I
"Los monstruos esperan ser despertados por el nacimiento de un héroe."
Leigh Bardugo- Reino de Ladrones
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"Esta historia es para explicar cómo el mundo que conocíamos dejó de existir, gracias a las graves consecuencias de las acciones de los humanos e inclusive de los propios dioses.
Está narrada a través de documentos extraídos de los diarios de cada personaje y traducidos por la especialista en traducción Mayeri Spathi.
Esperamos que con esto podamos explicar cómo empezó todo, así como también analizar si podemos encontrar la solución viendo los errores del pasado entre estas narraciones.
Por último, lo hacemos también en honor a los caídos, cuyos nombres aparecen en estas narraciones y cuya historia nunca será olvidada."
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New York, E.E.U.U 19/01/12
Sus pasos apresurados resonaban por los desiertos pasillos de aquel edificio. Tenía que escapar antes de que se dieran cuenta de lo que había hecho. Tenía que desaparecer ya que no solo su vida dependía de ello.
Dio vuelta en una esquina y salió por la puerta que tenía el cartel "Escaleras de emergencia", él no quería arriesgarse a ir por el ascensor, el momento de adrenalina requería algo más rápido, más seguro. El miedo lo entorpece, sus piernas se movían solas, su cuerpo corría por si mismo, ya que su cerebro solo repetía una palabra una y otra vez "corre". Aquello causó que se resbalara, su cuerpo impactó en la escalera, cayendo unos cinco escalones para abajo aterrizando con un fuerte golpe en las rodillas. Rápidamente se levantó y hecho a correr de nuevo. El temor lo controlaba y lo hacía torpe, y gracias aquello la adrenalina recorría todo su cuerpo de manera que adormece el dolor.
Su mente fue instantáneamente a su familia, cuyas vidas dependían de él, más específicos, de lo que sostenía.
Un maletín plateado. En el cual dentro tenía algo que lo cambiaría todo.
Agitado, llegó al final de las escaleras y se dirigió a una salida de emergencia escondida, la puerta estaba oxidada por los años de desuso, así que le costó un buen rato poder abrirla. Los dedos se le resbalaban del sudor y el óxido se colaba por estos, haciendo sus movimientos más torpes.
Su corazón latía fuertemente en su pecho, su respiración era agitada y sus extremidades temblaban. Sus ojos recorrieron rápidamente el lugar en busca de algo, lo que sea. Conforme el tiempo pasaba el miedo no cesaba, se adhería aún más a él. Necesitaba escapar ya de aquel lugar.
Sus pies caminaron hacia atrás, chocando con aquella puerta y con algo más que cayó al suelo con un ruido ensordecedor, haciendo que saltara de su lugar. En el suelo yacía un palo oxidado, en el cual un extremo estaba aplastado. Sin pensarlo dos veces lo tomo e intento usarlo como palanca. Las manos de aquel hombre estaban empapadas en sudor y sangre por lo que la puerta oxidada cedió luego de unos minutos.
Cuando sus pies tocaron el suelo del exterior, casi pudo oler la libertad, el aire fresco. Corrió hacia un coche n***o, aparcado en la salida del edificio continuo, entró y encendió el motor. Suspiro aliviado, y sus músculos fueron relajándose quedando cansados y doloridos.
Había podido escapar. Sonrió aliviado de que ya todo había terminado.
Hasta que sintió la punta del arma en su nuca.
Inmediatamente se paralizó. En su rostro se reflejó el temor de nuevo y jadeó cuando el arma se clavó en su nuca.
Había cantado victoria antes de tiempo.
-Hasta aquí llegaste- dijo una voz a su espalda, masculina y desconocida.
El disparo nunca se escuchó, pero el parabrisas se tiñó de rojo escarlata.
Un hombre encapuchado, vestido de n***o, salió de los asientos de atrás del auto, colocando el arma dentro de su chaqueta. Camino hacia el edificio, y en su mano yacía aquel maletín de su reciente víctima.
Miró hacia atrás, al coche con un c*****r dentro y sonrió satisfecho por su trabajo.