“El Latido Que Sostiene Todo” La mañana siguiente llegó con una luz suave que entraba por las cortinas como si no quisiera interrumpir. Nicolás abrió los ojos despacio, sintiendo primero el aroma familiar del cuarto, el silencio cálido del departamento… y luego, la presencia de Gala, dormida a su lado, con una mano apoyada en su pecho. Había algo sagrado en verla así. Tranquila. Segura. En paz. Él no se movió. No quería romper el momento. Su respiración y la de ella estaban sincronizadas sin que lo hubieran planeado, como si sus cuerpos entendieran algo que ellos mismos todavía estaban aprendiendo a decir con palabras. Gala se acomodó contra él, buscando más calor. Nicolás sonrió. Después de todo lo que vivieron —la guerra oculta, los enemigos, los miedos, las huidas— poder desper

