Jacob Edwards Va A Litigio para Recuperar A Su Sobrino

2930 Words
Una mañana, estando en su oficina de la fiscalía general, donde era el ayudante del fiscal, recibió un sobre con una serie de documentos aprobando la adopción del hijo de Jenny Edwards, su sobrina que era una muchacha adicta y problemática. Su pobre hermana, había terminado en un hospital psiquiátrico y había muerto ya. Él se encargaba de enviarle dinero para su manutención y para pagar las mensualidades de sus estudios de enfermería. Jacob, revisó los documentos de adopción del bebé de su sobrina, quien a todas estas, había sido enjuiciada y sentenciada a 13 años de prisión por haber dejado a su hijo en un bote de basura. Por lo cual, la Corte Familiar había determinado dar al niño en adopción a la Jueza Elizabeth Jenkins, habitante de Delaware de 42 años. En el expediente, se encontraban las fotos del bebé que lo habían llamado Sam y de la Jueza Jenkins. -Vaya! Una atractiva mujer –pensó Jacob estudiando la foto con detenimiento. Los ojos cafés de mirada aplomada los pómulos y la nariz fina y los labios carnosos. -Nada mal –se dijo Jacob continuando con la lectura de los documentos. Al finalizar, de leerlos, supo que no había nada que hacer por su sobrina. Tendría que cumplir su condena, pero pensaba que no podría vivir sabiendo que un m*****o de su sangre y de su familia, estaría siendo criado por un extraño, así que decidió llamar a su secretaria y comenzar a armar todo el caso para la apelación de la adopción. Sam, ya estaba por cumplir el año, así que debía darse prisa en introducir el documento exigiendo la apelación de esa adopción y pensaba que aunque fuese una jueza del estado de Delaware, tendría que entender que Sam, estaría mejor con un m*****o de su familia.   Cuando revisó una vez más los documentos, encontró toda la información sobre la jueza. Era sobreviviente de cáncer de útero y le había sido extirpado para poder salvar su vida. Jacob, sentía mucha pena por este tipo de casos, pero Sam era su sobrino y él lo quería a su lado. Era parte de su familia ahora que tanto su madre y su hermana, abuela del niño, había muerto también y se dispuso a la tarea de apelar la adopción con ayuda de su secretaria. Semanas después, comenzaron los juicios por la apelación de la adopción de Sam. Jacob vio entrar a Elizabeth a la corte, sin el niño, pues no era necesario que lo trajera, el caso todavía era preliminar. La vio sentarse en una de las bancas del frente y observó a toda la concurrencia. Inmediatamente, el señor Laurant, dejó su escritorio para acercarse a ella e indicarle algo en voz baja. Elizabeth, se volvió a ver a Jacob Edwards y notó que era un hombre entre 40 y 45 años, pues tenía algunas canas aquí y allá. Era alto, de ojos marrones, se podría decir que atractivo, el señor Laurant, el abogado que la representaba en este caso, se sentó a su lado y comenzó a explicarle algunas cosas sobre la juez y tecnicismos del caso. Jacob, se volvió a ver a Elizabeth y se quedaron mirando por unos momentos con intensidad, ninguno esquivaba la mirada. Ambos, eran abogados litigantes, acostumbrados a pelear por lo que creían justo. Ninguno de los dos se dejaría amedrentar por el otro. Se miraron hasta que la entró la juez y ambos, volvieron a verla. Jacob, pensaba que aunque fuera una atractiva mujer sobreviviente de cáncer, no se dejaría comprar por artimañas para cederle la custodia de Sam. Si ella creía que él cedería ante unos bonitos ojos color avellana, estaba muy equivocada. Elizabeth Jenkins, pensaba que ese hombre era soberbio. Se notaba por la manera en que miraba. Ella, sabía que no sería fácil, pero no se dejaría vencer tan fácilmente, lucharía por la custodia de Sam hasta el final. Ella, era la única madre que él conocía. La que lo alimentaba y cuidaba y lo dormía de madrugada junto con su peluchito Ferdy. La que le había dado un hogar, después de haber sido abandonado en un bote de basura. ¡Claro que lucharía por su hijo! Sólo una mujer que hubiera perdido su útero y no tuviera familia, podría entender el amor que la impulsaba a amar a Sam. Ella, era