Alexander se sube en su el auto, y no puede evitar pensar en aquella mujer con la que se acaba de topar, su actitud le molesto, pero a la vez fue refrescante, ya que nadie se atreve a hablarle, de esa manera.
—¡Señor, Señor!—dice Víctor.
—¿Qué pasó Víctor?
—Solo ¿Quiero saber?: Si nos vamos directamente al hotel o ¿Quiere ir a cenar algo?
—No, vamos al hotel.
—Lo veo distraído señor, ¿Se encuentra bien?
—Si solo estoy un poco agotado.
Un par de minutos más llegan al hotel. Alexander al bajar se acomoda su traje, entra al hotel, y al entrar, un par de señoritas le sonríen y puede escuchar que una de ella dice: «Pero que hombre tan guapo», está para comérselo.
Alexander disimula una sonrisa, en estos momentos no tiene ganas de estar con alguien, está demasiado cansado, y aunque trata de negarlo, estar en California, lo aflige demasiado.
Camina imponente, hacia la recepción. Al llegar dice su nombre, y la recepcionista se sorprende, ya que ella pensaba que: El hombre que había reservado la suite principal por una semana, sería un hombre mayor, y no puede evitar notar lo guapo que es.
—¡Buenas noches, señor! Bienvenido. Espero que su estancia sea placentera—le da la llave, Alexander camina hacia el elevador y Víctor con él.
Entran, y llegan a la suite que está en el último piso, es: hermosa, elegante y muy sofisticada, tal y como a él le gustan las cosas.
Víctor deja las maletas, antes de que deje solo a Alexander, él le dice:
—Víctor, tienes una semana para conseguirme una casa, quiero una cerca de «Roberto Villalobos».
—Si señor, ¿Quiere algo más?
—No, ve a descansar mañana nos vemos.
—Descanse señor— Víctor sale dejando, solo a Alexander. Él camina hasta la ventana, suspira y dice:
—Por fin me vengaré de ese «hijo de puta».
Se queda un par de minutos observando, y decide hablarle a Benjamín. Toma su teléfono, y de inmediato Benjamín le toma la llamada
—Benjamín te quiero mañana a primera hora, en California.
—¡Buena noche, Alexander!, «Tan amable cómo siempre», y temo decirte, que llegaré hasta el lunes, estoy de viaje con mi prometida, porque a alguien se le ocurrió, que nos iríamos a vivir a Estados Unidos.
Alexander odiaba escuchar una negativa, pero Benjamín es su mano derecha en los negocios, y lo más parecido a un amigo. Alexander antes de contestar suspira….
—Está bien, pero te quiero a primera hora el lunes.
—«¡Si su general!» Si no deseas algo más me iré con mi hermosa prometida.
Alexander no lograba entender, porque Benjamín sé quiere casar, él era un hombre bastante mujeriego, pero un día conoció a Alicia, y cambio, para Alexander la idea de estar casado, es algo inimaginable, el compartir la vida con al alguien le parecía una tontería.
Llega a la cantina, y se sirve un whisky, se sienta en el sofá y se afloja su corbata y se desabrocha un par de botones de su camisa, se toma lentamente su whisky, y se vuelve a imaginar a aquella chica, se imagina besando cada centímetro de su cuerpo, y haciéndola suya, hasta que ambos estén agotados, en seguida su m*****o, responde a sus lujuriosos pensamientos.
—¡Pero qué diablos me pasa! Lo más seguro es jamás vuelva a ver a esa insolente mujer. Es mejor que trate de dormir, pues mañana tengo una junta de negocios.
Alexander aparte de querer destruir a Roberto, va a hacer diferentes negocios en California.
Camina hasta su recámara, y se mete directamente al baño, para bajarse la tremenda erección que tiene.
Se baña, al salir se siente bastante relajado, y se mete a la cama esperando dormir, pero no lo consigue. Solo duerme un par de horas. Se levanta de mal humor, y decide correr, para sacar su enojo corriendo. Se pone su chándal, y baja.
—¡Buenos días, Señor!—dice la recepcionista.
Alexander la voltea a ver, hace cara de fastidio, pues la recepcionista tiene cara de borrego enamorado. No le dice nada y sale del hotel
Camina un rato, después trota, y al final corre más de más 2 horas. Cuándo termina se siente relajado, camina hasta llegar al hotel, enseguida sube a su suite se baña, se pone un traje gris Oxford, baja a desayunar al restaurante del hotel, no tarda ni 20 minutos en desayunar, ve la hora y son 8:20 a.m. Llama a Víctor para que lo recoja y lo lleve a su cita de negocios, con el señor «Marco Linares» un hotelero, que quiere vender una de sus cadenas de hoteles.
