Capítulo 5. ¿Abuela?

1257 Words
—¿Qué es este escándalo? Exijo saber que está pasando—la voz de la abuela resonó por el corredor dejando a todos paralizados en su lugar —¿Joe? ¿Joelin? ¿Querida eres tú? Me sentía sumamente avergonzada y todo se lo debía al señor buenorro. —Hola, abuela— mi voz sonó quedada, no podía verlos, pero estaba segura que los hombres estaban pasando saliva. Me costaba reconocer a la mujer que tenía delante de mí ahora. Tenía puestos unos tacones con punta de aguja, su vestido era corte sirena, un ajustado corsé con pedrería dorada hasta su cintura y después la tela tenía una caída suave con un leve escote en su pierna derecha. Era una mujer despampanante. Se veía deslumbrante con su cabello plateado recogido a juego con unos aretes de ¿Diamantes? Se notaba como una mujer segura de sí misma y empoderada. Eso produjo en mi cierta nostalgia, era muy distante del recuerdo de la mujer que se quedaba en casa enseñándome a hornear y amar la cocina, me alegraba que una mujer tan fuerte como mi abuela, pudiera tener lo que se merecía, tantos años de esfuerzo y bendiciones al fin estaban dando resultado. Levanto sus manos a la defensiva como si estuviera demasiado molesta como para poder hablar con claridad, podía ver en sus ojos los signos del cansancio, seguramente estaba bajo mucha presión. —Ustedes dos a mi oficina, ¡Ahora! — me señalo junto al idiota que me derribó, dejándonos con las palabras en la boca. Los guardias me soltaron, me dolían las muñecas de donde me habían sujetado, con sutileza me ayudaron a levantarme para entrar la oficina. Sin duda el idiota se veía algo pálido, pero adopto una pose militar que decía que no lamentaba haberme tacleado casi podía escuchar su voz diciendo “Sólo hacia mi trabajo”. Mi abuela por su parte ya se había sentado en su escritorio mirándonos con expectación, parecía en parte divertida por la situación, supongo que no esperaba que nuestro reencuentro se diera de esta manera. —¿Y bien quien me dirá que paso? Con mi némesis compartimos una mirada, sintiendo que ninguno quería admitir lo que en realidad paso. El rompió primero el contacto visual. —Encontré a la señorita en un pasillo restringido, cuando le pedí identificarse ella se comportó muy hostil y comenzó a correr, tuvimos que…—mi boca literalmente cayo al piso, ¿Cómo se atrevía a mentir? Y lo hacía tan descaradamente con su cara de angelito que no parte un plato, cualquiera en su lugar le creería. Era un hijo de la tiznada. —¿Hostil? — no pude evitar intervenir —Te mostré mi credencial y te dije quién era, si me hubieras escuchado una sola vez, esto no habría pasado— gire mi cuerpo para verlo mejor, no soportaba que dijeran mentiras para quedar bien. —Fui muy claro con usted, era un área restringida y mi deber es confirmar toda información que me den, usted comenzó a correr, ¿Qué esperaba que hiciera? — por su cara parecía que me hubiera crecido otra cabeza durante esta conversación. —Si, me hubiera escuchado una vez. —Si usted hubiera obedecido. Sin darme cuenta habíamos acabado con la distancia que nos separaba. Un ruido hizo que nos separamos rompiendo nuestra burbuja de ira, sin duda ese hombre es un idiota. Mi abuela paso una mano por su frente y nos dio una mirada que no supe interpretar. —Creó entender que paso y no es más que un mal entendido— dio dos pasos hacia el hombre que me tacleo­ —Joelin, querida, él es Andrew Karev, mi mano derecha y el administrador de la empresa, gracias a su trabajo las cosas funcionan como lo hacen— ese nombre. Su nombre era ¿Karev? ¿Cómo el de Greys Anatomy? ¿Cómo el tipo con el que desperté hace unas horas? No, no, no podía ser el mismo tipo. Ambos sin dudas tenían el cuerpo trabajado, pero el militar y políticamente correcto no podía ser el mismo que se fue con una chica de un bar a un hotel, ¿O sí? Pase saliva ante esa idea. Ajena a mis pensamientos mi abuela, continuo con las presentaciones. —Andrew, ella es mi querida nieta, Joelin Wilson, la co-fundadora de esta compañía— sus ojos se llenaron de una alegría compartida. Nunca me gusto ufanarme del hecho de que ambas comenzamos el proyecto juntas, porque después de todo, solo Ana Wilson fue quien construyo una trasnacional desde cero y ha mantenido el liderazgo a lo largo de los años. —Tenemos un evento en puertas, gente de todo el país ha venido a ver nuestra nueva ala industrial, son inversores muy importantes, así que no perdamos el tiempo en tonterías…— su voz cambio cerca del final a un tono que medio escalofríos —espero que su comportamiento este a la altura— eso ultimo parecía una amenaza y no quería saber a qué consecuencias tendríamos si la hacíamos quedar mal. —Claro que sí, señora— agacho su cabeza sumisamente y quería saber a dónde se había ido el tipo duro— seguiré con los preparativos— dijo antes de irse. Gire mis ojos, había visto eso muchas veces con las personas que trabajaban en el buffet de mi padre, todas tenían miedo de truncar sus carreras por un error de estos. Una vez nos quedamos en el lugar solas, me sentí intimidada. —Abuela yo…— levanto su mano deteniéndome. —Cuando tu padre se fue al otro extremo del país, partió mi corazón en dos — sus ojos se aguaron un poco —eras la luz de mis ojos, el bastón para esta abuela, pero eso me dio una lección importante, necesitaba hacerme más fuerte y pensar en mí— hizo un gesto para señalar el lugar —Cuando conseguí todo esto, esperaba que vinieras a mí a su momento, pensé que esa era la razón por la que estabas en la ciudad, debo decir que me decepciono que ni siquiera pensaras en llamarme. —Abuela, sabes que yo te amo— hizo un gesto restándole importancia, limpio su ojo con cuidado de que su maquillaje no se arruinara. En medio de mis pensamientos la idea de pasar tiempo en familia, no estaban en mis planes, me imaginaba algo muy diferente a lo que pasaba ahora. —Tengo cáncer en fase terminal— sus palabras me dejaron sin aliento. No entendía lo que acaba de decirme, mi mente estaba yendo a todos los recuerdos que tenía buscando una posibilidad, repasaba las videollamadas pero no recordaba nada raro, los mensajes de texto tampoco eran reveladores, pero entonces comencé a pensar en detalles que ignore, algunas toses fuertes, las constantes desapariciones por tiempos cortos. Nadie me había dicho nada, estaba seguro que todos habrían enloquecido si lo supieran, el resto de mi familia se abalanzaría como buitres por la herencia. —¿Desde cuándo? Ella hizo una sonrisa triste. —Mi doctor lo dijo hace cerca de un año, estuve por meses en tratamiento, pero eso solo ha reducido mi calidad de vida, incluso el doctor ya me sugirió cuidados paliativos— las lágrimas caían por mis ojos sin control, no podía poner control a mis emociones, eran tantas cosas que pasaban por mi mente que me sentía sobrepasada —Quiero que te hagas cargo de la compañía, para eso te he pedido que vengas hoy.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD