La decisión que cambia el rumbo El lunes amaneció distinto en Buenos Aires. No era el clima, ni el ruido de la ciudad, ni siquiera el cansancio del viaje. Era la sensación, profunda y clara, de que algo dentro de la familia había cambiado para siempre desde aquella visita a Mendoza. Gala preparaba el desayuno mientras los chicos se vestían para la escuela. Marco, con una taza de café en la mano, miraba por la ventana como si intentara ver las montañas a través de los edificios porteños. —¿Pensando en el terreno? —preguntó Gala, acercándole un beso en la mejilla. —Todo el tiempo —respondió él—. No puedo sacármelo de la cabeza. —A mí me pasa lo mismo —admitió ella—. No sé si es el paisaje, la tranquilidad… o esa idea de que ahí podríamos construir algo más nuestro. Marco dejó la taza s

