š CapĆtulo 29 ā Tentación y prueba El sol comenzaba a descender sobre Montecarlo, tiƱendo el cielo de tonos dorados y naranjas que se reflejaban en los cristales de la mansión. La terraza estaba elegantemente dispuesta para la reunión privada de esa tarde: copas de cristal, velas encendidas y un ambiente de tranquilidad que contrastaba con la tensión invisible que flotaba en el aire. Alejandro caminaba lentamente junto a la baranda, contemplando la ciudad y tratando de despejar su mente, pero no podĆa sacarse de los pensamientos a DamiĆ”n Ćlvarez. āIncreĆble atardecer ādijo Alejandro, sin mirar a nadie en particular, sintiendo la presencia de alguien detrĆ”s de Ć©l. DamiĆ”n apareció entonces, con esa elegancia frĆa y segura que parecĆa dominar cualquier espacio. Su sonrisa era calculada, pe

