Hola!!! Disculpen la tardanza. He comenzado las clases, claro, de manera online mientras dure la cuarentena. Espero que todos se encuentren bien, al igual que sus familias. Por cierto, aprovecho esta instancia para invitarles a leer mi nueva historia, "Atado a ti". Es una historia omegaverse, el ship es Wosplik, dos freestyler retirados que me encantaban ;-;. No es necesario que los conozcan, la historia es totalmente alterna. Me encantaría que le dieran una oportunidad y conocer sus opiniones respecto a mi nuevo trabajo. Sin seguir dando la lata les dejo el capítulo. Cuídense y un abrazo y beso a la distancia.
Capitulo 1.-
Manuel, con prisa caminaba de un lado al otro apilando cajas de cartón junto a la puerta de su departamento. En ese momento agradecía que los muebles no le pertenecieran, de lo contrario la mudanza resultaría interminable. Cholito, sentado sobre uno de los muebles lo observaba mientras meneaba la cola de un lado a otro. Una vez tuvo todo empacado le marco a, Martín, para que pasara a recogerlo.
Dio un último recorrido al lugar que por tanto tiempo fue su hogar. El día que decidió abandonar el sur e ir a estudiar a la capital apenas tenía los dieciocho años. Aún tenía grabado en su mente el rostro horrorizado de su madre, por nada del mundo quería dejarlo ir. Sin embargo, ya con su mayoría de edad, no hubo nada que la mujer pudiera hacer. Para él fue penoso dejarla a ella y a su hermana menor, dejar a los escasos amigos que tenía, y más aún, dejar atrás su pasado con el peruano.
Sobre el mueble de la pieza dejó un cuaderno, artesanal, forrado con cuero color café y un "te amaré por siempre" grabado en el frente del mismo. Al verlo ahí, no pudo evitar sentir nostalgia. Lentamente se acercó, lo tomó entre sus manos dándole la última hojeada. Ese cuaderno era el último recuerdo de, Miguel. Dentro, entre borrones, manchas de corrector y mala caligrafía, se hallaban decenas de poemas y pensamientos sueltos que él le dedicó.
Era tan difícil dejar ir su pasado, pese a eso, era como quitarse una carga demasiado pesada de los hombros, dolía quitarla, pero, al hacerlo, el alivió experimentado era inmenso. Decidido, dejó el cuaderno sobre el mueble. Debía dejarlo ir, no podía cargar con el fantasma de Miguel a su nueva vida. Amaba a Martín, lo amaba inmensamente, el argentino, pese a sus errores en el pasado supo ganarse su corazón.
El día en que le propuso vivir juntos, se negó, sin siquiera analizarlo, le dijo que no. La idea quedó dando vueltas y con el paso de los días se transformó en una idea bastante tentadora. Un mes después aceptó. Era hora de ir más en serio y sentar cabeza. Ya no eran adolescentes, eran adultos y ambos estaban seguros de sus sentimientos. De pronto, su celular sonó, era un mensaje de w******p de Martín. "Voy subiendo las escaleras ♥️". Al leer el mensaje sonrió, con prisa abandonó la habitación dirigiéndose al comedor.
Cuando el argentino llegó y vio todo lo que había para cargar, casi le dio un infarto. Rápidamente se calmó cuando el chileno enredó sus brazos alrededor de su cuello y le besó en los labios con ternura. Cuando Manuel, le besaba de ese modo no podía negarle nada, mucho menos si lo miraba con esos ojitos preciosos cargados de ternura.
Entre los dos cargaron las cajas, las cuales ordenaron en la cajuela del auto y en los asientos traseros del mismo. Posteriormente, Manuel, fue en busca de su gato, al cual guardó dentro de la jaulita transportadora.
El camino a lo que sería su nuevo hogar transcurrió cargado de bromas, risas y besos en cada semáforo que los pillaba. Manuel, sentía que estaba haciendo lo correcto. Aceptar la propuesta de, Martín, fue la mejor decisión que tomó en su vida. Luego de aquella pelea, que tanto los lastimó a ambos sus lazos se tornaron mucho más fuertes. Ya habían transcurrido seis meses de aquel entonces y era hora de avanzar un paso en la relación de ambos y se sentían sumamente felices por eso.
—Mi amor, cuando lleguemos a la casa, vos te acomodas, ayudas a Cholito a sentirse cómodo mientras yo pido una tabla de sushi y preparo todo lo demás para que piquemos algo—. El rubio se notaba entusiasmado. La felicidad que embargaba su pecho era indescriptible.
—Hay, que lindo mi cuchurrumin—. La voz melosa de Manuel, arrancó una sonrisa al argentino—. Gracias por pensar en todo, Martín—. Aprovechó el instante en que el rubio detuvo el vehículo para tomarle de los hombros y plantarle un apasionado besos en los labios.
Martín, correspondió inmediatamente, de pronto, un simple beso se transformó en una muestra de pasión desenfrenada. Se separaron un momento, el rubio aprovechó de guardar el auto dentro del garage, Manuel, abrió la puerta que conducía al interior de la casa liberando a su gato para que se dedicara a explorar su nuevo hogar.
—Vení acá, flaco, que de esta nadie te salva—. Le tomó de la cintura acorralando su cuerpo contra la pared.
— ¿Y a ti quién te dijo que quería salvarme? —Pegó su cadera contra la del rubio, causando una suave fricción entre los miembros semi erectos de ambos.
—Vos me estás provocando—. Acercó su rostro seductoramente al del chileno, atrapando el labio inferior de este con sus dientes, al momento que posaba sus grandes manos en las nalgas del contrario.
