Capítulo 5: Coincidencias.

1270 Words
Entré a clases luego de varios días agitado por lo sucedido, todo el mundo se despedía de Rusty de alguna manera. No me enorgullecía haber sido su amigo en algún momento, pero he recibido más que otro pésame por él. Me sentía fatal por todo lo que estaba pasando, por las posibles acusaciones a mi profesor y por no encontrar la respuesta definitiva del asunto. Me senté al lado de mi compañera de banco Stella, ella no parecía estar contenta. Estaba muy callada y distante, cómo sí le hubiesen hecho algo. Un profesor entró tanteando al salón, se detuvo frente a nosotros y sonrió amablemente. —Buenos días, soy Brad, su nuevo profesor —era el reemplazo del profesor Grant—, como sabrán, todo este asunto es muy complicado. Tratemos de ser lo más pacientes posibles. —Oye... —me acerqué a Stella—. ¿Sucedió algo? Ella me miró de reojo. —No debería estar hablando contigo. Se rumorea que fuiste tú quién mató a Rusty. Me quedé boquiabierto cuando escuché eso. —Señorita Daniels, ¿usted tiene algo para agregar? —dijo el profesor Brad. Ella dijo que no con la cabeza—. Perfecto, porque la clase de hoy es muy importante y no me gustaría que estuviera desconcentrada. Ella se alejó un poco más de mí y yo me mantuve firme mirando la clase. Apenas podía concentrarme, todo en mi mente me daba vueltas. Cuando la clase terminó salí apresurado hacia el patio de la escuela. No habían miradas que bastaran que pudieran visualizarme todo el tiempo. Estaba claro, los rumores eran ciertos. Se sospechaba de mí, quizás porque no estuve tan presente en la escena del crimen. O quién sabe. Había otra cosa en mi contra. Me senté en la banca alejada al patio de comidas de la escuela, donde usualmente me sentaba con Rusty a almorzar. Nick apareció de repente y se sentó al lado mío. —Zaid, necesito que me digas algo —sacó un cigarro de su bolsillo y lo prendió—. ¿Escuchaste los malditos rumores? Le dije que sí con la cabeza. —La gente harta con esas mentiras, deberían ser un pecado decirlas —comenté, abriendo mi lonchera para sacar un sándwich. Le ofrecí uno a Nick pero dijo que no. No estaba comiendo absolutamente nada. Era algo propio de él. —Me gustaría fugarme, ¿sabes? —dijo de repente—. No lo sé. Lejos de aquí. —¿Quieres huir de los problemas? ¿Para qué? —Para que nuestro padre deje de golpearnos —respondió—. Espero que pienses fugarte conmigo... ¿O tienes en mente quedarte con esa niña que conociste hace unos días? Me parece sospechosa ella. No confíes en las mujeres. No dije nada, seguí comiendo mi almuerzo. Nick apagó su cigarro cuando vio a unos directivos cerca. —Alyssa es nueva en la ciudad, ni la conoces —objeté. —Tú tampoco, por algo se empieza. Lo miré con el ceño fruncido. —¿Qué carajos insinúas? —le pregunté. —Qué quizás esté mintiendo en todo lo que dice. No creía que Alyssa mintiera. —No te creo, ¿sabes? —respondí algo enojado, cerrando mi lonchera dispuesto a irme. Nick me detuvo tomándome del brazo. —Yo creo que deberías tener cuidado, ¿entiendes? Por una vez en la vida, olvida lo adicto que soy. Estoy sobrio ahora, no puedo consumir nada más que esta porquería —señaló su cigarro—. Pero estoy cien por ciento seguro que ella está mintiendo. Me levanté de todas formas y me fui con el sándwich a mano. Busqué mi salón para la próxima clase. Estaba el pasillo casi vacío, sin nadie más. Caminé lento mientras que comía el último bocado, cuando de repente una mano me tiró hacía la sala de música y nos encerró a ambos. Era Julio, el amigo de Rusty. O enemigo. No lo sabía ya. —Así que se rumorea que mataste a Rusty y que te haces el inocente, ¿no? —No sé de que hablas... Me empujo hacia la puerta y me acorraló. —No te hagas el pobrecito, confiesa ya. ¿Lo mataste? Lo empujé y lo alejé de mí. —Por supuesto que no, idiota —respondí—. No hablaba con Rusty hace casi 6 meses. —Entonces explícame por qué todo el mundo te señala. No lo sabía, no sabía el por qué. —Por qué quizás la gente está muy aburrida acusando gente. Julio me abofeteó fuerte. —Mentiroso. Sí llego a descubrir que lo mataste, serás hombre muerto, ¿oíste? Nuevamente me golpeó, esta vez más fuerte, como un puñetazo, y en la cara. Caí rendido al piso Él salió sin decir nada y me dejó encerrado ahí. Me toqué la nariz, sangraba demasiado, y me dolía también. Me levanté y fui caminando hacia las ventanas que daban a la calle. Las abrí y me fuge de la escuela. Sin embargo, con mi rostro golpeado, era más fácil saber que me había involucrado en una pelea. Fui directo a mi casa, metiéndome por el cobertizo que une a la cocina. Dejé mi mochila tirada en el suelo y vi que mi padre estaba durmiendo borracho en el sillón. Había bebido más de cinco latas, y consumido sus pastillas para dormir. Mi teléfono sonó de repente. —¿Hola? —dije en voz baja. —Zaid, soy Alyssa —ella parecía estar agitada—. ¿Podemos vernos? ¿O estás en la escuela? Miré a mi padre de nuevo. Seguía dormido. —Estoy en casa, me escapé —le dije. Ella seguía agitada. —Necesito que vengas al puente Madison, sí puedes ven en bicicleta. Encontré algo que te hará caer de espaldas. Apresúrate. Colgó e inmediatamente fui a limpiarme la sangre. Luego salí al patio y tomé mi bicicleta. Recorrí todo el camino hasta el puente Madison, la salida de Génova. Vi la bicicleta de Alyssa tirada a un costado. —¡Zaid! ¡Por aquí! Me apresuré y crucé el puente, luego me bajé de la bici para treparme a un pequeño muro y bajar hacía el río Madison. Vi a Alyssa algo entusiasmada, e igualmente agitada como en la llamada. Tenía unos papeles amarillos entre sus dedos. Me pregunté mil veces que eran esos. —Mira lo que encontré —me los señaló, eran unos papeles antiguos de la familia Harrison—. No me preguntes cómo. Los tomé y los miré. Estaban en italiano. Inentendible. —No entiendo lo que dice. —Yo sí entendí lo que dije, estudié italiano —se acercó a mí y sentí algo de calor cuando su cuerpo se pegó al mío—. Dice: Mi querido Murphy, soy papá. Sé que no fui un padre perfecto, pero quiero recompensarte con algo más grande. Te dejaré la herencia del legado Harrison, eso quiere decir que te quedarás con toda la fortuna. Pero necesitas terminar con esta maldición. Debes adoptar a un niño y apellidarlo como Harrison. Él debe sobrevivir luego del 4 Agosto, por ende, necesitarás matar a alguien para esa fecha que no sea tu niño. Dime, ¿puedes hacerlo? Sé que puedes hijo. Te quiere, papá. Nos miramos confundidos. —No puedo creerlo. Entonces fue Grant... —O pudo haber sido otra persona quizás —objetó ella. Tenía razón. —No entiendo por qué Rusty y no otra persona. Ninguno de los dos entendíamos el por qué. Era lo que queríamos resolver. Eran tantas las coincidencias que necesitamos saber lo que había sucedido.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD