Nicolás se despertó en el suelo del living y se frotó las manos en el rostro, aún sin caer en cuenta de lo que había ocurrido la noche anterior. Sentía como si le hubieran procesado el cerebro en una licuadora; el dolor de cabeza se extendía hasta los pies, provocando palpitaciones en todas partes. Cuando se despertó, se encontró con su abuelo sentado en el sofá, mirándolo como si fuera un bufón. —Qué demonios... —se quejó por el fuerte dolor de cabeza. Luego se le vinieron los recuerdos del día anterior y corrió a la mesa para comprobar que la pesadilla no había sido un sueño, sino la realidad. Agarró los papeles del divorcio firmados y el acuerdo que habían hecho tres años atrás. Apoyó sus manos en la mesa, intentando contenerse, ya que su respiración se volvió pesada. El día anterio

