Un dolor sordo en la cabeza fue lo primero que sintió Nicolás al volver a la conciencia. Su boca estaba seca y el olor a perfume dulzón, el de Hellen, le invadió las fosas nasales. Reconocía ese perfume, antes le encantaba, pero ahora no era más que algo repulsivo para él. Abrió los ojos, parpadeando para que se acostumbraran a la penumbra, y la confusión lo golpeó con fuerza. Estaba acostado en una cama. Unas sábanas de seda negra lo envolvían, y al lado de él, con el cabello suelto y el rostro relajado, dormía Hellen. Su corazón se encogió y una ola de pánico lo invadió. ¿Qué había pasado? Lo último que recordaba era la discusión en el estacionamiento, el hombre fornido, el pinchazo en su brazo... ¿Y ahora estaba en una cama con Hellen? Se levantó de un salto, la cabeza le daba vuelt

