Capítulo 6. Hazme el amor.

1846 Words
Milena Ramos Sumergida por completo en la bañera, sentía como mis lágrimas se mezclaban con el agua, no solo fue un día agotador con mi jefe, sino que William insistió en hablar conmigo, pero ignoré todas sus llamadas y mensajes. En verdad pensé que mi nueva apariencia podría cambiar mi vida, pero aquí estoy, llorando por un hombre que no me amo, y siendo humillada todos los días por mi jefe. Al sacar mi cabeza de la tina, escuche varios golpes en la puerta, eran insistente, puede ser Caroline, pensé, pudo haber pasado algo y no entro porque no encontró la llave, me apresure para salir de prisa con una toalla tapando mi cuerpo, para sorprenderme con la mirada furiosa de William. —¿Qué haces aquí? — le grité, no quería verlo y mucho menos hablarle. —Tenemos que hablar. No digo nada, solo cierro la puerta, pero William la detuvo y la empujó para abrirla nuevamente, casi golpea mi cara, nunca lo había visto así. —¿Qué te pasa? – pregunté, él me empujó y entró, cerrando la puerta de un golpe, William estaba furioso. —¿Por qué no contestaste mis llamadas?, te busqué en el trabajo y me dijeron que saliste temprano, ¿qué pretendes? —¡¿Salir temprano a descansar?! — dije irónicamente, no lo quería ver, no sé por qué me buscaba. —¡No te hagas inocente! — Gritó — Aunque no lo creas ya te supere, vete, ¡ahora! — no me iba a dejar, yo también sé gritar. —Si fuera así, porque mi prometida sabe de ti. —Eso deberías preguntarle a ella, no a mí— la verdad no me importaba él y mucho menos su prometida, no entendía su pregunta, lo único que quería es que me dejara en paz. —¿Qué pretendes?, arruinarme el matrimonio ¿para qué?, ¿acaso pretendes que me case con alguien como tú? —¡A mí no me grites William!, no sé de qué hablas, nunca me casaría con alguien como tú. —¿A no?, hace tan solo unos días me decías que me amabas. —Hace unos días, tú lo has dicho, ya todo cambió, tú solo querías que yo fuera tu amante. —¿Acaso buscas un hombre que te amé y se case contigo?, por favor, mira dónde vives, quién te querría. En ese momento se acercó, siento como el frío invade mi cuerpo, y un jaloneo lastima mi piel, William me quita la toalla de un tirón, ya que era pequeña, no estaba bien ajustada. —Mírate Milena, — gritó señalando mi cuerpo, yo trataba de taparme con mis manos y cruzaba mi pierna, mientras él seguía gritándome —aunque tu cuerpo es … ¡Delicioso! ... no es perfecto, deberías ir a un gimnasio, además eres pobre, siempre serás una mujer simple, barata y mala en la cama, ¿quién se quería casar contigo?, ¡por favor! —¡William!, no más, ¡vete!, como… —¡Mujer!, por favor, mírate, ¿acaso no buscabas a un hombre para la cama?, por eso empezaste a arreglarte mejor, ¿o me equivoco? —¿No entiendo? — respondí confundida. —Yo te conocía de antes, soy amigo de Sandro, cuando empezaste a ponerte esos vestidos de oficina más ajustados, a maquillarte y arreglarte mejor, nos burlamos, era obvio que buscabas un hombre para la cama, así que me acerque a ti por uno de tus compañeros y caíste redondita, pero no busques más de mí y deja a mi prometida en paz, ella si es una verdadera mujer, elegante, con dinero y cuerpo perfecto, no como tú. No podía creer lo que me decía, a pesar de mi cambio, los hombres me seguían viendo como una cosa, ya no me importa estar desnuda, quería matarlo, así que lo empujé, pero él era más fuerte y me tiró al piso, vi el control del televisor, un cenicero y algunos objetos de vidrio que estaban en la mesa de centro, y se los empecé a tirar mientras me levantaba. —¡Estás loca Milena! —¡Sí!, lo estaba al creer en ti, en tus palabras, estaba loca, ahora estoy muy cuerda. —¡Basta Milena!, me puedes lastimar — gritaba tratando de taparse para evitar lo que le tiraba, pero para su mala suerte yo tenía buena puntería —¡Vete entonces!, ¡lárgate! Cuando se me acabaron los objetos, busqué a mi alrededor, pero William fue más rápido y me sostuvo las manos. —¡Estás loca perra, te lo advierto, déjame en paz! —¡Déjala!, ¡suéltala! Vi como Adrián tomaba de los hombros a William y lo sacaba del apartamento, mientras le daba un par de puños. —No vuelvas, o no saldrás ileso— Le gritó Adrián y cerró la puerta de un solo golpe. Al ver que se había ido y sentir el frío en mi cuerpo, lo traté de tapar con mis manos mientras buscaba algo con que cubrirme, de repente sentí algo mojado en mi pecho, era Adrián con mi toalla. —Ven vamos a tu habitación, hace frío. No alcance a entrar cuando mis lágrimas empezaron a caer por mis mejillas, todo lo que dijo William rodaba por mi cabeza, Adrián tomó la colcha de mi cama y me tapo. —Nena, ven, sequemos tu cabello. Me quité la colcha, quedando totalmente desnuda, vi como los ojos de Adrián se abrían con asombro, necesitaba saber si en verdad soy tan fea, él conocía a muchas mujeres, él era el