Mantuve mi sonrisa hasta que aquel vehículo desapareció en el horizonte. Luego giré sobre mis talones, encontrandome cara a cara con la descuidada gasolinera. Me acerqué a aquella despensa, entrando dentro del lugar. A pesar de que por fuera se veía pequeño por dentro tenía mas cosas de las que parecía. Me costó encontrar el mostrador, ya que se escondía entre los estantes y estantes de repuestos para auto y demás chiches sin importancia. Una campana se encontraba sobre aquél mostrador de madera. La toqué una, y luego dos veces hasta que alguien se hizo presente. Una señora de bastante edad se asomó sonriendo. -Lo siento, creí que no había nadie.-Me disculpé ante la insistente sonada. -No te preocupes, en este pueblo fantasma suelen tener esas impresiones. Reí ante su comentario.Ella