madre, así al poderoso y obstinado señor Edwards, no pudiera entenderlo. El juicio transcurrió tranquilamente, cada uno de los abogados haciendo sus alegatos cuando era pertinente. Lo más importante que se dijo al terminar el señor Edwards de presentar su alegato fue: -El señor Edwards está en todo su derecho de apelar, debido a que es el familiar más cercano del niño y la madre permanece en la cárcel -dijo la juez- -Señor Lautner ¿Algo que agregar? -Sí, su señoría, la psicología advierte del daño que se le crea al niño, al cambiarse de hogar. Lo puede afectar profundamente, mi cliente, la jueza Jenkins, ha mantenido al niño bajo su custodia y cuidados y protección, dándole a éste, lo que su madre le negó al abandonarlo en un bote de basura, siendo rescatado por una organización religiosa y entregado a las autoridades, hasta que concluyó el juicio, donde la madre Jenny Edwards fue declarada culpable por delito de negligencia y abandono a 13 años de prisión. El abogado continuó: -Mi clienta la jueza Jenkins, sólo quiso ayudar a este niño, dándole calor maternal y de hogar, después de lo que el niño sufrió, el cual, ni siquiera dormía en las noches. Fue mi clienta con sus cuidados maternales quien ayudó al niño a dormir a sus horas. Lo alimentó y lo atendió como si fuera su propio hijo. No escatimó en gastos materiales pero tampoco escatimó en el amor que le dio para atender todas sus necesidades durante estos últimos 10 meses. -Entiendo -dijo la juez, revisando el expediente- Aquí lo explica claramente y también se encuentran las fotografías del cuarto del niño. -Su señoría: También se encuentran las fotos de la celebración de su primer año de vida, además de viajes a la playa, donde el niño estuvo feliz y atendido –dijo el señor Lautner - -Señor Edwards – preguntó la Jueza - ¿Por qué no se interesó en el bienestar de la madre o del niño antes? Siendo que es usted el familiar más cercano. -No estaba enterado señoría de lo que estaba ocurriendo. Mi hermana murió hace algunos años en un centro para incapacitados y mi sobrina me contactaba poco y no quiso pedir mi ayuda. No se había comunicado conmigo para decirme que las cosas se le habían puesto realmente mal y yo dejé de enviarle dinero, una vez que me di cuenta que ella había dejado los estudios, para ver si los retomaba, pero sólo se empeoraron las cosas y todo terminó en la triste historia que estamos discutiendo acá –respondió Jacob - -Disculpe señoría -dijo el señor Lautner- pero el informe dice que el centro donde murió la madre de Jenny Edwards, en realidad era una casa de reposo para enfermos mentales y es la sana preocupación de mi clienta, preguntarse si es conveniente que el  el niño sea sometido a vivir con una familia donde su madre bajo efectos de droga, abandonó al niño en las circunstancias antes mencionadas y su abuela murió en un centro para enfermos mentales. En ese momento, Jacob se volvió a ver molesto a la Jueza Jenkins y esta levantó la cara a verlo también con una ceja levantada. -Señor Edwards -dijo la juez- La preocupación expresada por el señor Lautner es totalmente válida. Esta corte se realiza para ver las necesidades del infante y ver que se quede en el hogar que resulte tener el ambiente más sano para el niño ¿Cree usted que podrá proporcionarle a este niño, lo necesario para que lleve una vida de crecimiento sano y redunde en ser un hombre de bien en nuestra sociedad? -Si, Su Señoría. Usted y toda esta corte, podrán constatar que tengo los medios y estoy dispuesto a darle una buena vida a Sam. Es mi sangre y mi familia. Prácticamente, lo único que me queda. Jacob, notó que al hacer esa declaración, Elizabeth se volvió a verlo con ojos cristalizados y sintió un frío en el corazón. Ambos sabían, en esas cortes, en la mayoría de los casos, el niño era entregado al familiar más cercano. Ella,  levantó la mirada a ver al Señor Edwards y por extraño que pareciera, en su corazón sentía que él estaba diciendo la verdad, pensaba que no se rendiría hasta dar la última batalla por Sam. La juez, puso una nueva fecha para continuar con el juicio y