al encontrarse con los ojos verdes de Aidan se tranquilizó. E inmediatamente volteó la mirada. -Ya no llores, ya vine para que entres. Dicho y hecho, el pelirrojo sacó la llave y abrió la puerta. Raen entró rápidamente y murmuró un "gracias" que apenas se escuchó. Aunque su intención era irse rápidamente a su dormitorio, Aidan lo tomó por la muñeca. -Oye, lo siento, ¿sí? Olvidé que no podías entrar sin mí. -No te preocupes. -¿Me escuchaste en el escenario? Raen levantó la mirada y vio el rostro expectante del pelirrojo. Asintió con la cabeza. -¿Te gustó? El príncipe se mordió el interior del labio. No sabía qué responder. Sí, le había gustado escuchar a Aidan, pero todo lo demás, no. -¿Por qué te fuiste? -preguntó Aidan sin soltarlo aún. -Me gusta como cantas -respondió Raen finalmente- te veías genial, te oías genial. Tenías al público a tus pies. -Entonces, ¿por qué te fuiste? ¿Alcanzaste siquiera a escuchar todo el repertorio? Raen negó con la cabeza. -¿Por qué? -insistió el otro chico. -Porque escuché lo que cantabas y cómo lo cantabas. Y la gente a mi alrededor, todos estaban de acuerdo con tu idea. ¿Sabes lo que se siente que tu único amigo cante con odio sobre todo lo que tú representas? -Pero Raen, no es contra ti... -Claro que es contra mí -replicó el príncipe, soltándose del agarre del otro- ¿no te das cuenta? Cantas sobre mi padre y yo soy su heredero. Yo seré el régimen fascista, por mi culpa no habrá futuro... No pudo seguir porque se le quebró la voz y, sin poder detenerlas, las lágrimas nuevamente cayeron de sus ojos, pero se las secó rápidamente. -Raen, eso no... -No qué, ¿no es lo que querías decir? Aidan se quedó sin palabras. Claro que es lo que quería decir. Lo que creía y lo que sentía. Pero no era en contra de Raen. -Yo te había dicho esto, Raen. Ya sabías que estoy en contra de la monarquía, de cualquier tipo de represión en general... -Lo sé. Pero escucharlo así fue diferente. Y si me dices que tienes fe en mí... eres solo tú. Toda la gente que estaba a mi alrededor me odiaba. Y si se enteraban de quién soy yo. No sé qué habría pasado. El pelirrojo vio a su amigo tan triste, tan desvalido que quiso protegerlo, así que simplemente le dio un abrazo. -También me preocupé por eso cuando no te vi. Perdóname, no me imaginé que todo esto te iba a afectar tanto. No lo había pensado. Solo quería que me vieras tocar y cantar. Raen suspiró y después de mucho batallar consigo mismo, le devolvió el abrazo. Era reconfortante. -Principito, yo nunca te podría odiar. A menos que fueras un tirano, pero lo dudo. Eres un buen chico y, si sigues así, serás un buen rey. Tal como lo habría sido tu hermano, probablemente. Cuando se soltaron del abrazo, Aidan pasó a llevar la mesa donde los cocineros tenían el tocadiscos y se encendió, dejando sonar la tranquila melodía de un jazz. -Ladyfingers -dijo el pelirrojo- esta canción le encanta a mi mamá. -También a mi hermano -dijo Raen. Ambos se miraron sorprendidos. Era demasiada coincidencia que un toquecito de nada hubiera prendido el tocadiscos. Raen sonrió de lado y dio un vistazo hacia arriba. Quizás Kiran no se había ido del todo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD