“La Fuerza de lo que Construimos” El amanecer sobre Buenos Aires tenía un brillo cálido que parecía anticipar algo grande… algo distinto. Nicolás abrió los ojos lentamente, sintiendo el peso agradable del cuerpo de Gala recostado sobre su pecho. Su respiración suave, tranquila, profunda, era la melodía más perfecta para despertar. Ella se movió apenas, como si supiera que él estaba consciente. —Siempre te despertás antes que yo… —murmuró, rozándole el cuello con la nariz. —Me gusta mirarte dormir —respondió él, pasándole los dedos por el hombro desnudo—. Sos lo más lindo que tengo al lado. Gala levantó la cabeza y apoyó la barbilla en su pecho, mirándolo con esos ojos que lo desarmaban. —Ayer me dejaste sin palabras —dijo ella—. Todavía siento la intensidad de todo. Nicolás sonrió,

