Capítulo 6

2804 Words
Hola, acá vengo a dejarles un nuevo capitulo. Este lo escribí bastante rápido, advierto que será un capitulo trágico, con bastante drama ;) va dedicado con especial a todas las que están fielmente en cada capitulo que publico. GRACIAS POR ESO!!! Capítulo 6.- ¿Qué estaba haciendo en un café del centro frente a frente con Miguel? De solo cuestionarse aquello sintió su estómago estrujarse. Ambos estaban en silencio, mirándose fijamente a los ojos, ninguno se atrevía a romper el hielo. Manuel jugueteaba con su cuchara dentro del gran tazón de chocolate, mientras que Miguel con evidente nerviosismo picada su brownie de chocolate. — ¿Qué nos pasó Miguel? ¿En qué momento perdimos el rumbo?— Manuel bajó la mirada, tenía miedo de seguir mirando esos ojos ámbar que sólo logran sumergirlo en el infierno. —lo que pasó fue mi culpa, yo no te hablé con la verdad. Tenía tanto miedo de hacerlo, realmente no supe qué hacer y lo más sencillo fue irme sin decirte adiós. No tengo excusas pues, cuando decidí enfrentarte fue porque estaba listo para darte una explicación—. Con insistencia buscaba aquellos ojos miel qué le robaban el aliento—. Aunque tampoco podía hacer mucho, ambos éramos menores de edad... — ¿Por qué te fuiste? Sé que éramos cabros chicos, pero por la chucha weón, habíamos planificado una vida juntos. Hasta el último minuto alimentaste mi esperanza. ¡Estaba enamorado hasta las patas! ¿Cómo no pudiste verlo? —No pudo contener sus lágrimas un segundo más. Lloró en silencio, con amargura y rabia contenida. Dejó la cucharita a un lado del platillo y cubrió su rostro con ambas manos. Odiaba verse tan débil frente a alguien, sin embargo quien estaba frente a él era Miguel. Miguel conocía su faceta frágil, temerosa al igual que su lado más duro y fuerte. —Manuel... — Cuando tomó la decisión de enfrentarlo se preparó mentalmente para su rechazo, su desprecio, jamás para su amargura y sus lágrimas. Estaba petrificado en su lugar sin saber qué hacer. — ¡Hasta el día de hoy me duele! ¡Me dueles aún Miguel y me vas a doler toda mi puta vida!— Exclamó alzando la voz sin importar las miradas curiosas que presenciaban la escena—. No sé cómo chucha hiciste para que te amara de esta manera, pero no importa que haga, no puedo olvidarte—. Su voz se iba apagando con cada palabra. —Flaquito, si me das una nueva oportunidad podemos arreglarlo, prometo que está vez será diferente—. Se pone de pie retirando ambas manos del rostro del chileno—. No volveré a dejarte—. Habló con determinación. —Por años esperé este momento, no te imaginas cuántas veces imaginé que venías por Cholito y por mí, que volvíamos a intentarlo... Pero ahora es distinto, ya no estoy solo, tengo a Martín—. El tacto de Miguel quemaba su piel. — ¡Pero a él no lo amas Manuel! No puedes amar a alguien teniendo a otra persona encajada en el corazón. Yo lo intenté y no funcionó—. Frunció ligeramente el ceño. —Yo amo a Martín, lo nuestro es parte del pasado y ambos debemos aprender a sepultarlo, no podemos vivir de recuerdos Miguel—. Aparta las manos del peruano con pena—. No quiero volver a verte, ni a saber de ti. No permitiré que vuelvas a romperme, déjame juntar los pedazos rotos, déjame ir... Solo quiero olvidarte y ser feliz. Antes de que Miguel pronunciará una palabra selló sus labios con un beso, un beso desesperado, cargado de tristeza y con sabor a despedida. ¿Acaso este era el fin? ¿Debía dejarlo ir? Quizás la felicidad de ambos estaba en otro sitio, quizás Manuel tenía razón y lo mejor era olvidar. Sin embargo dolía, la sola idea de pensarlo le lastimaba. Cuando Manuel abandonó sus labios lo comprendió, no estaba dispuesto a echarlo al olvido. —Te amo Miguel, siempre una parte de mi te amará, pero ya es demasiado tarde para ambos... Martín se ha esforzado por reparar aquello que tú