Víctor le avisa que ya está esperándolo, y Alexander se levanta rápidamente, pues prefiere llegar temprano a su cita, que tarde. Alexander cómo un buen empresario, odia la impuntualidad.
Se monta en su carro sin saludar a Víctor. Para Víctor eso era normal, pues conocía bastante bien a Alexander, sabía que así era su manera de ser y la respetaba, pues ese hombre le salvó la vida a su hija y por eso le estaría eternamente agradecido.
—¡Buen día, señor!, ¿A dónde vamos?
—Te acabo de enviar la dirección.
—Ok señor.
Víctor sin más se dirige a la dirección que le mando su jefe.
Alexander va pensativo en la parte de atrás, observando la ciudad dónde vivo sus primeros años, pasan por una cafetería dónde su madre y él solían comer helado, ese recuerdo, hace que le dé un escalofrío, que le recorre todo el cuerpo.
Aunque lo quiera negar el recuerdo de su madre es lo que más le duele, pues para él; ella era: El ser más maravilloso que exista, siempre estaba sonriente, era amable, comprensiva, y muy amorosa. Verla morir a manos de su padre fue por mucho la cosa más horrible que Alexander ha sufrido.
Llegan a la oficina del señor Linares, y Alexander está muy nostálgico, odia sentirse así, más bien odia cualquier sentimiento que lo desestabilice. Es por eso que ha jurado nunca enamorarse.
Sale del carro, respira profundamente hasta llenar de aire sus pulmones. Para olvidar ese sentimiento absurdo. Se acomoda el traje, y entra.
Él sabe que siempre que entra a un lugar lo voltean a ver, y está no es la excepción, todos lo voltean a ver: hombres y mujeres.
Una señorita alta rubia, con buen cuerpo se acerca, y lo saluda:
—¡Buen día, Señor Blair! Mi padre lo está esperando, por favor sígame.
Suben a un elevador, y Alexander se coloca en la parte trasera del elevador para ver a la hija del señor Linares, y piensa:
—Es muy guapa, ¡¿Será buena en la cama?! Se ve bastante recatada. Y no creo que sea buena idea follarme a la hija del señor con el que haré negocios, bueno, pero después de cerrar el negocio, quizás la pueda invitar a tomar algo.
El elevador se detiene, y la hermosa rubia dice:
—Por aquí señor Blair.
Llegan a una oficina de cristal, que tiene el nombre de «Marco Linares», con letras bastante grandes, en la puerta.
—¡Qué mal gusto!—Piensa Alexander.
Entran y enseguida el señor Linares, se levanta, y le da la mano a Alexander.
—Tome asiento señor Blair.
—Hija por favor traemos un par de cafés o ¿Prefiere algo diferente señor Blair?
—El café está bien.
La joven sale, dejándolos solos.
—Pensé que sería más viejo señor Blair.
—Lo mimo digo señor Linares.
—Me cae bien señor Blair, al igual que usted, yo también inicie muy joven en el mundo de los negocios. Pero he decido vender una cadena de mis hoteles, porque mi mujer siempre me dice: Que nada más me la paso trabajando, y que ya no le dedico tiempo, y que sigo así me va a abandonar. Y eso no jamás lo permitiré.
—Y a mí que me importa toda esa mierda—piensa Alexander. —Me imagino señor, es por eso que yo soy la solución a sus problemas. Pero antes me gustaría ver los estados financieros del último año.
—Por supuesto amigo—, toma el intercomunicador y le pide a su secretaria:
—Adelita por favor ¿Me puedes trae los estados financieros del último año de la cadena «El dorado».
—Claro señor.
—Y Dígame: Estimado señor Blair, ¿Qué le parece California? Es hermosa, ¿Verdad?
—Si señor es muy hermosa, pero me quedaré solamente una temporada, tengo una par de negocios más qué atender y me iré de nuevo a Londres.
—O ya veo, pero yo creo que se enamora de sus mujeres, y no querrá regresar.
—Lo dudo mucho señor.
—¡Nunca diga nunca! Mi estimado.
En eso llega Adela con los estados financieros.
—Por favor dáselos al señor.
Alexander los empieza a hojear, y ve que todo está en orden, y que la cadena a dejando muy buenas utilidades.
—Por lo que veo todo parece en orden, pero… Necesito que me envíe todo, a este correo… Para verificar que todo sea fidedigno.
