Capitulo 4

3087 Words
Todo ocurrió de una manera inesperada. Los días transcurrieron, y los resultados del forense llegaron. Mis huellas se encontraban en el cuchillo que había atravesado el pecho de Tony. Habían huellas de los dos por todos lados en la biblioteca. Todo apuntaba a lo mismo, todo apuntaba a que yo había asesinado a Tony Miller. Sin embargo, por ley estaba designando que hubiese un juicio. Y así lo sería. Lamentablemente, fui enviada al Centro de detención federal. Las horas avanzaban, como si el tiempo no existía en aquel lugar. En aquel horrible lugar. Me encontraba rodeada de hombres y mujeres criminales, que a veces vociferaban, lamentándose, riendo, llorando, o simplemente subsistiendo, en total silencio. Así como yo. A veces lloriqueaba por las noches, sin embargo, la mayor parte del tiempo, permanecía enmudecida, deseando que el tiempo transcurriese más rápido de lo que lo hacía. Mientras seguía sumisa en mis pensamientos, un silencio se desvanecía por las carceles, escuchándose solamente el viento soplar con estruendo.  Cabeceaba, intentando caer en profundo sueño, sin embargo; de un momento a otro un agudo siseo me sobresalto.  —Pss.. ¡Hey, tú! —¿Quién anda ahí?— pregunte en voz alta, confundida de la voz que flotaba en el aire.  —¡Aquí!, ¡enseguida de ti!—exclamó la grave voz.  Desorbite mis ojos, mirando hacia todas partes, tratando de encontrar a la persona que me hablaba; divise un pequeño orificio en la pared izquierda de mi celda. Un ojo verde se divisaba observándome. El ojo de un chico—. Creo que ya me viste.  —¿Me conoces? — pregunte, acercándome hacia el orificio que daba al descubierto aquel ojo desconocido.  —Algo así—contesto el chico—. Eres la que asesinó a su novio, ¿cierto? Lance un pequeño quejido, y negué.  —No. Soy inocente.  —Si, claro. Todos lo somos. En especial en este lugar— dijo el chico, en tono sarcástico.  —¿Y tú? ¿Cuál fue la horrible razón por la que estás aquí? — pregunte, doblando mis rodillas sobre el gélido suelo.  —No estaré aquí para siempre. Solo unos días— repuso el chico. Su cálida voz susurraba, junto el aire que ululaba briosamente, logrando una madrugada lóbrega—. Robé por necesidad, y es por eso que terminé aquí. Sin embargo, sólo estaré por un breve tiempo.— titubeo el chico, con una tristeza que podía percibirse en cada palabra que salía de sus labios.  —¿Necesidad? —Si. Medicamentos. No lo entenderías.  Una afonía invadió la instalación. El chico de ojos verdes, se apartó del orificio que sobresalía de la grisácea y desgastada pared que nos dividía, y se dirigió hacia su incomoda cama. Hice lo mismo. Los dos nos quedamos en completo sosiego, mirando hacia el techo, bajo una oscuridad, donde los enormes focos, que yacían sobre el techo, parpadeaban, emitiendo una luz anaranjada.  El sueño había cerrado mis párpados. Hasta que, el chico hablo, interrumpiendo el silencio.  —Antes de que te duermas.., quisiera preguntarte una cosa.  —Dime— conteste, medió adormilada. —¿Cuál es tu nombre? —Loren. Loren Peters—pude escuchar la sonrisa que se dibujó en su rostro—. ¿Cuál es el tuyo? —Marcus. Marcus Evans.  Su nombre. Fue lo último que escuche, antes de caer dormidos.  Jamás pensé lo que enfrentaríamos juntos en los próximos días.  Jamás pensé ser parte de la gran aventura que entornaría nuestras vidas, dentro del abismo. ------- Irrumpí la madrugada.  Todo comenzó con pequeñas imágenes recopiladas de aquella noche.  Todo comenzó con una pesadilla, la cual era verídica. El cuchillo, penetrando sobre el pecho de aquel inocente chico.  