Percibí las sirenas de los autos de policía aproximándose a donde me encontraba. Rápidamente, me precipité lo más veloz que pude. Solo podía pensar en una cosa mientras huía bajo las estrellas, bajo el gélido aire que perturbaba el ambiente. Solo podía pensar en esconderme. En lugar de avanzar, al dar largas zancadas, parecía como si solo retrocedía. Como si solo me hallaba caminando en círculos. El sonido de las sirenas se escuchaba más férreo, con cada paso dado.
Estaban cerca.
Con respiración entrecortada, divisé un tenebroso callejón; velozmente, me dirigí ahí, con el propósito de ocultarme. Pensé que mi corazón saldría del pecho, de lo impetuoso que este latía.
Envuelta en la negrura del callejón, cerré mis ojos por unos segundos, tratando de disipar el pavor estridente que provocaba malas ideas respecto al oscuro destino que acabaría con mi vida.
Percibí crujidos chirriantes que me dejaron completamente gélida. Una enorme rata, atravesó el callejón, corriendo velozmente, haciendo que lanzará un grito. El nerviosismo acrecentaba. Cerré mis ojos. Decidí tararear una de las canciones que me cantaba mi madre cuando era una niña, sin preocupaciones. Cuando era una niña, que no estaba bajo sospecha de asesinato. El tararear aquella melódica canción, me tranquilizo un poco. Abrí mis ojos, limpiando el sudor que se hallaba sobre mi frente. Las transpiraciones disminuyeron. Minutos después, las sirenas de los autos de policía se podían percibir a larga distancia, suspire calmada, dando pequeños pasos, hacia el exterior del callejón. Sin embargo, para antes de que diera un paso más, alguien se aferró fuertemente de mis brazos; comencé a forcejear, lloriqueando. Aquella misteriosa persona, colocó una bolsa de tela sobre mi cabeza. A ciegas, intente librarme, sin embargo, por más que lo intente, me fue imposible. Me levanto sobre el aire, quejándose. Camino unos cuantos pasos, y me aventó hacia el interior de algo. El suelo era alfombrado. Detrás de mí, escuche un portazo, seguido por el crujido de un motor. Supuse que me encontraba dentro de un auto. ¿A dónde voy?
No sabía que pensar. No sabía que pétrea conmiseración palpitaba dentro de mi ser. Comencé a sentir que el aire me faltaba. Comencé a sentir que las puertas de la libertad, volvían a cerrarse, delante de mí.
Tuve un mal presentimiento.
Una pregunta atormento mi conciencia..
¿Este extraño es el asesino de Tony?..