Todo el camino lo volvimos en silencio. Nos detuvimos nuevamente en el viejo y abandonado salón donde nos habíamos reunido en un principio. Nicolás carraspeó su garganta, intentando llamar mi atención mientras sacaba un cigarrillo de su cajetilla y procedía a encenderlo. Me ofreció uno, pero me negué rápidamente. Luego de la primer pitada, dió un suspiro cansino. _Casi no te reconozco allí dentro. _Qué casualidad, me ocurrió lo mismo. Al ver que no estaba dispuesto a hablar del tema, decidió no seguir insistiendo. _No puedo decirte nada, realmente. Ni puedo negar que hubiese hecho algo del estilo estando en tu lugar. _Qué bueno, entonces cierra la boca. Dije mientras me quitaba mi saco, totalmente arruinado por la sangre y el polvo de la pólvora. Dirigiéndome a mi cajuela par