La sangre escurriendo por su cuerpo.  Su rostro desasosegado, inundado de incertidumbre y tristeza.  Mi dolor y el conflicto luchando tras mi interior.  Sentimientos de culpabilidad y negación.  Todo eso y más, mezclados dentro de una lóbrega pesadilla.  Eso causo, que estallara e irrumpiera en vociferantes llantos de lamento, a media madrugada. Me levanté y comencé a rasguñar las paredes. Pataleaba, gimiendo con intenso dolor. Me estremecía, sufriendo dentro de aquella pesadilla, que no hacía nada más que mostrar mi realidad.  Marcus se sobresaltó, percibiendo mis sollozos. Se levantó de su cama, y se asomó por el orificio. Mientras trataba de divisarme, absortamente, con intención de entender lo que ocurría, de entender mi insodable sufrimiento; su ojo verde oscuro, se engulló, logrando que a consecuencia de su repentino aparecimiento, me asustara frenéticamente.  —Loren, ¿ha pasado algo?— susurro Marcus, sin apartar sus ojos del orificio. No dije nada. Simplemente seguía sumisa en lloriqueos y suspiros prolongados—.¿Qué es lo que tienes?  Trate de hablar, sin embargo, titubeaba con cada palabra que salía de mi alma. Segundos después, dije algo el cual provocó que Marcus se inundara de intenso pavor.  —Asesine a Tony. Me levante y me dirigí hacia mi cama. Me recosté, sollozando, sintiéndome completamente vacía, hasta quedarme dormida. Marcus no entendía lo que ocurría conmigo.  Se estremeció con el simple hecho de tratar de comprender lo revelado. ------ —Loren, despierta— exclamó Marcus, colocando sus labios sobre el orificio de la pared.  Parpadee sosegadamente, despertándome y volviendo a la realidad.  Me levante de la cama, y tome mi cabello con ambas manos, con intención de recogérmelo. Me talle los ojos exasperada, lanzando un ruidoso bostezo al aire.  Finalmente me dirigí hacia el orificio.  —¿Me hablabas? —Si— contesto Marcus, haciendo una pausa—.¿Qué soñaste?  —¿Qué?, ¿A qué te refieres? —En la noche, ¿qué sueño tuviste? —¿Que demonios estás preguntando?..—exclame, rascando mi barbilla.  Marcus no dijo nada. Sus respiraciones eran lo único que aseguraba su presencia tras la pared.  —Olvídalo. Es solo que, no dejabas de gritar— farfulló Marcus, tragando saliva.  Me quede perpleja, tratando de recordar la razón por la cual vociferaba por la noche, sin embargo, no podía recordarlo. Ni siquiera recordaba lo que había soñado,.  Negué con la cabeza y titubeando dije:  —No lo sé. Realmente no lo recuerdo.  —Tu me.. Me hablaste. Me dijiste que habías asesinado a un tal Tony—titubeo Marcus. Percibí mi corazón detenerse. Los sentimientos de tormento y confusión me provocaron un aceleramiento y tormento dentro de mi cuerpo. Mi alma se estremeció, a lo que no pudo responder nada. Me quede inmóvil, mirando la grisácea pared. Mirando el orificio. El ojo verde de Marcus—.¡Loren!, ¿realmente no lo recuerdas? —No.  —¿Quién es Tony?— pregunto el chico.  —Haces demasiadas preguntas— conteste, colocándome de cuclillas. —Lo siento. Note rasgones en la pared, delatando los rasguños que había hecho, tras la pesadilla..                                   Realmente no podía asegurar si había asesinado a Tony; ya que no recordaba lo ocurrido en la noche de graduación.  