El Eco del Nuevo Comienzo --- El amanecer sobre Buenos Aires tenía ese brillo dorado que parece anunciar algo más que un nuevo día. Desde el piso alto del edificio donde vivían, Nicolás observaba la ciudad despertar con una sensación distinta: una paz profunda, una certeza rara. Era como si ese cielo diáfano supiera que algo estaba por cerrarse… y algo nuevo estaba por abrirse. Se frotó las manos, respiró hondo y dejó que el aire frío lo despejara. Detrás suyo, en la cama, Gala dormía envuelta en las mantas, con el cabello suelto sobre la almohada como una cascada oscura. La luz de la mañana la tocaba justo en el rostro, y él sonrió: incluso después de todo lo que habían vivido, ella seguía siendo el lugar donde todo cobraba sentido. Era el día en que el edificio para jóvenes —su gran

