El día que todo avanzó de golpe El amanecer en Buenos Aires entraba tibio por las ventanas del departamento. Esa claridad dorada anunciaba un día especial, de esos que uno siente en el pecho antes de que realmente empiece. Nicolás se despertó primero, como casi siempre, y se quedó mirando el techo unos segundos, escuchando la respiración tranquila de Gala a su lado. Era increíble cómo, a pesar de todo lo vivido, seguían durmiendo como si el mundo por fin hubiera aprendido a no interrumpirlos. Se incorporó despacio, sin hacer ruido, y fue a la cocina. Encendió la pava eléctrica y miró por la ventana hacia la ciudad que recién se empezaba a mover. Ese día tenían una reunión clave sobre la última etapa del edificio de jóvenes. Faltaba poco para que el proyecto tomara forma real: paredes, au