—Tincho... —jadea bajito, susurrando el nombre del rubio con cierto erotismo.
Manuel, siempre sabía cómo calentarlo al máximo, bastaban las palabras precisas, un par de caricias y sus ojos avellanas cargados de lujuria para que, Martín, perdiera completamente la cordura. Se besaron con desesperación, con necesidad, mientras que las manos de ambos palpaban todo lo que había a su paso.
Martín, tomó la iniciativa, rápidamente despojó al chileno de su ropa. Observó un instante su cuerpo desnudo, ¡todo en ese chico le fascinaba! Tomó las caderas de, Manuel, con firmeza y este no dudó en envolver sus piernas alrededor del rubio. Expulsó un sonoro jadeo al sentir su cuerpo desnudo chocar contra el, capó del auto.
Martín, no le dio tiempo de reaccionar, antes de que pudiera decir algo el rubio estaba sobre él. El argentino, procuró recorrer cada centímetro de su piel dejando notorias marcas en zonas poco visibles, ya que de ninguna manera deseaba incomodarlo. Manuel, entre húmedos besos le ayudo a deshacerse de sus prendas, las cuales se regaron por la cerámica del piso.
Sentir la fricción de sus cuerpos desnudos, era sin duda la sensación más placentera que jamás experimentó, el estar entre sus piernas y ser abrazado por su cálido interior se volvía una maldita adicción, una necesidad, una jodida dependencia. Los roncos gemidos de, Manuel, mientras movía de manera experta sus caderas al compás de sus embestidas lograban excitarlo al máximo.
Manuel, lograba sacar ese lado salvaje de si mismo, y, a la vez su lado más dócil. Todo Manuel, era una antítesis. Todo Manuel, era perfecto. Todo Manuel, era la más pura representación de libertad. Su cuerpo se tensó completamente, ese cosquilleo rico en su vientre se tornaba más potente.
Desesperado buscó los labios del chileno besándolos una y otra vez, sin dejarle respirar. Entre besos y caricias alcanzaron la cúspide del placer, tomados de las manos y sin moverse disfrutaron de tan placentera sensación. Se miraron a los ojos fijamente, en ese momento las palabras sobraban, no había necesidad de expresar con ellas lo que sus miradas gritaban. Martín, esbozó una inmensa sonrisa, para luego ocultar su rostro contra el cuello de Manuel. La suave y melodiosa risa del chileno le estremeció el alma y su cuerpo vibró de pies a cabeza al sentir las suaves caricias sobre su cabello.
—Tu pelito rucio te vuelve irresistible ante mis ojos—. Habló con voz suave y perezosa—. Te amo mucho, rucio.
—Y yo te amo a vos, te amo como no te das una idea, Manuel—. Alzó el rostro, perdiéndose en la dulce mirada del contrario.
Con pesadez se separaron, Martín, ayudó al contrario a incorporarse. Sin soltar sus manos, se dirigieron al baño, era momento de estrenarlo y tomar una ducha.
Se basaron con desesperación, Martín, dejó la boca del castaño para succionar cada centímetro de su cálido cuello. El pecho de, Manuel, se hallaba aprisionado contra los azulejos de la pared mientras echaba hacia atrás sus caderas. Estoicamente recibía las rápidas y profundas embestidas de Martín, mordía sus labios con fuerza intentando no chillar de placer cuando el rubio golpeaba su próstata.
Al final, no desempacaron las cosas, tampoco compraron sushi, ni mucho menos prepararon una cena romántica. Estaban exhaustos, ambos acurrucados en el amplio sillón del argentino, cubiertos con una manta de polar mientras veían series en Netflix y comían chucherías. Cholito, un poco menos asustado se acostó entre los pies de ambos mientras ronroneaba bajito.
Ya caída la noche, se fueron a la habitación, la cual era espaciosa y rodeada por inmensos ventanales, teniendo una vista privilegiada de la capital. Sobre la cama, se hallaba una carpeta con varios documentos dentro y un gran moño rojo en el centro. Con curiosidad, Manuel, se acercó a la cama tomando la carpeta entre sus manos.
—Es una sorpresa para vos, mi amor—. Habló con voz melosa, se acercó a él rodeándole por la cintura—. Dale, Manu, abrílo.
— ¿Qué es? — Ladeó el rostro para poder observar al rubio.
—Las escrituras de esta casa, están a tu nombre. Vos sos el único propietario, mi vida. Está es tu casa— lo estrechó con fuerza entre sus brazos—. Tiene tres habitaciones, cuando queras podés hacer invitar a tu vieja y a tu hermana.
Manuel, no se lo podía creer, rápidamente hojeo los papeles, asombrado dejó la carpeta sobre la cama y giró entre sus brazos para partirle la boca de un beso. Beso, que los dejó sin aliento, sin embargo, ambos sonreían satisfechos y felices. Jamás esperó una sorpresa de esa índole, está sería la primera vez que aceptaría algo material de, Martín.
La felicidad de, Manuel, era tan inmensa que no cabía en su pecho. Había tomado la decisión correcta y se sentía orgulloso por ello. De ahora en más, cada día sería de ese modo, ambos juntos y felices, siendo el sostén del otro. Esa noche, Manuel, leyó un fragmento de un libro a, Martín, quien disfrutaba de la tranquila voz de su pareja. El argentino, se durmió primero, mientras que Manuel, se dedicó a contemplar su rostro hasta que el sueño le ganó. Sin dudas, sería demasiado sencillo adaptarse a tanta felicidad, al calor y cercanía del rubio.
Continuará.
¿Qué creen, que se les venga a esta parejita? Dejen su opinión.