Hoy llegaba Stefan, estaba bastante ansiosa, a pesar de que nos habíamos comunicado toda la semana, se me había pasado bastante lenta, Vania me había obligado a volver a ir al gym, porque era su forma de asegurarse de que yo no estuviera mal. Respecto al testamento de mi padre, sí, había dejado uno en donde todos sus bienes se me traspasarían a mi, a mi madre no le tocaba nada. Ahora en este momento Antonia nos leía el testamento, uno que le había costado bastante conseguir. —La verdad me lo esperaba, me odiaba, tanto así que intento matarme —dice mi madre. Yo acaricio su mano. —Tranquila mamá, no es como si estuvieras sola, esto será en beneficio de las dos —digo, ella me sonríe y mira a Antonia. —Te das cuenta lo buena que es Amparito, después de todo lo que le hicimos —dice mi mamá,