destruiste, lo amo y quiero estar el resto de mi vida a su lado si él me lo permite. Mi decisión está tomada, no hay vuelta atrás—. Cogió su mochila con prisa y huyó. Se alejó de aquel café lo más rápido que sus temblorosas piernas se lo permitieron. Caminó sin voltear a mirar atrás, la decisión estaba tomada y voltear a ver a un herido Miguel solo provocaría que se retractara. Martín no merecía todo aquello, definitivamente no merecía a alguien como él. Se adentró en la estación del metro, perdiéndose entre las cientos de personas que deambulaban a esa hora del día. Visitaría a Martín, necesitaba hablar con él y suplicarle perdón. Pasada una hora se hallaba de pie en la recepción del piso en el cual el argentino vivía. Una vez Martín aprobó su visita el conserje le permitió pasar guiándole hasta el sector de los ascensores. El trayecto en ascensor le resultó eterno, podía ver su deplorable reflejo en los cristales de las paredes y sentía asco de sí mismo. Soltó una risa cansada y secó sus ojos con la manga de su chaqueta, el llorar le proporcionaba un aspecto aún peor. El ascensor se detuvo y a los pocos segundos las puertas se abrieron, dubitativo salió. Con pasos lentos avanzó hasta el departamento de Martín, de pronto frente a su puerta sintió miedo, comenzando a arrepentirse de lo que estaba a punto de hacer. Tenía miedo de la reacción del argentino, miedo de lo que le deparaba el futuro, miedo a quedar solo nuevamente. Posó con suavidad su índice sobre el timbre presionando levemente, a los pocos segundos la puerta se abrió mostrando a un sonriente Daniel. —Hola Manu—. Se hizo a un lado—. Pasá, el Tincho te espera. Yo voy de salida—. Le guiño un ojo en un gesto cómplice. —Hola Daniel—. Con voz temblorosa correspondió al saludo y en completo silencio se adentró en el departamento. Daniel se fue, ahora solo eran Martin y él. De solo pensarlo se le revolvió el estómago y otra vez sus ojos se humedecieron producto de las lágrimas que luchaba por retener. Avanzó un paso tras otro, lentos pero concisos. Ahí estaba Martín, recostado en el amplio sillón de cuero blanco mientras observaba la pantalla de su teléfono celular entre carcajadas. —Martin...— se atrevió finalmente a pronunciar su nombre. —Flaco vení, estoy viendo unos memes re copados—. Sin despegar los ojos de su teléfono palmeo a un costado de él. —No quiero ver memes Martín, lo que quiero es que me pesques y que podamos hablar. ¡Es importante weón! — ¿Qué pasa? ¿Vos estás bien?— Dejó el teléfono a un costado y rápidamente se incorporó. —Me pasan muchas cosas, no sé bien por dónde empezar—. A causa de los nervios comenzó a morder sus labios y dubitativo se sentó a un lado del rubio. —Empezá desde el principio para entenderte. Vos sabés que la buena comunicación es el factor principal para que una relación funcione—. Tomó la temblorosa mano de Manuel entre las suyas dándole seguridad. —Cuando nos conocimos yo no estaba bien emocionalmente... Una persona a la cual amé mucho me abandonó sin decir nada, fue demasiado duro—. Bajó la mirada, no se sentía digno de mirar esos ojos que solo irradiaban luz y confianza—. Nunca pude dar vuelta la página, tú en mi vida has sido como un rayo de luz, te amo como no tienes idea, sin embargo aún lo pienso, aún me lástima... — ¿A dónde querés llegar flaco?— Lo sabía, sabía perfectamente a dónde quería llegar, sin embargo necesitaba escucharlo de su boca. Por inercia apartó sus manos de la mano contraria y con impaciencia movió su pierna izquierda. —Me llamó por teléfono, pidió vernos, hoy estuve con él Martín—. La voz se le quebró, comenzó a sentir el escozor en sus cansados ojos—. Te fui infiel... — ¿Qué decís boludo?