Las clases continuaron igual, aunque mis amigas de vez en cuando le lanzaban miradas suspicaces, temiendo que cambiara de opinión. Entre eso y la sombra de Alonzo siguiéndome distantemente por todo el campus era suficiente para volverme loca. Agradecí cuando pude salir de clases antes de tiempo, estaba apunto de salir del aula, pero de nuevo las chicas me arrastraron a la cafetería para “supuestamente” hablarme de algo.
Mi paciencia comenzaba a llegar a su límite, pero me deje llevar.
—¿Qué sucede? Ya les dije que haríamos la fiesta en mi casa. No hay ninguna necesidad de me traten como un saco de papas.
—Has estado evitándonos toda la mañana, esta era la única manera de traerte sin llamar innecesariamente la atención. —comentó Nicole.
Enarque una ceja. Debía estar tomándome el pelo.
Claro, no querían llamar la atención... lo hicieron tan discretamente como un desfile de fuegos artificiales en medio de una biblioteca.
Pensé mientras detallaba a todas las personas que se detuvieron para observarnos. Habían sido tan sutiles, que solamente faltaba llegará el rector. Incluso Alonzo nos miraba desde el patio, obsequiándome una risita; mi incomodidad solamente aumentaba. ¿Esta era la misma Dominika que hace unos días estaba torturando a un traidor? Era una completa burla.
Aunque debía reconocer que por primera vez me comportaba como una joven común y corriente. Había crecido en un entorno criminal y a pesar de haber estudiado en un internado, todos mis compañeros pertenecían a un entorno similar al mío. Aún no me acostumbraba a las fiestas y socializar.
—Tenemos que ir de compras para la fiesta, debemos buscar decoraciones y nuestras ropas. —comentó Aleska luciendo emocionada.
Hice una mueca de molestia, ¿por qué me hacían perder el tiempo?
—Ahora mismo podría estar durmiendo de camino a mi casa.
Sasha me lanzó una mirada cargada de cierta burla. —Vamos Dominika, no seas tan amargada, nunca haces planes con nosotras.
Tenían un punto, la mayoría del tiempo lo pasaba ocupada en cosas de la Bratva o entrenando. Si no estuviera castigada por el Boss, probablemente iría de camino a administrar los clubes, pero ahora se ocupaba la Koroleva hasta que yo volviera de mi “exilio forzoso” o mejor “mi exilio autoimpuesto”.
—Creo que tengo una mejor opción. —dije elaborando una idea en mi cabeza. —Hay un lugar que vende diseños exclusivos, solo debo hacer una llamada para que nos reciban; y en cuanto a los adornos, mis hombres se encargarán de buscarlos, —explique rogando porque aceptarán para irme.
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Al final terminaron por aceptarlo y ahora íbamos la cinco de camino a la boutique que les comenté para buscar nuestros vestidos. Todos no cabíamos en una sola camioneta, así que solo conducía uno de mis guardaespaldas y el resto venía detrás siguiéndonos. El lugar no quedaba muy lejos de la universidad, así que en unos minutos estuvimos allí, estacionaron del auto y bajamos de una vez.
—Tus padres si que deben estar preocupados por tu seguridad.
Le di la razón a Amanda al ver que mis hombres se ubicaban alrededor de la tienda. Vi que Alonzo se acercaba a nosotras y de inmediato todo el ambiente cambio, las chicas se quedaron en silencio, impresionadas por el hombre. Rodé los ojos, no era la primera ocasión en que veía dicha reacción estando con él.
—Adelántese, yo las sigo en un momento. —apremie sonriéndoles. En cuanto desaparecieron dentro del lugar, volví mi atención a Alonzo. —¿Por qué viniste tú? —pregunte cruzándome de brazos. —Hubieses cambiado de lugar.
Alonzo se veía realmente confundido, yo me sentía igual. No entendía porqué me había sentado tan mal que mis amigas lo admirarán; objetivamente era un hombre guapo, aunque hoy parecía que realmente se había esmerado en su apariencia. Llevaba el cabello castaño recogido un una coleta baja y el traje de guardaespaldas apretaba sus músculos, resaltándolos de manera apetecible.
—Decidimos en el equipo que hoy te acompañaría a cada lugar.
—¿Acaso tienes una especie de novia o sales con alguien? —pregunté antes de poder contener mis palabras, me arrepentí de inmediato de soltarlas.
Era obvio que no podía tener ninguna pareja, estaba comprometido conmigo y eso sería considerado traición, su vida estaría en juego si alguien llegaba a enterarse, pero… ¿por qué me molestaba tanto esa posibilidad? Nuestro acuerdo era simplemente contractual y no debía importarme quién le atrajera o no, es más, había estado pensando en decirle que igualmente cada uno podía tener otras relaciones siempre que fuéramos discretos en ellos.
Pero ahora la idea provocaba que la bilis subiese por mi garganta.
—¿De dónde sacaste tal cosa? —preguntó de vuelta, se veía divertido.
—Es de mala educación responder una pregunta con otra.
Alonzo soltó una risa, provocando que mi cuerpo se estremeciera ante el sonido. Sonaba grave y masculina; “jamás me cansaré de escucharle”, pensé durante unos segundos. Tuve que obligarme a recomponerme rápidamente.
Iba a decir algo, pero Alonzo me interrumpió. —Al parecer obligarte a estar con personas que no deseas, te hace imaginar cosas que no son, tigritsa. —inquirió señalando ligeramente con su cabeza a mis amigas en la tienda.
—Definitivamente estás delirando. —negué dándome la vuelta, pero Alonzo no me lo permitió tomando mi brazo. —Suéltame. —sisee en voz baja.
—Tu carácter si que es malo, ahora veo porque tus amigas incomodas.
—Mejor cállate... porque la próxima vez que abras la boca, será para contarle a San Pedro cómo fue que llegaste tan rápido. —advertí alejándome.
Sus palabras si me habían dolido, porque era cierto que no tomaba mi amistad con las chicas muy en serio, de hecho, solo me “acerque” a ellas en primer lugar porque mi madre me obligo a hacerlo. Insistía en qué debía tener una vida más allá de los muros de la Bratva o perdería la cordura en cualquier momento. Por ello siempre las vi como un escalón más que debía pisar.
—¿Él qué sabe?
Me dije a mi misma mientras entraba a la tienda, se creía superior a mí, cuando no era más que el hijo de un doble espía. Incluso su hermano tuvo que quedarse en la Costra Nostra para que no acabarán con su familia.