dio por terminada la sesión. Jacob, observó que el señor Lautner, se acercó a Elizabeth para decirle sus apreciaciones, por lo que aprovechó de acercarse a ellos diciendo: -El que saquen a colación la enfermedad mental de mi hermana, no quiere decir que se van a quedar con mi sobrino –dijo Jacob con un tono de voz duro, mirando a Elizabeth Jenkins- -Qué malo que no pensaba usted así cuando la joven echó a ese bebé  al basurero, contando sólo con dos meses de edad-respondió Elizabeth sin dejarse intimidar, mirándolo con ojos que se clavaban en él como espadas. El señor Edwards hizo un gesto de odio y se retiró, sin decir nada más. Esa noche, estando Jacob en la casa que había alquilado, se sentía inquieto por el futuro del niño. La jueza Jenkins, debía saber que él  iba a valerse de todos los mecanismos a su alcance para quitarle a Sam y ella nada podría hacer para impedirlo. Jacob, sabía que la mujer había invertido, además de dinero, esfuerzo, trabajo y sacrificio. Él estaba más que dispuesto a pagarle toda la inversión que ella había hecho. Claro está, que él entendía que ella había invertido mucho más que dinero en el niño. Lo había cuidado bien, como una madre, pero era su sobrino. No lo abandonaría. Jacob, caminaba por la sala de su casa pensando que esa mujer no querría soltar a Sam después de superar su cáncer donde perdió su útero. Lo más sagrado que tiene una mujer y el haber perdido la posibilidad de ser madre y de acoger en su vientre la vida. Debió haber sido algo muy doloroso de superar, el aceptar que nunca podría darle vida a un hijo salido de sus entrañas, Jacob suponía que eso, la había marcado para siempre. Jacob, también pensaba que probablemente, no pensaba casarse. Había muchos hombres que no querrían formar hogar con una mujer que jamás le daría hijos, aunque era una mujer sumamente atractiva, no lo podía negar. No podía dejar de mirarla. Había algo en sus ojos que reflejaban el dolor que había sufrido, pero también una fortaleza que parecía inquebrantable. Elizabeth, por su parte, cuando llegó a su casa, cayó de rodillas ante el gran ventanal, llorando, pues, sentía que le habían quitado tantas cosas en la vida que le habían arrancado parte de su vida, era una realidad que ya había aceptado, no tendría hijos, ni esposo, ni familia y aunque en este momento lloraba, estaba agradecida por lo que tenía y por las pruebas y sacrificios por los que había pasado que le habían enseñado tantas lecciones de fortaleza. Su madre perdió la batalla contra el cáncer, siendo ella muy niña y fue una gran pérdida para ella y para su padre. El cáncer es un flagelo, que no distingue, r**a, religión, género, nivel socio económico, el gran destructor de hogares, en el mundo entero, pero ella se había hecho de mucha fortaleza, su padre, el señor Jenkins, había sido un gran compañero de lucha, en los peores momentos. Última parte del juicio por la apelación de la adopción de Sam. Jacob, observó a Elizabeth entrar en la corte seguida de un hombre mayor, probablemente su padre. Se sentaron en la banca del frente y el señor Lautner, dejó su escritorio y vino a hablar con ella, quien permanecía tranquila, esperando escuchar el veredicto. En un momento, Jacob, se volvió a verla y por unos segundos sus miradas se cruzaron. Él sentía que ella quería manipular al jurado por haber sido sobreviviente de cáncer y Elizabeth sentía que él la miraba con tal odio porque quería separarlo de su sobrino.  En ese momento, entró la juez y todos se pusieron de pie. Después de escuchar, los alegatos de las dos partes, la jueza, preguntó si alguno de los dos abogados tenía algo que agregar y como ya el señor Lautner, había planteado lo de la enfermedad mental familiar, no tenía más alegatos, pero el señor Edwards, pidió la palabra: Tengo entendido que la Juez Jenkins ha sido una buena madre para Sam. Ha cumplido con todos los requerimientos del niño responsablemente y lo ha cuidado y mantenido sano y protegido, pero, yo también quería decir que la señora presentó un cáncer de útero, donde le fue hecha una histerectomía y quiero dejar en claro, que