A veces las situaciones pueden ser tan intrigantes, tan misteriosas. A veces las situaciones pueden ser tan confusas, provocando tantas preguntas, tantas hipótesis, tantas interrogantes sin respuesta alguna. A veces puedes asegurar algo, sin embargo, solamente puede ser una falsa creencia, que tu cerebro acepta, como si fuese un hecho. Mientras la realidad es que, te equivocas sobre la predicción que ratificas. Tal vez, lo que niegas con seguridad, es lo que verdaderamente es. Lo que niegas con seguridad, es lo que verdaderamente acaece, en medio de tantas preguntas, hipótesis e interrogantes. Tal vez, me encontraba negando el hecho de haber asesinado a Tony, cuando verdaderamente si lo había hecho. Tal vez no... —¿Sabes qué?, olvida lo que ocurrió anoche. Es solo que no estoy bien. —De acuerdo. Lo olvidaré—repuso Marcus. Él era un tanto extraño. Podía notar algo en sus ojos verdes. Podía percibir su sufrimiento y al mirar su intensa mirada, veía un miedo que se apoderaba de él. Sin embargo, conmigo era amable, respetuoso, misterioso. Me gustaba tener un compañero en aquel horrible lugar.—¿Cuál tarea te asignaron? —¿Qué?, ¿a qué te refieres?—pregunte extrañada.  —Me refiero a los trabajos que nos asignan a cada uno. Por ejemplo, yo estoy en el de trapear los pasillos de las celdas. ¿A ti cuál te asignaron? —Ahh, eso.. Me asignaron un trabajo en la lavandería—repuse. —créeme que no me emociona mucho.  —Lo sé. Lo que me consuela es saber que pronto me largaré de aquí— replicó Marcus esbozando una sonrisa. —Y yo me pudriré en este asqueroso lugar. —No puedes asegurar eso. —¿Lo dices en serio? Nadie me cree. Y será difícil ganar el juicio— comente, en medio del escándalo inminente del lugar—. No tengo suficientes pruebas y no puedo decir lo que realmente... Permanecí callada, sin terminar lo que diría.  —¿Lo que realmente qué?...  Comencé a trastrabillar sin saber qué decir, ya que no sabía si podía confiar en Marcus. En esos momentos no tenía a nadie; sin embargo algo dentro de mí, me obligó a expulsar las palabras de mi boca, sin pensarlo dos veces: —Lo que realmente ocurrió. Nadie lo sabe. —¿Qué?, ¿A qué te refieres Loren?, ¿aparte de asesina, mentirosa? —Yo..., es difícil de explicar.  —No. No lo es.  —De todos modos nadie lo creería. —Por lo menos inténtalo. —No. No puedo. Es que no lo entiendes..—explique, tragando mi llanto. —Ayúdame a entenderlo. ¿Realmente podía confiar en Marcus? Mientras pensaba si decirle, lo mire por el rabillo del ojo. Su apuesto y sucio rostro observándome atentamente. Sus ojos verdes resaltando bajo el resquicio, a causa de los rayos que brindaba el atardecer anaranjado que se asomaba por el ventanal. De cierta manera, él se parecía a mí querido Tony. La misma mirada, el mismo contorno de su fino rostro. Sacudí mi cabeza, pues no quise comparar a Tony con un simple ladrón. Tenía poco de conocerlo; no más que un día de saber de su existencia, sin embargo, de alguna manera, cuando hablaba con él, podía sentirme segura. Necesitaba a un amigo. Él era mi amigo. —No le conté a la policía, por miedo. Y sé que de alguna manera esto me afecta, mas no lo sé. Simplemente no quiero hablar la verdad de lo ocurrido— una pausa invadió el instante, suspire, me acerqué más a la pared que nos dividía, —.Tome alcohol, y eso provocó que me desmayara. Más tarde, desperté en la biblioteca. Alguien me llevó hacia ahí. Y luego encontré a Tony muriendo— los recuerdos y sentimientos me llegaron de un golpe; comencé sollozar, trabándome con mis palabras—. El.. Me dijo, que yo... Le clave el cuchillo en su pecho. El llanto se desató.  Marcus titubeo, sin entender.  —Pero..., ¿cómo?.. En ese momento me quede en shock, intentando encontrar las palabras correctas para responder; ­—Después vi cómo comenzó a morir, lentamente, entre gemidos y lágrimas— titubeaba, intentando que mis palabras se entendieran. Era complicado rememorar esa noche. Jamás lo había hablado con alguien. No me había podido desahogar y expresar la frívola verdad de la situación. Y por fin lo estaba haciendo. Sentía como me despojaba de una carga menos. Era una emoción agridulce. —...