Penélope camina, pero está temblado cómo una hoja, solo puede pensar: —¡Joder! Me follé a un socio de la empresa. Pero se veía tan guapo, tan varonil, y esa boca. ¡Maldición esa boca! ¿Qué voy a hacer? —¡Penélope, Penélope!—dice Roberto. —¿Qué pasa padre? —Te estaba diciendo que: Si comíamos juntos. ¿Te encuentras bien? Estás pálida. —Si estoy bien padre, si comamos juntos, solo termino de acomodar un par de cosas, y vamos. —Ok no tardes. Penélope mira para ver si está Alexander, pero no lo ve, y lo agradece, porque su sola presencia la inquieta demasiado. Va al baño a refrescarse, pues está transpirando horrible. Camina casi corriendo. Llega y cierra la puerta, se mira al espejo, y está pálida, se lava su cara para calmarse, pero no lo consigue, camina de un lado a otro, tocándose

