La música en el gimnasio sonaba fuerte, dentro había bastante gente. —Hay bastante gente —dice Romina, yo asiento. —Vamos a inscribirnos —dice Vania llevándonos hacia el encargado, quién era un hombre muy musculoso, la seguimos y me fijo que John mira a las chicas que se ejercitan con la boca abierta, yo lo empujo. —No mires así, te ves más raro de lo que eres —digo, John me mira un poco avergonzado, yo ruedo los ojos—. Parece que nunca hubieras visto una mujer — —¡Listo! —dice Vania, le habíamos pasado dinero de cada uno para que ella pagara todo junto, le gustaba siempre que todo estuviera en orden—. Así que él será nuestro entrenador durante un mes, luego seguimos solas —dice, yo miro a Romina. —Literal nos va a dejar las piernas quebradas —digo, ella asiente—. Y estaremos tanto t