¿Que ocurrió después? —Encontré una misteriosa nota, donde alguien me afirmaba saber quién asesinó a Tony. Me asusté muchísimo, pues eso significa que alguien vio todo. Alguien sabe lo que realmente ocurrió esa noche. Marcus lanzó un suspiro y buscando las palabras correctas, dijo: —Tal vez, el asesino te dejo la nota. Esto es como un maldito juego.  —Eso es lo que pensé. La verdad, no estoy segura de nada.  —¿Ya no te ha mandado más notas? —No. —¿Y qué es lo que piensas hacer? —No lo sé. No sé cuál es el propósito de esto. —¿Qué hiciste con la nota? —Me deshice de ella. Siento que no es conveniente que la policía se entere de esto. Es suficiente, con el simple hecho de que me hayan encontrado a lado del c*****r, y hayan visto mis huellas en el arma..., eso ya es suficiente para hacer sospechas sobre mí— repuse,—.No tengo a nadie.. —Te equivocas. Me tienes a mí. Me apoye contra la pared, al mismo tiempo que Marcus, mientras permanecíamos inmóviles, escuchando el sonido de nuestras respiraciones.  Éramos dos chicos, con pasados un tanto misteriosos, que se habían hecho amigos. Dos chicos, que, por alguna inexplicable razón, compartían una confianza mutua. —Escucha Loren, sé que sonare dementé al decir esto, pero.. ¿no has pensado en escapar?. —Es imposible.  —Claro que no lo es, solamente tienes que ser muy astuta y lo podrás conseguir. —No..no lo sé.  ¿Escapar?. Es mi única alternativa.  La cuestión es.. ¿Cómo lograre hacerlo?. Escapar implicaba un riesgo enorme. ------- Las siguientes horas fueron un tanto inapetentes. Había llegado la hora de hacer el agobiante trabajo como lavandera. Una vieja oficial, apareció en mi celda, y me encaminó hacia una habitación, donde se encontraban la lavandería. Había una inmensa lavadora, y una secadora más costosa que mi propia vida. Cientos de uniformes naranjas sucios, se encontraban sobre canastos, esperando a ser lavados. Odiaba el simple hecho de hacer un constante patrón: Verter los apestosos uniformes naranjas sobre la lavadora, esperar unos minutos, sacarlos, verterlos en la secadora; para finalmente doblarlos y colocarlos en un canasto de plástico. Y así sucesivamente. Aproveche ese momento, para conversar conmigo misma; sumisa en mis pensamientos, Mientras me encontraba ahí, cumpliendo el hastío trabajo, trate de disfrutar el único silencio que podía recibir en el día. Cerré mis ojos, sosegada, percibiendo el agradable aroma a jabón y lavanda. Después de unos segundos, volví a mi trabajo.  —Ayudaras a ella a completar su trabajo— repiqueteo la voz grave de una oficial, entrando en la habitación donde yacía.  Traté de no voltear, mas percibí un dedo picoteando mi hombro.  Voltee. Vi a una chica de cabello oscuro y piel canela, que me miraba fijamente. —¿Qué ocurre?... —Soy Sasha. La vieja me dijo que te ayudara con esto— contesto la chica, cruzando sus brazos, lanzando suspiros interminables.  —Ah, de acuerdo— fue lo único que pude decir. No hablamos. Solamente para acordar cómo dividir el trabajo. El silencio no era incomodo, pues cada quien se encontraba absorta en sus propios pensamientos. Más tarde, logramos terminar de lavar y secar los sucios uniformes naranjas. La secadora crujió y se estremeció, mientras que Sasha dio un brinco y se colocó sobre éste. Le lance una mirada vacía, dirigiéndome hacia la puerta, donde la misma oficial de voz grave, seguía esperando a que terminásemos. —No me dijiste tú nombre— dijo Sasha antes de que me fuera.  —Soy Loren. —Encantada, Loren.  —Igual. Creo.  —¿Sabes?, pareces demasiado "niña buena", como para cometer un delito. ¿Qué fue lo que te trajo aqui?—pregunto Sasha, todavía sobre la lavadora, emitiendo un contaste ajetreo.  —No vale la pena decirlo— conteste. —Válgame, niña. Tu sí que eres aburrida—dijo Sasha, dando un brinco al suelo, merodeando por el canasto de uniformes limpios. Sasha empujo el canasto, haciendo que los uniformes se cayesen al suelo. —Ups—río Sasha. Sin decir otra palabra, se dirigió hacia la salida, desapareciendo tras pasar la puerta. Comencé a recoger el desastre que Sasha había dejado—Esto es increíble—susurré, en tono sarcástico.  Mientras recogía, divisé una nota de papel sobre el grisáceo suelo. Igual a la que había visto el día del baile, después de la muerte de Tony. Una nota que alguien había dejado anónimamente. Con los pensamientos, torturando mi ser, tomé la nota y la leí con el corazón latiéndome velozmente:                                  '¿Quieres escapar?,                                   yo puedo ayudarte.                          Lo que tienes que hacer es simple..                  Lastimarte accidentalmente. Y no hablo           de un rasguño; hablo de una herida de verdad. Una herida que te pueda llevar al hospital.  Si lo haces, fugarse del hospital será más fácil, que fugarse de la carcel. El mismo sentimiento turbio regreso, haciéndome pensar, quién había dejado la nota. ¿Cómo sabía que estaría en este lugar a esta hora?, ¿quién es el anormal sujeto que se esconde detrás de esta nota de papel?, ¿trata de ayudarme?, ¿por qué me ayudaría?.. Me aseguré de ser la única en la habitación, y me guarde la nota en uno de mis bolsillos, cavilando lo que se hallaba escrito en ella. ¿Lastimarme?.. ¿No es una especie de s******o?. Mire a todos lados, y divise un gancho metálico sobre el piso. Mi mano se estremecía, y mi cuerpo sudaba de manera exagerada.  ¿Qué es lo que debo de hacer?.. ¡Piensa!, ¡piensa!.  El miedo estrujaba mi alma. ¿Obedecía la nota?.. Definitivamente, esa era mi única salida.  Con tal brusquedad, pillé el gacho, y comencé a rasguñar mis muñecas; de tal manera que la sangre comenzó a expulsar sobre mis brazos. El dolor me abrumaba intensamente, mas no me detendría. Comencé a vociferar, lanzando gritos de dolor. La oficial corrió a donde me encontraba, tras escuchar los fuertes alaridos. —¿Qué te ocurre niña?, ¿quieres suicidarte o qué?. A causa del profundo tormento que se implantaba en mi piel, una migraña apareció provocándome un desmayo.  Desmayos, y más desmayos. 2 horas después Abrí mis ojos. La oscuridad se apiadaba de la habitación de donde me encontraba. Un olor a anestesia rondaba por el ambiente, mientras que un silencio invadía, haciendo que solamente se escuchara el constante pitido del cardiógrafo. Trate de divisar mis brazos, bajo la atenuante oscuridad, y para mi sorpresa la sangre ya no fluía de ellos. Unas se encontraban alrededor de mis brazos. El dolor había desaparecido. O al menos, el dolor físico. Me sentía un tanto extraña, pero en términos generales, estaba bien.  Había obedecido al sujeto de las notas.  Lo siguiente era... Escapar. Loren, ¿tienes las agallas suficientes como para hacerlo?.. Tuve miedo. Miedo de que la cobardía le ganara a la poca valentía que cargaba dentro de mí. Tuve miedo de rendirme. Miedo de jamás salir de aquella pesadilla. Miedo a escapar. Miedo al miedo. Vamos, tú puedes hacerlo.  
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