existe la posibilidad que la juez Jenkins haya desarrollado este cuidado y atención por Sam, debido a su imposibilidad de tener familia en un futuro, lo cual, debería ser revisado, en caso de que ella continúe con la custodia de Sam, pues este apego venido de una carencia afectiva por parte de la juez, sería poco sano para el niño –terminó Jacob sintiendo una inexplicable punzada de dolor en su corazón, lo que lo hizo tomar varias respiraciones profundas, hasta que se le pasó y se volteó a ver a Elizabeth, quien estaba derramando unas lágrimas, que limpió rápidamente, por lo que volvió su mirada al frente- -Abogado Lautner -dijo la juez- -La Juez Jenkins, no quiere que el tema de su cáncer superado, sea tomado más allá de la información pertinente a su expediente. Es sólo una enfermedad superada y que en ningún momento, es su intención, tomar esto: y repito sus palabras, “como un arma de manipulación para que le permitan quedarse con el niño”, ya que ella también representa a la ley de este país y es su más grande intención Que la decisión que se tome en esta corte sea, para el mayor bienestar del niño. En ese momento, la juez se volteó a ver a Elizabeth, con mirada interrogante y Elizabeth asintió con la cabeza varias veces y la jueza respiró profundo y miró su expediente y lo cerró, entonces dijo: -Tengo 25 años como juez en la corte familiar.  Es una de las pocas veces, en la que veo, a ambas partes perseguir el bien del niño en cuestión. Tengo que agradecerles a ambos, abogado Jacob Edwards y Jueza Jenkins, por dar tal ejemplo de dignidad y de que son parte del sistema de leyes de este país. -Pensaba pedir un receso y una nueva fecha para venir a escuchar la resolución del caso, pero creo que no lo voy a necesitar: -De pie –se escuchó decir en la corte- Y el padre  de Elizabeth la tomó de la mano. Se hizo la lectura de todo lo dicho en las audiencias anteriores y entonces la juez habló cuando ninguno de los abogados quiso acotar nada más. -Bueno, ha sido un honor de verdad, presidir esta corte, familiar, en el caso de la apelación del señor Jacob Edwards, sobre la adopción hecha de la Juez Elizabeth Jenkins de su sobrino Sam Edwards. Es un honor, lo repito, que ustedes pertenezcan al sistema judicial de nuestro país. -Bueno, dicho lo cual, voy a proceder a dar mi veredicto, sobre el caso que nos dio cita aquí esta tarde. -Es mi decisión después de haber estudiado todo el caso y los expedientes y de haber escuchado cada uno de sus alegatos, que el niño Sam Edwards, sea entregado a su tío Jacob Edwards en un plazo de una semana. Deberán contactar sicólogos o personal del servicio social para que el niño sea llevado con su tío, de la manera menos traumática posible. En ese momento, hubo gran alegría entre las personas que acompañaban a Jacob Edwards y la Jueza tuvo que golpear con su martillo, llamando al orden, entonces, se tranquilizaron. Es muy importante para mí decir, que esta decisión fue muy difícil de tomar y sólo me apegué a la ley, pero alguna vez me gustaría sorprenderme de que se imponga más la ley del amor que la de los hombres y que en este caso Sam, pudiera disfrutar del amor que recibe de ambas partes. Sería el mundo ideal. Con lo cual, declaro cerrada esta cesión. Pueden retirarse. Tengan todos muy buenas tardes. Se levantaron todos de la silla y Lautner vino a darle un beso en la mejilla y a hablarle. Elizabeth le respondía tranquila, dándole las gracias por toda su preocupación, entonces, se volvió a su padre y este la abrazó y la tomó por los hombros y le dijo palabras de ánimo. Vamos. Te acompaño a casa -dijo el Juez Jenkins- Ambos, se dirigieron a la puerta. Jacob corrió para alcanzarlos y le ofreció la mano a Elizabeth a quien su padre abrazaba y esta levantó la mirada con tranquilidad y le estrechó la mano. Ella lo soltó sin decir nada y se volteó para caminar abrazada con su padre, por el pasillo hacia la salida, para llegar a su casa y abrazar mucho a Sam, para acostumbrarse a la idea de que Sam saldría de su vida, para irse a vivir con su tío.
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