Una vez que la puerta se cerró, quedaron solos dentro de la habitación. —¿Qué hacía Zachary acá adentro? —inquirió Nicolás, con la mandíbula tensa y una mirada fulminante. —Él me estaba ayudando... me trajo la comida, eso es todo. Nicolás avanzó hacia ella, la sujetó del mentón con un movimiento veloz y le apretó las mejillas con fuerza. —Hay docenas de empleados para que te traigan el almuerzo dentro de la mansión... —clavó sus ojos furiosos en ella. —Solo fue un gesto de amistad —respondió Catalina con voz temblorosa, sujetando la muñeca de Nicolás con ambas manos para que la soltara. —No quiero volver a repetirlo: quiero que te mantengas alejada de otros hombres. Además, estoy furioso. Otra vez te saliste con la tuya —apretó la mandíbula con fuerza, conteniendo la rabia. —No enti

