—¿Por qué siempre eliges el mismo sitio sólo para venir a acariciar la cabeza del perro? —Pregunté.
Llevaba una semana de sentarme a su lado donde él fingía ser mi almohada para que pudiera descargar todos mis problemas.
—A Cazador le gusta —contestó.
—Es extraño que conozca el nombre del perro y no el tuyo —alargué frunciendo el entrecejo.
—Eso es porque no lo has preguntado.
—¿Puedo saber tu nombre?
—Soy Luca —lo miré y sonreí.
—Es un bonito nombre.
Dio un pequeño asentimiento y se quedó en silencio. Era extraño, muy pocas veces hablaba y nunca me miraba, pero por alguna extraña razón, sabía que podía confiar en él.
—Soy Abby, ya que veo que nunca lo preguntarás —dije alejando la mirada.
—Es un diminutivo, dime tu nombre verdadero.
Levanté las cejas y sonreí, nunca antes nadie se había molestado en preguntar mi nombre de pila, siempre había sido Abby para todo el mundo.
—Abigail.
—Es un gusto, Abigail oferta extendiendo su mano hacia mí.