— Justamente era lo que no deseaba escuchar. Amaba a Manuel, lo amaba con locura y no esperaba una traición de esa índole de su parte. Quería llorar, gritar, golpearlo hasta que los nudillos de sus dedos sangraran, sin embargo se quedó estático en su sitio, sintiéndose demasiado pesado para moverse. Llevaban más de un año de relación, durante todo ese tiempo Martín se entregó en cuerpo y alma. Confío en Manuel, confío en él como jamás lo hizo con nadie. Se sentía estúpido, el chileno tenía su corazón entre las manos y acababa de hacerlo mil pedazos. El que le fuera infiel le hería, hería su orgullo como hombre, sin embargo imaginar que durante todo ese tiempo fue la sombra de otro, pensar que cada vez que hacían el amor Manuel lo veía a él, que nada de lo que entregó en esa relación funcionó, sin dudas eso le quemaba en lo más profundo... —Martin... Me equivoqué, pero te amo, te amo a ti, es contigo con quién quiero estar, es a ti a quien elegí. Necesitaba decirte esto, de lo contrario no podría vivir con la culpa... Te fallé, me equivoqué, aun así te amo weón, te amo más que la chucha... ¡Perdóname, por favor!— Lloró frente al rubio, lloró con verdadera amargura y en sus ojos podía apreciarse el arrepentimiento. —Manuel, no es un buen momento para hablar—. Con excesiva fuerza le cogió de la muñeca—. Ahora salí de mi casa, no te quiero volver a ver la cara forro de mierda—. Se levantó del sillón arrastrando al chileno con él. — ¡Martín para!— Se quejó por el trato que estaba recibiendo— ¡Suéltame weón! Me estai lastimando— Gimoteó entre sollozos. — ¿Te estoy lastimando? ¿En serio te duele?— Le retorció la muñeca provocando que el otro dejara escapar un agudo chillido—. Vos también me lastimaste, ¿acaso pensaste en mi mientras estabas garchando con el otro?— Le estrelló contra la pared más cercana. —Las cosas no son como tú piensas—. Luchaba por zafarse del agarre del rubio, resultándole inútil ya que Martin era más grande y fuerte que él—. No me acosté con él si es lo que crees, no todo se resume a sexo. — ¿Y esperás que te crea? Sos un cara dura boludo—. Cegado por la rabia y el dolor alzó su mano libre con el propósito de golpear al chileno, sin embargo al ver sus ojos llenos de lágrimas, reflejando terror absoluto no pudo hacerlo. Lentamente bajó la mano y soltó el agarre—. ¡Ándate Manuel! ¡Ándate antes de que te mate!— Se le quebró la voz. Martín no pudo más, pasó la furia y solo quedó la pena. Se dejó caer en el piso completamente derrotado rompiendo en llanto, Manuel de pie a su lado lo observaba sin saber qué hacer. Quizás lo más inteligente era irse, esperar a que se calmara y arreglar las cosas entre ambos, buscar las palabras adecuadas para expresarse correctamente. Pero no quería irse, desde hace un tiempo atrás había dejado de tomar decisiones inteligentes, e incluso dudaba el haberlas tomado alguna vez. Se arrodilló en el piso junto a Martín, sin pedir permiso o decir palabra alguna le rodeó con sus delgados brazos. Como respuesta el argentino se fundió en ese abrazo que solo le sabía a mentira, después de todo Manuel era una maldita mentira. Se quedaron así, abrazados, sollozando a un mismo compás, ambos con el corazón hecho trizas y las ganas bordeando el abismo. —Perdón, perdóname, por favor... Lo siento tanto... Perdóname Martín...—Repetía una y otra vez entre sollozos agudos mientras sus brazos se aferraban al cuerpo del argentino. Martín no dijo nada, se quedó quieto dejándose mimar por el chileno. Perdieron la noción del tiempo, no se separaron hasta sentir sus extremidades entumecidas. Se miraron a los ojos sin saber que decir, Manuel solo lograba susurrar un débil "perdóname" al cual Martin parecía no prestar atención alguna. Manuel resignado optó por regresar a su casa y en la soledad de su habitación llorar hasta el cansancio, sin embargo la mano de Martín interrumpió sus planes. No le permitió abandonar el departamento y antes de que pudiese reaccionar o decir algo los