Me desperté ante la sensación enajenada de no saber donde me encontraba. Aturdido y con mi cabeza palpitando, me intenté sentar sobre la cama. No era mi habitación, y definitivamente tampoco la reconocía. A mi lado, una mujer de piel morena y semidesnuda yacía profundamente dormida. Unos pequeños recuerdos abordaban mi mente con dificultad, como si sólo tuviera pequeños retazos de lo ocurrido la anterior noche. Un dolor punzante me sacudía, y sentía el malestar de mi estómago dañado por el abuso de la bebida blanca anoche. Me encontraba desnudo, y desde allí podía ver mi ropa repartida por todo el suelo de la habitación. Tomando valor suficiente para ponerme de pie, respiré hondo intentando no tambalearme ante los mareos constantes que me azotaban en intervalos cortos de tiempo. El sol

