—¿Te gusta la contextura del suelo? —Pongo los ojos en blanco y me levanto, después de haber resbalado y caído con un helado que un niño acababa de dejar caer.
—No estoy de humor para bromas relacionados a mi torpeza —dije, examinando la gran mancha de chocolate que había quedado en mis pantalones deportivos.
—Tal pareciera que no has tenido un buen día.
Me giro y observo al chico de los lentes oscuros; está sentado, acariciando al perro en el mismo sitio que lo ha hecho desde que lo vi por primera vez.
—No creo que sea algo que le importe a un desconocido.
—Si lo hablas tal vez puedas desahogarte y seguir con tu carrera.
—Desconocido, ¿Recuerdas? —Repetí.
—Muchas personas hablan con sus almohadas, podría fingir ser una almohada.
Cerré los ojos y dejé que la brisa de la tarde lograra calmar mi mal humor. Respiré profundamente y caminé hacia él.
—Saqué un 4 en matemáticas porque gracias a mi novio, quien quiso que lo acompañara a cenar con sus padres, no pude estudiar —dije sentándome a su lado. Él ni siquiera se molestó en verme.
—Mi padre está decepcionado de mí, porque dejé que mi madre me convenciera para que fuera a esa estúpida cena. Y ahora, posiblemente vaya a reprobar matemáticas.
No dijo nada, simplemente continuó acariciando a su perro, quien se acurrucaba en medio de sus pies.
—¿No dirás nada? —Dije frunciendo el ceño.
—Las almohadas no hablamos —contestó suavemente.