labios del argentino atacaban los suyos. Fue un beso brusco, rudo, frío, por sobretodo frío... Correspondió con cierta torpeza, se sentía desconcertado, Martín jamás le había besado de esa manera tan ruda y descariñada. No se quejó ni opuso resistencia, después de todo él tuvo la culpa, solo se dejó llevar por los deseos del mayor. Todo aconteció demasiado de prisa, en un pestañear se hallaba completamente desnudo recargando su torso contra el respaldo del sillón mientras que el argentino entraba en él una y otra vez. Sus movimientos eran frenéticos, toscos, más rudos de lo necesario, aun así el chileno guardaba silencio y soportaba estoicamente el desquite de su pareja. Con Martín hizo tantas veces el amor, tantas noches en vela dónde el deleite de entregarse al otro era todo lo que importaba. Ahora era distinto, no había cariño por parte del argentino, lo único que le transmitía era una rabia inmensa, rabia que buscaba desquitar en cada embestida. En ningún momento se excito, ni mucho menos disfruto de un acto tan déspota. Suspiro aliviado al sentir al rubio apartarse de él, al menos le estaba dando una tregua a su adolorido corazón. Rápidamente se incorporó, sus costillas dolían por la fuerza empleada por el contrario. Avergonzado buscó su ropa la cual se encontraba regada por el piso, con pudor se vistió frente a su pareja sintiéndose cohibido ante su intensa mirada. Mentalmente agradeció que en esa ocasión utilizará preservativo, le ahorraba el tener que pedir prestado el baño. Simplemente quería terminar de vestirse y huir de ahí lo antes posible. —Mirá lo que me obligas a hacer Manuel—, se quita el preservativo, le hace un pequeño nudo y se adentra en la cocina para botarlo en la basura—. Sabés que no me gusta usar condón, pero ahora cada vez que garchemos lo voy a tener que usar. Entendeme un poco, me da miedo de que me pegués algo—. Nada de lo que decía era cierto, solo deseaba herirlo, que Manuel sintiera en carne propia el dolor. — ¡Ándate a la cresta weón!— Exclamó dolido mientras se colocaba sus gastados tenis—. Puedo entender que estés enojado, que no quieras verme más, pero no merezco esto, no merezco que me trates peor que a basura—. Con su antebrazo limpió las lágrimas de su rostro—. ¡Está wea se acabó Martín! No quiero saber nada más ni de él ni de ti. Bastaron esas palabras sentidas por parte de Manuel para que se detuviera. ¿Qué estaba haciendo? Desquitarse de ese modo no era la manera. Acababa de lastimar a la única persona que llenaba casa espacio vacío de su alma. El chileno era el eje de su universo y no deseaba perderlo, pero tampoco podía perdonar de manera tan simple una traición de esa índole. —Perdóname Manu, me porte como un imbécil—. Se le acercó sigilosamente y al no ver resistencia por parte del otro decidió dejar un efímero beso sobre su frente—. Vos sabés que te amo, estoy re metido con vos... Solo dame un par de días para digerir esto. Cuando se nos pase el enojo a ambos conversamos. Ahora Ándate a tu casa—. Sus labios se curvan mostrando una forzada sonrisa. Manuel se fue, trató de mantenerse sereno hasta que salió del edificio y a una distancia prudente rompió en llanto. Había echado a perder su relación, había dañado a Martín y todo por una ilusión la cual jamás se haría realidad. Acababa de conocer una faceta del argentino que le aterró, aun así intentó ponerse en su lugar. Ya nada sería lo mismo entre ambos, eso le quedaba más que claro, ni siquiera tenía la certeza de que el argentino pudiese perdonarlo algún día. Nuevamente estaba solo y debía admitir que la soledad le aterraba, ya no había vuelta atrás, quizás si hubiese guardado silencio todo sería mejor. Sería mucho más sencillo cargar con su conciencia que cargar con el dolor que llevaba anclado en su pecho.
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