Todo Cambió” El silencio entre ellos no era vacío. Era un abrazo. Un latido compartido. Gala seguía encima de Nicolás, con la respiración agitada, pero con la mirada llena de algo más profundo que el deseo: una certeza tranquila. Ella deslizó la mano por su pecho y apoyó la cabeza justo allí, escuchando su corazón. —Late fuerte —dijo en voz baja. —Es por vos —respondió él, acariciándole la espalda con movimientos lentos, detallados, como si cada centímetro de ella importara. Gala cerró los ojos, dejando escapar un suspiro que no era de cansancio, sino de alivio. —¿Sabés qué me pasa? —susurró—. Que cuando estoy así con vos, me siento… en casa. Nicolás apoyó su mentón sobre su cabello y la abrazó un poco más. —Vos sos mi casa —respondió él, sin dudar. Ella levantó la cabeza y lo mi

