—¿Enserio? —pregunta, yo asiento—. Pensé que te podrías asustar de que yo te lo dijera tan luego —dice él, toma mi mano nuevamente y se la lleva a los labios depositando un pequeño beso, me mira sonriendo. —El tiempo es relativo —digo en un susurro, él asiente. —Lo es —dice, se acerca a mí lentamente, casi esperando por si quiero arrepentirme, pero quiero que me bese. Cuando sus labios tocan los míos se siente demasiado bien, y en lo único que pienso es en que no quiero que se vaya, o que deje de besarme, pero sé que ninguna de las dos cosas puede pasar—. No quiero irme pero tengo que hacerlo —dice encima de mis labios, yo abro los ojos y lo miro. —Lo sé, te extrañare —digo, él sonríe— —Intentaré venir el fin de semana, pero ya sabes que te estaré llamando cuando pueda, además que esta

