Por mi estabilidad emocional decidí que lo mejor sería ignorar lo que acaba de decir, además, se me hacía tarde para entrar a clases. Sacudí la cabeza y me di la vuelta yendo directamente al edificio de la facultad, no necesitaba girarme para saber que Alonzo me seguí, escuchaba perfectamente su risa burlona, lo cual me hizo chasquear los dientes a manera de desagrado. Ese imbécil sí que sabía cómo ponerme de malas.
La facultad de Derecho era bastante grande y comprendía varias carreras, también era la zona con menos mujeres del campus, así que nos conocíamos todas. En mi carrera solo éramos cinco, fue prácticamente predecible que nos volviéramos amigas, aunque a veces me estresaban.
Como ahora, que cuatro de las estudiantes más prometedoras de balística me rodeaban nada más entrar al salón. Mis amigas me miraban como si fuese su salvación; fruncí el ceño, nada bueno saldría de esto.
—No me importan lo que hicieron, arréglenselas ustedes solas.
Tome asiento en mi puesto habitual mientras las miraba con seriedad.
—Definitivamente eres una aguafiestas. —dijo Nicole sentándose frente a mí. Era una típica chica californiana, con cabello rubio, piel bronceada, ojos azules y cuerpo atlético. —No hicimos nada.
—Nada malo. —la corrigió Aleska con una expresión burlona.
La cabeza me empezaba a dolor y ni siquiera había comenzado la clase. Mi personalidad no era precisamente radiante, de hecho, era como el cuervo de nuestro grupo, pero es que socializar no era mi fuerte.
Eso nos lleva a… ¿cómo nos hicimos amigas? Bueno, ellas simplemente me vieron un día y decidieron adoptarme; yo no tenía las fuerzas, ni las ganas de mandarlas al demonio. Y aquí estábamos, dos años después. Solté un suspiro por lo bajo y miré a Sasha con una sonrisa.
Era la más joven de nuestro grupo y sabía cómo convencerla
La pelirroja se había graduado un año antes de la preparatoria porque era una maldita genio con los números, aunque eso también la doto con una personalidad tímida e introvertida. Para ser específicos, a mí no me gustaba convivir con la gente y a Sasha le daba ansiedad social hacerlo.
—Sasha querida, ¿me dirás qué hicieron estas tres? —pregunte obsequiándole una expresión encantadora. —Tu jamás me mentirías.
Vi a mi amiga tragar saliva y a las otras tres ponerse tensas. Sonreí victoriosa al ver en lo ojos de Sasha un gesto de rendición. ¡Bingo! La tenía.
—Eres consciente de que eres increíblemente aterradora cuando te comportas así, ¿verdad? —Asentí, entre exasperada y divertida. —Bueno, la cosa es que la semana que viene hay festividades por el día de Rusia.
Asentí nuevamente, sin comprender del todo a dónde quería llevar.
—Por supuesto, pero… ¿eso qué tiene que ver conmigo?
—Estamos organizando una fiesta para ese día, invitamos a todos los departamentos de la facultad, despareciste la última semana y no lo viste.
Me relaje automáticamente, eso no era tan grave y siempre podían contar conmigo para una buena fiesta. Habían exagerado totalmente.
—Eso es genial, cuenten conmigo, solo díganme lugar y hora.
—Espera, aún no has oído la peor parte…
Enarque una ceja en dirección a Amanda, la última de mi grupo de amigas era una inglesa de cabello castaño y ojos verdes, según tenía entendido su familia había emigrado de Suramérica hace varios años. Por eso su apariencia exótica y fresca, en comparación con la frialdad de las demás, pero eso no engañaba a nadie, su mente funcionaba tan fría y calculadora como la de cualquier mujer en la mafia. La respetaba por ello.
—¿Qué sucede? Hablen de una vez que el profesor no tarda en llegar. —demande poniéndome sería. —Si no me dicen, imaginare cualquier cosa.
Las cuatro apartaron la mirada, luciendo visiblemente incomodas.
—¡Organizamos la fiesta en tu departamento! —gritó Nicole.
Su grito llamó la atención del resto de nuestros compañeros, todos hombres, quienes nos miraron como si fuésemos unas locas. Cubrí mi rostro con mi cabello plateado, algo avergonzada por la indeseada atención. Se supone que debía pasar desapercibida mientras estaba aquí.
Mi mente quedó en blanco durante varios segundos, ¿qué carajos?
—¡¿Que ustedes qué?! —pregunte indignada. —¿Cómo se les ocurrió hacer tal cosa? —Estaba enojada, pero no pude continuar ya que en ese momento el profesor entró y todo quedo en silencio. —Ya hablamos.
La clase duró al menos una hora y media, estaba tan concentrada que pronto olvide lo que sucedía; incluso las chicas parecían más relajadas. El temario de hoy era la clase de balística, tuve que prestar bastante atención, ya que era la materia que más me costaba. Agradecí cuando sonó el timbre.
—Bueno chicos, eso será todo por hoy, nos vemos en la próxima clase. Recuerden pasar por el temario de las presentaciones. —indicó el profesor terminando con las diapositivas de la clase y marchándose.
Estaba a punto de salir, pero entonces recordé que debía hablar con las muchachas. Empecé a buscarla, mirando de un lado al otro, pero no las veía. Por fin di con ellas, estaban por salir del aula. Me moví rápidamente y las alcance, pasando mi brazo por los hombros de Nicole, quien se tensó de inmediato y me sonrió con fingida inocencia; no le creí ni un poquito.
—Ahora si me van a explicar, ¿por qué organizaron una fiesta en “mi” casa, sin “mi” permiso? —pregunte remarcando la palabra “mi” con enojo.
—De verdad perdónanos. —se disculpó Aleska de inmediato. —No creímos que te le molestara, pero es que tu casa es enorme y caben todos los invitados. —explicó mirándome arrepentida. —Si quieres cancelamos.
—Aún estamos a tiempo de cambiar el lugar o cancelar la fiesta, hicimos mal en organizarla sin tu permiso. —continuó Nicole un poco triste.
Me sentí algo culpable por haber actuado tan agresiva con ellas. Mantuvimos unos segundos en silencio, ellas esperaban mi respuesta y yo pensaba en cómo dárselas. Al final tome una decisión que nos beneficiaria a todos.
—De acuerdo, pueden hacer la fiesta en mi departamento.
—¿De verdad? —preguntó Sasha emocionada. Asentí sonriendo.
—¡Te amamos! —gritaron las cuatro al mismo tiempo viéndose encima de mí. —Eres un amor, aunque siempre tengas una cara horrible.