—Pero por supuesto, no esperaba otra respuesta de usted. Adelita por favor haz lo que te pide el señor.
—Bueno señor, cuándo me informen que todo está en orden, cerraremos el negocio.
—Claro señor. Pero por favor quédese un poco más, lo invito a almorzar.
—Me encantaría señor Linares, pero tengo varias citas, y no puedo cancelar.
—No se preocupe entiendo, pero en la noche lo invito a la inauguración de un centro nocturno, es el nuevo negocio de mi mujer, y sirve que la conoce.
—No sé si pueda.
—No acepto un ¡NO! Por respuesta, si no me temo que debo buscar a otra persona para venderle.
—No señor ahí estaré, solo mándame la ubicación y la hora. Si me permite tengo que irme.
—Si mi estimado se la mando en un momento, fue un placer conocerlo.
—Lo mismo digo.
Se estrechan las manos, en señal de despedida. Alexander sale, se sube a su auto, y enseguida le llega un mensaje del señor Linares, con la hora y dirección, y hace cara de fastidio.
—¡Joder! Lo que hay que hacer, para cerrar un maldito negocio. Pero quiero esa cadena de hoteles, y la tendré.
Enseguida Víctor arranca, y van a una agencia muy reconocida de bienes raíces, ya que quiere comprar un terreno. Pues Alexander quiere construir un nuevo corporativo, y California es él estando más próspero de Estados Unidos, para hacerlo.
Mientras que llegan habla a Benjamín
—¿Recibiste un correo? Con los estados financieros de la cadena «él dorando»
—Si Alexander, los estoy revisando, y, pero al parecer todo es verídico, pero dame una hora para checar todo.
—Está bien, estaré esperando tu llamada.
—Si, ¡Buena tarde!
Alexander le cuelga, aproximadamente 10 minutos después llegan, a la oficina de bienes raíces dónde le mostrarán los terrenos disponibles.
Alexander entra y es atendido por una mujer, bastante atractiva de unos 40 años, está le enseña todos los terrenos disponibles que tienes. Alexander escoge dos. A lo que la señorita dice:
—Buena elección, señor. ¿Quiere ir a verlos?
—En este momento no tengo tiempo, pero si quiere mañana agendamos una cita.
—Claro señor.
Aquella mujer se le acerca de manera provocativa, colocando su ejercitado trasero en las yemas de los dedos de Alexander, el cómo buen cazador, lo roza pues sabe que es una invitación para tener sexo.
Y sin más aquella mujer se sube en Alexander, lo empieza a besar, y a mover sus caderas para excitarlo, de manera inmediata ella siente que su m*****o está duro, y suelta una sonrisa victoriosa.
Alexander la levanta, y la sube en su escritorio, los dos se devoran, para ahogar la pasión del momento. La experta mujer la baja la bragueta de su pantalón, y saca su bien dotado m*****o, y lo masajea de arriba abajo, está acción hace que: Alexander suelte un gemido. Sin más rompe sus pequeñísimas bragas, y se hunde en ella, de manera salvaje y voraz. Ella suelta gemidos de placer; y Alexander le tapa su boca con su mano, pues no quiere ser descubierto, y terminar a medias.
Pero la mujer lo muerde, y le empieza a lamer un dedo.
—¡¡Eres una traviesa!!
Alexander se separa de ella, la baja, la voltea, la coloca en 4, y la embiste de manera salvaje, dándole un par de nalgadas, haciendo que su trasero rebote.
—Eso es por traviesa.
Sigue fallándosela de manera salvaje, un par de minutos más hasta que ambos, llegan aún exquisito orgasmo.
Alexander sale de ella de manera abrupta, y de inmediato se mete al baño, se arregla, y sale presentable cómo siempre.
Aquella mujer se sigue recuperando del glorioso orgasmo que Alexander le proporciono.
—«Señorita Roldán» fue un verdadero placer hacer negocios con usted. Nos vemos mañana— Y sale, dándole una sonrisa encantadora a la señorita Roldán.
Las chicas de los cubículos lo ven, y pues más de una escucho lo que pasó en la oficina de su jefa, pero no la juzgan, porque ellas harán lo mismo.
Llega hasta la salida, y Víctor le abre la puerta.
—Señor, ¿A dónde nos dirigimos?
—Al hotel Víctor.
Llegan al hotel, y toda la tarde Alexander se la pasa trabajando. Lo distrae una llama, es el señor «Linares»
Alexander suspira, pero contesta pues quiere esa cadena de hoteles
—¡Buena noche, señor Linares!
—Mi estimado señor Blair, lo estamos esperando.
