El giro que nadie esperaba El silencio dentro del auto era tan denso que parecía un tercer pasajero. Nicolás manejaba con la vista fija al frente, los nudillos marcados en el volante, mientras Gala lo observaba de reojo, sintiendo en el ambiente una tensión que no sabía si era miedo, bronca… o las dos cosas al mismo tiempo. —Nico… —dijo ella finalmente, suave, casi en un susurro que buscaba no romperlo—. ¿Estás bien? Él no respondió al instante. Respiró hondo, tragó saliva, y recién ahí habló: —No sé si estoy bien… —admitió—. Pero sé que esto no me va a frenar. Gala lo miraba con una mezcla de orgullo y dolor. Sabía que cada vez que algo oscuro del pasado regresaba, dentro de él se rompían piezas que él mismo había tardado años en soldar. Pero también sabía que Nicolás había cambiado.