mejor juez para mi horrible cuerpo. —Mírame, ¿en verdad soy muy fea?, no creí que se notara mucho uno que otro gordo, y mis estrías, ¿se ven muy mal?. —¡Nena no!, eres perfecta. —¡No!, él antes me dijo que era perfecta, pero ahora no. —Nena, lo eres, él es solo un imbécil… — En verdad necesitaba que alguien me amara, que me enseñara cómo conseguir el amor, tenía que aprender a satisfacer a un hombre, no lo pensé y se lo pedí. —Tócame, enséñame a ser buena en la cama — y sin pensar, lo besé, necesitaba de él, quién mejor para enseñarme, pero él me apartó. —¿Soy tan fea?, ¡te doy asco…! —¡No nena!, ¡eres hermosa!, pero dijimos que no dañaremos esta amistad con una noche de… —Entonces hazme el amor, enséñame a satisfacer a un hombre — Volví y lo abracé, pero él se apartó y me tomó de los hombros. —¡Milena!, hoy no, los dos no estamos bien, hemos pasado por cosas que nos hacen vulnerables, eres hermosa, pero recuerda que yo soy tu amigo y nunca te dañaría, eres muy importante para mí. Ningún hombre me había rechazado así, su rechazo no me hizo sentir mal, creo que estaba preocupado por mí, no sé qué sentí, pero empecé a llorar, Adrián me abrazo mientras colocaba la colcha otra vez tapando mi cuerpo, se acostó conmigo y llore en sus brazos hasta quedarme dormida. Adrián Smith Caroline y Milena, eran mujeres hermosas, de corazones puros, no eran como las chicas que encontraba en el bar, que buscaban solo una noche o tratar de conseguir a alguien rico que las sacara de su miserable vida, ellas eran fuertes, una quería un amor verdadero y la otra solo quería cumplir sus sueños, las dos lloraron y se durmieron en mis brazos, así que decidí que las apoyaría, eran mis chicas y las amaba, no voy a permitir que sufran más. Milena se movió un poco y por fin pude levantarme, dejó expuesto algo de su piel desnuda, Dios ese cuerpo!, es hermoso, si la sigo observando no me podré resistir, tome una cobija y la tape. Entre a mi apartamento y Caroline estaba aún dormida, la arrope y pude notar que seguía soltando uno que otro suspiro, bese su frente y me fue a dar una ducha, en verdad necesito controlarme para dormir. Mi sueño fue interrumpido por la risa de mis chicas, Caroline tenía una risa suave y Milena era hermosamente bullosa, salí de mi habitación y las dos estaban sentadas en el sofá, con sus cabezas hacia atrás, mientras acariciaban a Orión. —¿Qué hacen mis chicas? —Aquí, hablando que las dos estuvimos en los brazos del mismo hombre, durmió con nosotras anoche, ¿puedes creer que me dejó a mí para ir con Milena?, ¡qué perro! Sabía que ya habían hablado de mí, entre sueños escuché que ese William le propuso ser su amante y algo del jefe de Milena, pero hablaban bajito y no entendí bien, al acercarme me di cuenta lo que tenían en la cara. —Pensé que las bolsas de té eran para preparar “té”. Las dos se quitaron lo que tenían sobre los ojos, levantaron sus cabezas y me miraron en perfecta sincronía, como si en verdad yo fuera la culpable de sus ojos hinchados, al verlas supe lo que pasaba. —Ya veo, ojos hinchados, solo iré a preparar café. Las dos se rieron y pidieron café, me gustaba verlas así, felices, riendo, y me prometí que movería cielo y tierra por esas sonrisas. Después de desayunar, deje a las dos viendo películas, con helado y cerveza, supongo que van a hablar de lo que les pasó, sé que Milena me contara por qué ese imbécil la trato así, pero sabía que tenía que actuar primero. —Alex hola, gracias por venir hoy sábado— Cité a Alex en una cafetería, quería que me ayudara a investigar más cosas. —No se preocupe, mi contrato dice 24/7 y de esas horas usted solo me contacta unas pocas veces, mientras que su papá me paga un excelente sueldo, lo único que tengo que aguantar son sus gritos. —¡Amigo!, te tengo malas noticias, ahora sí te pondré a trabajar. —Lo que sea Adrián. —Aparte de investigar al esposo de mi hermana, investiga también a estas dos personas, William y Sandro, ex novio y jefe de Milena, mi mejor amiga. Le pasé un papel con todos los datos de Milena y lo que sabía del imbécil de William. — Si, ahora si me tocó trabajar, pero no se preocupe, apenas tenga información se la haré llegar. —Gracias Alex, deposite dinero por si lo necesitas. —De acuerdo Adrián, me pondré en eso ya mismo, pero antes quería comentarle que esta mañana recibí información de su cuñado. —Escucho —Está investigando a su hermana, al parecer quiere maquillar algunas cosas, porque sospecha que Caroline le va a pedir el divorcio, trataré de investigar más a fondo. —Con cautela Alex, yo hablare con mi abogado, para que sepan y te contaré. Llamé insistentemente a Cristian, pero estaba ocupado en un asunto de su trabajo, le conté por mensaje lo que pasaba y me envió el teléfono de Eimy, esa mujer no le gustará que la llame.
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