—Voy saliendo señor, tuve unos pendientes, llegó en 10 minutos.
—Lo estaremos esperando—, y cuelga.
—¡Joder! No quiero ir.
Alexander odia los lugares con mucha gente, por eso evita ir a ese tipo de lugar. Se levanta del escritorio, de mala gana, se baña, y abre closet, y por suerte de ama de llaves le empacó ropa informal.
Se pone unos jeans negros, una camisa deportiva blanca, y una cazadora negra, y un par de botas negras. Se acomoda un poco el cabello, y sale, decide ir solo ya que únicamente irá por un par de minutos. Hace acto de presencia y se va.
Llega al estacionamiento, y se monta en su carro deportivo n***o, y maneja rápido, y no tarda en llegar ni 15 minutos. Ve el sitio y es un centro nocturno exclusivo, hay demasiadas personas haciendo fila. Decide hablarle al señor Linares, ya que por nada del mundo haría fila.
—Señor Linares, estoy afuera, pero hay demasiadas personas en la entrada.
—Enseguida voy por usted.
Tres minutos después el mismo señor «Marco Linares», sale por él.
—Amigo que bueno que vino.
—Le dije que vendría, ya aquí estoy.
Entran al centro nocturno, y está a reventar. Alexander se siente realmente incómodo, pero trata de disimular lo más que puede. Caminan hasta la parte de arriba, y llegan al balcón, la parte privada del centro nocturno. Desde ahí se puede observar todo el lugar, es un lugar muy grande cómo para una 300 personas, muy moderno, y un poco vulgar a los ojos de Alexander.
—Le presento a mi esposa señor Blair.
Alexander al ver a la esposa del señor Linares, comprende el estilo del centro nocturno. La esposa del señor Linares es:Una mujer alta, morena, con una cabellera afro, muy hermosa, de más de 30 años.
—Mucho gusto señor Blair—, lo abraza. Y Alexander enseguida sé incómoda.
—Perdón señor, es que estoy muy contenta, pues mi «gordito», tendrá más tiempo para mí. Y eso se lo debo a usted.
—No hay nada que agradecer, es un buen negocio—dice en tono seco.
—Gusta… ¿Algo de tomar?
—Un coñac, está bien.
—Pero tome asiento señor.
Los tres se sientan. Y empiezan a hablar. En realidad lo único que quiere Alexander es irse lo más rápido de es lugar.
—Perdone a mi esposa, es una mujer muy impulsiva, y muy cariñosa, es por eso que la amo tanto. ¿Usted amigo se ha enamorado?
—No, y en realidad no creo que eso pase señor, no creo en esas «cosas»
—Como le dije mi estimado ¡Nunca! Es una palabra que no debería existir.
Alexander se ríe pues la verdad, él no cree en el amor. Siguen hablando, cuando de pronto alguien llama su atención. Ve entrar a la chica de con la que se topó, va de la mano de un chico rubio bastante guapo. Alexander al verla siente una corriente, que inevitablemente hace que su hombría se agite, pero siente se siente molesto, al verla con ese tipo. Él nunca había sentido ese tipo de malestar por alguien.
Penélope va con un vestido de cuero n***o, pegado a su cuerpo, el vestido, está debajo de su trasero, ve maquillada sutilmente, y con tacones rojos, se ve muy hermosa y sensual.
Por alguna razón Alexander la sigue con la mirada, y ella no se percata de se presencia, ve que se sientan en una mesa, y piden algo de tomar.
—¡¿Será su novio?! Pues desde que entraron no la ha soltado. ¡Ay Alexander es mejor que te olvides de esa chica!
Pero no la deja de mirar, cómo buen cazador que es, ve que pidieron una botella de vodka, y que Penélope se lo está tomando cómo agua, eso le molesta mucho a Alexander, pues el hecho que no se cuide le molesta.
—Cómo es posible que su novio, la deje beber de esa manera.
Se levantan a bailar, y ve cómo Penélope mueve sus caderas de manera sensual, y su hermoso trasero, desde dónde Alexander está, luce espectacular.
De repente ve que su novio besa a un hombre, y Alexander piensa:
—¡¿Tendrán una relación abierta?!
Pero ve que su supuesto novio se va dejando a Penélope sola, y Alexander se levanta, y baja, y camina hacia ella.
—A que se la folle otro, prefiero ser yo mil veces, así me quitaré la curiosidad de saber cómo sabe.
Se acerca a ella, la toma por la cintura, y ella voltea, y le regala una sonrisa encantadora, a Alexander por primera vez en su vida le da gusto que le sonrían.